Portada ARCANO TRECE. CUENTOS CRUELES

Pilar Pedraza

Valdemar, 2000

¿Por qué leer este libro?

 

arcano trece

Pilar Pedraza es, creo el único ejemplar de feminismo sadista de que disponemos en España, una autora  muy poco conocida a pesar de poseer un estilo sutilísimo y perturbador, o quizá por eso, nunca se sabe.

No hay nada que sobre en esta colección de relatos, ni un término que sirva de relleno o de redundancia de manera que su lectura va inoculándose, o instilándose como un tósigo lentamente, casi sin que se note, para sumirnos en un mundo en el que nada sobrevive sin dolor, o sin pesar, o sin ambos: ¿Melancolía de la crueldad? Seguramente. Y también de la Muerte, cosa que ya indica su título: El arcano XIII del Tarot es la Muerte.

Esas veladas y no tan veladas referencias a Bataille, quizá a Las lágrimas de Eros, a la tortura placentera e inevitable que recuerdan a la británica Angela Carter en su El doctor Hoffmann y las infernales máquinas del deseo, o a Los pájaros de Camilla Paglia, novela que fue llevada al cine por Hitchcock en una versión que no llegó a plasmar el trasfondo sexual del terror y que tal vez por eso a mí no me satisfizo del todo.

No voy a enumerar aquí el listado de obras de Pedraza, ni su lugar de nacimiento ni su expediente académico hasta llegar al doctorado en Historia, curiosidades fácilmente salvables, pero sí citaré su traducción de Hypnerotomachia Poliphili que ella retitula como El sueño de Polífilo, bellísimo y misterioso texto de culto que ya nos hace entrever su peculiar y exquisito gusto literario, siendo asimismo Pedraza escritora de culto de la que citaré también su ensayo Máquinas de amar. El secreto del cuerpo artificial (Valdemar, 1998) título también inquietante (y recomendable) que se referirá a esas mujeres artificiales, autómatas, etc. partiendo del mito de Pigmalión.

Para terminar diré que esta noche pasada me dormí pensando en cómo escribir esta crítica que no es crítica sino impresión y soñé uno de los relatos de Arcano trece: Artículos de piel. Lo soñé literalmente, lo único diferente fue que en vez de ella era yo, o yo era ella, quién sabe, los sueños cabalgan desatados por nuestras sinapsis.

Me desperté bañado en sudor.

Pero ya estaba muerto.

foto

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