UN RELATO

¿Quién puede conocer el futuro? Parece ser que nadie, afortunadamente, sin embargo se puede prever en cierta forma heurística. Decía Chomsky (¿pero quién lee a Chomsky) que el Poder, así, con mayúscula conoce al menos hace cincuenta años nuestro comportamiento ante cierto número de hechos, provocados o no, con una enorme aproximación: así nos va. ¿Pesimista? Claro. No tengo tanta información, y por eso soy pesimista, quizá, si la tuviera, podría ver algún fallo en las previsiones que el Poder maneja para convertir esto en una granja definitiva; también sabría que no hay nada que no falle tarde o temprano, lo malo es ¿cuándo?
Y así vivimos en la incertidumbre, en la falsa esperanza (todas las esperanzas son falsas: sólo los hechos funcionan para bien o para mal) de que el mundo cambie, de que podamos vivir sin que nos dañen y sin dañar. Falso, digo: nos dañarán y dañaremos creyendo que evitaremos nuestro daño.
Una persona está siempre sola al fin, y en consecuencia piensa que su destino es único.
Quizá no sea cierto.
Éste es un cortísimo relato de muerte individual si se piensa en los destinos únicos, pero la muerte nos rodea a todos, incluso a los que dicen poseer el futuro.

LOS PÁJAROS

“¿Qué será de mí?” escribió sobre el papel. Escribió, dejó caer la pluma en la mesa; se levantó; miró por la ventana: vio la ventana de enfrente del edificio de enfrente despintado del mismo color que su edificio.
Vio a Su Muerte en la ventana de enfrente.
Vio a Su Muerte mirándole; su muerte le miraba con un desdén lejano: huyó de la ventana. Se sentó; tomó la pluma; escribió: “¿Qué será de mí? Bloqueó mayúsculas; escribió: ¿QUÉ SERÁ DE MÍ?
Miró atentamente la pluma: la respuesta estaba escondida en ella. ¿Por qué no se la daba?
Pinchó con ella su mano: respuesta azul.
Azul…, pero sólo un momento. Todo se apagó, como el mar en la noche tempestuosa; sus pupilas se dilataron buscando luz, un faro en los placeles tenebrosos, una nota armónica que le mantuviera en equilibrio en un mundo sin márgenes.
Tenuemente amanecía en sus ojos cansados de asombro, un amanecer velado por calimas desgarradas, y en uno de los desgarros, la ventana, y en la ventana, Su Muerte, que estaba pero no estaba, y su pregunta al papel quedaba lejos, como anticuada. ¿Anticuada?
Temblaba, irreflexivo temblaba; querían sus dientes escaparse de los alvéolos y se golpeaban entre ellos. Decidió quedarse quieto. Quieto, no moverse, no respirar. Respirar le asustaba. Veía a su muerte jugar con sus recuerdos esparcidos por sobre la cama; tocaba Su Muerte un recuerdo y éste le dolía en la boca, en el pecho, en el estómago… Dependía del recuerdo, por lo visto. Y aunque había decidido no moverse estaba mordiéndose el canto de la mano izquierda, quizá para sujetarse los dientes que se iban; la sangre manaba dulcemente como de un hontanar: Su sabor.
Los recuerdos de Su Muerte jugando a los recuerdos le traían palabras a la pluma; escribió: “Oh sí, yo era un lobo que me comía a mí mismo, yo era un niño que devoraba lobos que me comían”.
Miraba el papel, la tinta, los insectos de tinta, pero no entendía lo que escribía. “Recordar es no saber”, pensaba. Y escribió. RECORDAR ES NO SABER. Iba haciendo frases: ya tenía tres. Prisioneras. Ya tenía tres. Y se levantó otra vez.
Y miró por la ventana. Y no estaba allí: su muerte no estaba allí, se iba, se había ido. Se llevaba al lobo. Escribió: “Soy la sombra de lo que soy”; y continuó: “mis llagas son reales, pero no siento mis llagas”. Tachó, y escribió: “Siento mis llagas, pero no recuerdo cómo me las he hecho”. Se levantó; fue al lavabo; se mojó la cara, el pelo, el cuello. Un dolor punzante entre su pecho y su cuello: no se movió. Pensó: “Soy una escolanía que canta la tristeza de ser niño: quisiera morir.” pensó, pero trastabilló hasta la mesa y escribió: ¡La vida, la vida!
El dolor como hielo, volvió; candente le atravesó el pecho: un mar aceitoso y tibio: el sueño del dolor le mecía en ese mar suavemente. Su muerte estaba allí, entre las dulces olas; le miraba, le estaba amando. Le dijo: ¡Tu vida, tu vida!
Despertó un momento como si durmiera de una vigilia; añadió la séptima frase: “Nunca hice lo que quise”. Tachó; escribió: “Nunca quise lo que hice”.
Tachó; escribió:
“Los pájaros…”

UN POEMA

Es un poema que todos mis amigos conocen porque muchas veladas lo leo hacia la sexta botella (compartida, no vayas a pensar…). Lo escribió Guillermo, IX duque de Aquitania, de estupenda vida si es que la vida pueda serlo: es decir, guerrero, mujeriego, poeta y gran bebedor, pero también muy belicoso con la Iglesia y sus estúpidas costumbres.
He aquí el texto en la traducción debida a Luis Alberto de Cuenca:

Haré un poema, pues tengo sueño,
Y camino, y me paro al sol.
Damas hay con malos propósitos,
Y sé decir cuáles:
Las que desprecian el amor de caballero.

No peca mortalmente la dama
Que ama a caballero fiel;
Pero si ama a monje o a clérigo
Sinrazón hace:
Por derecho se la debería quemar
Con un tizón.

Por Alvernia, más allá del Lemosin,
Iba yo solo, con esclavina,
Cuando topé con la mujer de Garín
Y con la de Bernardo.
Llanamente me saludaron en el nombre de San Leonardo.

La una me dijo en su latín:
“¡Dios os salve, don peregrino!
De muy buen sitio parecéis,
En mi opinión;
Pero vemos ir por el mundo
A demasiados insensatos.”

Ahora oiréis lo que respondí;
No le dije ni oste ni moste,
Ni menté hierro ni madera,
Sino tan sólo:
“Babariol, babariol,
Babarián.”

“Hermana”, dijo Inés a Ermesinda,
“Hemos encontrado lo que buscábamos”.
“Hermana, por amor de Dios, alberguémosle,
Que es cabalmente mudo,
Y a través de él nunca se sabrá
Nuestro propósito.”

Me tomó la una bajo su manto
Y me llevó a su cuarto, junto a la lumbre;
Sabed que me encontré en la gloria,
Y el fuego era bueno,
Y con gusto me calenté
Al amor de los gruesos leños.

Me dieron de comer capones:
Sabed que obtuve más de dos;
Y allí no había ni cocinero ni marmitón,
Sino sólo nosotros tres;
Y el pan era blanco, y el vino era bueno,
Y la pimienta, abundante.

“Hermana, por si este hombre está fingiendo
Y no habla por causa nuestra,
Traigamos a nuestro gato bermejo
Al instante,
Que a buen seguro le hará hablar,
Si en algo nos está mintiendo.”

Inés fue en busca del odioso:
Era grande y tenía largos bigotes.
Y yo, cuando lo vi entre nosotros,
Me espanté tanto
Que no perdí por poco el valor
Y el coraje.

Cuando hubimos bebido y comido,
Me desnudé a su voluntad;
Me pusieron detrás al gato
Malvado y desleal,
Y una de ellas me lo extendió desde el costado
Hasta los talones.

La otra, al punto, le tiró al gato
De la cola, y él arañó;
Me hicieron más de cien heridas
Aquella vez,
Pero yo no me habría movido
Aunque me hubieran matado.

“Hermana”, dijo Inés a Ermesinda,
“Está muy claro que éste es mudo.”
“Hermana, preparémonos para el deleite
Y para el goce.”
Ocho días, y aun más, estuve
En aquel horno.

Las follé tanto como vais a oír:
Ciento ochenta y ocho veces,
Que rompí por poco mi equipo
Y mi arnés
Y no os puedo decir la enfermedad
Tan grande que cogí.

Monet, por la mañana irás de mi parte,
Con este poema en el zurrón,
Derecho a la mujer de Marín
Y a la de Bernardo,
Y les dirás que, por mi amor,
Maten al gato.

Leo en uno de mis blogs preferidos (Desde un faro) que si no tienes uno (un blog, no un faro) no eres nadie, no existes, vamos, así que me pongo a ello, porque si a estas alturas sesentonas todavía no existo, lo tengo claro con lo que me queda. Y como me he pasado los años discutiendo (de deporte no, gracias) he pensado que podría seguir haciéndolo desde aquí. También leí y escuché toda la música que pude, y por supuesto, he bebido hectolitros incluso con enemigos y he vivido hasta ahora como me ha dado la gana, que no es poco.

Como hoy es sábado y mañana domingo (primera feira -más sensato- para los portugueses) no veo mejor tema que la(s) religión(es), ¿que por qué los paréntesis? bueno, hay muchas, algunas hasta divertidas como los “Cultos de carga” que aparecieron en el Pacífico después de la 2ª Guerra Mundial, otras bastante inocuas, otras menos…, pero las tres que nos rodean (a nosotros) son lo mejor: Tres religiones con tres dioses (uno triple), todos verdaderos y excluyentes entre sí.

Ne gusta hablar de religión y lo haré, aunque no demasiado: hay personas más doctas que yo a las que recomendaré para no abundar sobre el asunto, pero hoy quiero poner aquí un ejemplo de “lógica religiosa”, fantástico (como no podía ser menos), y es éste:

En la época de nuestros antepasados un hombre nació de una madre virgen sin que estuviese involucrado ningún padre biológico.
El mismo hombre sin padre llamó a un amigo llamado Lázaro que había estado muerto lo suficiente para heder, y éste prontamente regresó a la vida.
El mismo hombre sin padre volvió a vivir después de haber estado muerto y enterrado durante tres días.
Cuarenta días después, el hombre sin padre subió al tope de una colina y desapareció corpóreamente hacia el cielo.
Si usted murmura sus pensamientos privadamente en el interior de su cabeza, el hombre sin padre, y su “padre” (quien es él mismo), escuchará sus pensamientos y podría actuar sobre ellos. Él es simultáneamente capaz de escuchar los pensamientos de cada persona que habita en el mundo.
Si usted hace algo malo o algo bueno, el mismo hombre sin padre lo ve todo, aun si nadie más lo ve. Usted puede ser recompensado o castigado según lo que haga, también después de la muerte.
La madre virgen del hombre sin padre nunca murió, sino que “ascendió” corpóreamente al cielo.
El pan y el vino, si son bendecidos por un sacerdote (que debe tener testículos), se convierten en el cuerpo y la sangre del hombre sin padre.
¿No es estupendo? Y se puede ampliar leyendo “¿Por qué creemos en cosas raras?”, de Michael Shermer (ISBN: 97884-84284222).

Pero es que además resulta que este hombre sin padre que resultó ser Dios por razones tan claras como unas profecías de un Libro Sagrado que afirmaban la divinidad de un hijo de la Casa de David por vía paterna (como todo en las tres religiones) no parecieron fijarse que en el último momento abandonó la estirpe de David para adoptar la estirpe de una paloma espiritual e innominada, con lo cual Dios es y no es hijo de Dios al mismo tiempo.
De verdad, es muy divertido todo esto, lo que pasa es que la gente tiende a tomarse estas cosas en serio y, sin embargo, tienen claro que Superman es un dibujo de un superhéroe con las bragas por fuera de los pantalones: a nadir se le ocurre ir a misa de Superman que nunca hizo daño a nadie, el pobre, en cambio al otro…, ya veis.

… Los obispos, rabinos y maestros de la fe musulmana están de acuerdo en una cosa: a la mujer, a palos: si no ha hecho nada ahora, lo hará luego más tarde o lo habrá hecho antes en secreto.

Casi nadie lee la Biblia. Gran error, y si no leed esta simpática historia del Libro de Jueces: acojona ( a ellos, no); leed el verbo ‘conocer’ naturalmente en sentido bíblico.

JUECES

Jueces 19:15 ^

Y apartáronse del camino para entrar á tener allí la noche en Gabaa; y entrando, sentáronse en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa para pasar la noche.

Jueces 19:16 ^

Y he aquí un hombre viejo, que á la tarde venía del campo de trabajar; el cual era del monte de Ephraim, y moraba como peregrino en Gabaa, pero los moradores de aquel lugar eran hijos de Benjamín.

Jueces 19:17 ^

Y alzando el viejo los ojos, vió á aquel viajante en la plaza de la ciudad, y díjole: ¿A dónde vas, y de dónde vienes?

Jueces 19:18 ^

Y él respondió: Pasamos de Beth-lehem de Judá á los lados del monte de Ephraim, de donde yo soy; y partí hasta Beth-lehem de Judá; y voy á la casa de Jehová, y no hay quien me reciba en casa,

Jueces 19:19 ^

Aunque nosotros tenemos paja y de comer para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo; de nada tenemos falta.

Jueces 19:20 ^

Y el hombre viejo dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda sea solamente á mi cargo, con tal que no tengas la noche en la plaza.

Jueces 19:21 ^

Y metiéndolos en su casa, dió de comer á sus asnos; y ellos se lavaron los pies, y comieron y bebieron.

Jueces 19:22 ^

Y cuando estaban gozosos, he aquí, que los hombres de aquella ciudad, hombres hijos de Belial, cercan la casa, y batían las puertas, diciendo al hombre viejo dueño de la casa: Saca fuera el hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.

Jueces 19:23 ^

Y saliendo á ellos aquel varón, amo de la casa, díjoles: No, hermanos míos, ruégoos que no cometáis este mal, pues que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad.

Jueces 19:24 ^

He aquí mi hija virgen, y la concubina de él: yo os las sacaré ahora; humilladlas, y haced con ellas como os pareciere, y no hagáis á este hombre cosa tan infame.

Jueces 19:25 ^

Mas aquellos hombres no le quisieron oir; por lo que tomando aquel hombre su concubina, sacósela fuera: y ellos la conocieron, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y dejáronla cuando apuntaba el alba.

Jueces 19:26 ^

Y ya que amanecía, la mujer vino, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fué de día.

Jueces 19:27 ^

Y levantándose de mañana su señor, abrió las puertas de la casa, y salió para ir su camino, y he aquí, la mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.

Jueces 19:28 ^

Y él le dijo: Levántate, y vámonos. Mas ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, levantóse y fuése á su lugar.

Jueces 19:29 ^

Y en llegando á su casa, toma un cuchillo, y echa mano de su concubina, y despedázala con sus huesos en doce partes, y enviólas por todos los términos de Israel.

Nada más por hoy. Me voy a misa a una taberna de Fornelos (O rosal, por si alguien quiere acompañarme).
Por cierto, si alguno(a) pretende que yo tenga el más mínimo respeto por la religión, va aviado.