UN POEMA

Es un poema que todos mis amigos conocen porque muchas veladas lo leo hacia la sexta botella (compartida, no vayas a pensar…). Lo escribió Guillermo, IX duque de Aquitania, de estupenda vida si es que la vida pueda serlo: es decir, guerrero, mujeriego, poeta y gran bebedor, pero también muy belicoso con la Iglesia y sus estúpidas costumbres.
He aquí el texto en la traducción debida a Luis Alberto de Cuenca:

Haré un poema, pues tengo sueño,
Y camino, y me paro al sol.
Damas hay con malos propósitos,
Y sé decir cuáles:
Las que desprecian el amor de caballero.

No peca mortalmente la dama
Que ama a caballero fiel;
Pero si ama a monje o a clérigo
Sinrazón hace:
Por derecho se la debería quemar
Con un tizón.

Por Alvernia, más allá del Lemosin,
Iba yo solo, con esclavina,
Cuando topé con la mujer de Garín
Y con la de Bernardo.
Llanamente me saludaron en el nombre de San Leonardo.

La una me dijo en su latín:
“¡Dios os salve, don peregrino!
De muy buen sitio parecéis,
En mi opinión;
Pero vemos ir por el mundo
A demasiados insensatos.”

Ahora oiréis lo que respondí;
No le dije ni oste ni moste,
Ni menté hierro ni madera,
Sino tan sólo:
“Babariol, babariol,
Babarián.”

“Hermana”, dijo Inés a Ermesinda,
“Hemos encontrado lo que buscábamos”.
“Hermana, por amor de Dios, alberguémosle,
Que es cabalmente mudo,
Y a través de él nunca se sabrá
Nuestro propósito.”

Me tomó la una bajo su manto
Y me llevó a su cuarto, junto a la lumbre;
Sabed que me encontré en la gloria,
Y el fuego era bueno,
Y con gusto me calenté
Al amor de los gruesos leños.

Me dieron de comer capones:
Sabed que obtuve más de dos;
Y allí no había ni cocinero ni marmitón,
Sino sólo nosotros tres;
Y el pan era blanco, y el vino era bueno,
Y la pimienta, abundante.

“Hermana, por si este hombre está fingiendo
Y no habla por causa nuestra,
Traigamos a nuestro gato bermejo
Al instante,
Que a buen seguro le hará hablar,
Si en algo nos está mintiendo.”

Inés fue en busca del odioso:
Era grande y tenía largos bigotes.
Y yo, cuando lo vi entre nosotros,
Me espanté tanto
Que no perdí por poco el valor
Y el coraje.

Cuando hubimos bebido y comido,
Me desnudé a su voluntad;
Me pusieron detrás al gato
Malvado y desleal,
Y una de ellas me lo extendió desde el costado
Hasta los talones.

La otra, al punto, le tiró al gato
De la cola, y él arañó;
Me hicieron más de cien heridas
Aquella vez,
Pero yo no me habría movido
Aunque me hubieran matado.

“Hermana”, dijo Inés a Ermesinda,
“Está muy claro que éste es mudo.”
“Hermana, preparémonos para el deleite
Y para el goce.”
Ocho días, y aun más, estuve
En aquel horno.

Las follé tanto como vais a oír:
Ciento ochenta y ocho veces,
Que rompí por poco mi equipo
Y mi arnés
Y no os puedo decir la enfermedad
Tan grande que cogí.

Monet, por la mañana irás de mi parte,
Con este poema en el zurrón,
Derecho a la mujer de Marín
Y a la de Bernardo,
Y les dirás que, por mi amor,
Maten al gato.

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3 pensamientos en “UN POEMA

  1. Yo compartí algunas botellas oyéndote una noche de verano en El Rosal y mejor que el vino, tu versión dramatizada y ese vozarrón. Qué noches más largas. Buenos recuerdos.

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