RYUNOSUKE AKUTAGAWA

Por una serie de circunstancias que forzosamente me veo impelido a ocultar aquí, volví –después de tantos años- a encontrarme con esta frase inolvidable: “Una vaga inquietud”.
La imagen de Ryunosuke Akutagawa (1892 – 1927) en el momento de trasegar la dosis de veronal que le llevaría a la muerte plasma irónicamente la decadencia del mundo feudal japonés de que tanto escribiera: en aquel mundo nadie hubiera pensado en suicidarse de aquella forma tan deshonrosa, pero es que Akutagawa también pasó la vida decayendo desde que en 1902 muriera su madre -aquejada de algún tipo de psicosis- y fuera adoptado por su tío y atormentado por la esposa de éste, de manera que la psicosis de su madre pasó a formar parte de su vida en forma de angustia (“Rashômon”, “La muerte del poeta”, “Basho”…) sarcasmo, crueldad y suicidio (“Kappa”); no le impide esta decadencia vital ser el más grande de su época, llamada en Japón Taisho, fiel y apasionado lector de Charles Baudelaire e introductor de éste en su país…, pero me estoy dispersando.
Una vaga inquietud es la frase que dejó Akutagawa antes de morir (“Bonyaritoshita fuan”) , y estoy utilizando la traducción que encontré en su día y no la que no recuerdo quién propone actualmente: “Sombrío desasosiego”, la cual me parece, desde mi absoluto desconocimiento del japonés, excesivamente melodramática y menos digna de inducir al suicidio, también es la frase que me llevó a la primera lectura de este autor que fue –como cabía esperar- la publicada por Borges y Bioy en el segundo volumen de “Los mejores cuentos policiales” (Madrid, 1972) con el título de “En el bosque”, y a la segunda: “Kappa” (Buenos Aires, 1977), la estupenda nouvelle sobre la historia del Enfermo Nº 23 y el texto que me hizo seguidor militante en aquellos años de mi juventud, pero el primero, “En el bosque”, lotró que prescindiera de toda la novela policial que había leído hasta entonces; más tarde (años más tarde) fui capaz de matizar algunas circunstancias y excepciones, porque jamás había leído una estructura narrativa tan sencilla, lógica, apasionante y sorprendente: siete versiones sobre una misma muerte, todas ciertas y falsas al mismo tiempo, ¿se puede ofrecer algo mejor a un joven de 22 años recién cumplidos?.
Ved, si no, la escueta descripción que da la madre de su hija, tan lejos de las exhaustivas descripciones de la novela europea de principios del s. XX: “¿Mi hija? Se llama Masago. Tiene diecinueve años. Es una muchacha valiente, tan intrépida como un hombre. No conoció a otro hombre que a Takehiro. Tiene un cutis moreno y un lunar cerca del ángulo externo del ojo izquierdo. Su rostro es pequeño y ovalado”. Resulta enternecedora de tan precisa con sólo dos extremos subjetivos en toda la descripción, pero si con ella no he logrado captar vuestra atención sobre Akutagawa, incluiré ésta, de la confesión de Tajumaru: “¿Qué? Matar a un hombre no es una cosa tan importante como ustedes creen. El rapto de una mujer implica necesariamente la muerte de su compañero. Yo solamente mato mediante el sable que llevo en mi cintura, mientras que vosotros [la Justicia, el Estado] matáis por medio del poder, del dinero, y hasta de una palabra aparentemente benévola. Cuando matáis vosotros, la sangre no corre, la víctima continua viviendo. ¡Pero no la habéis matado menos! Desde el punto de vista de la gravedad de la falta, me pregunto quién es más criminal (sonrisa irónica)”. Para estos años de mi vida, yo ya era un ácrata convencido: esta frase hundió más mi piolet en la roca.
¿Qué pensaría cada uno de los declarantes cuando declaraba? ¿Qué, los que se confesaron culpables?
¿Estáis ahora intrigados? Si es así daos prisa en saltar sobre sus títulos, sobre todo sobre “Kappa”. Nada he dicho sobre este texto, y no de manera casual: deseo que lo toméis como la sorpresa que para mí fue hace ya tantos años.

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2 pensamientos en “RYUNOSUKE AKUTAGAWA

  1. Me topé con la frase “una vaga inquietud” y la sentí en el.cuerpo. No, sentí que hablaba sobre mi cuerpo. O mejor sentí como puede una pluma matarnos o como podemos ocultar lo que nos mató. Ironizar nuestra caída. Matandonos lo que a otros roza a.penas. Y que todas las versiones sean ciertas/falsas o complementarias. Y que esta frase nos despida así… del dolor.

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