EL RINCÓN DE LA POLÍTICA

UN PANFLETO

Vaya por delante decir que aborrezco la llamada “poesía social”, que ni me parece poesía, ni me parece social, pero me encantan los panfletos, sobre todo si están bien escritos, y éste es uno de esos. Claro, que lo escribió Shelley en un arrebato de justificada sed de justicia; claro que va dirigido a los hombres de Inglaterra, no a los de España, que es un país de siervos desde que la plebe gritó “¡Vivan las caenas”! y acogió con las piernas abiertas a aquel borbón infame (¿hay alguno que no lo sea?) que llamándose Fernando le llamaron Deseado.
Y hasta hoy.
Otro borbón infame (¿hay alguno que no lo sea?) sigue siendo rey (¡Rey!) de este país lamentable lleno de siervos, y –bajo su manto podrido de dinero, muertes altamente sospechosas, putas y pantanos de alcohol gratis- medran una cuadra de cretinos contando sus dinerillos y creyendo que son importantes siendo como son siervos también, pero más de casa, no de los algodonales o de la miseria intelectual.
Y por encima de todos ellos, el Poder, los amos, los bwanas de verdad, ocultos en las brumas oscuras de los bastidores y en el temor homicida de que alguien les desplace.
Ya no me fijo en las cosas de los políticos, ni las de la plebe futbolera y analfabeta funcional, ni las de esa gente del buen rollito con las manitas abiertas y alzadas gimoteando por una democracia real y no violenta; esas manitas que aplauden a los perros de la pasma cuando están inactivos y se escandalizan cuando reciben un empujoncito con la porrita, como si los perros no se tirarán a sus yugulares cuando les llegue la orden, como si la esencia del poder no fuera el homicidio (cosas del pasado…).
Como casi nadie lee nada, excepto toneladas de las memeces de novela histórica, no saben que Zeus tenía dos perros flanqueando su trono: uno se llamaba Terror y el otro Violencia, según Hesíodo, y ésa es realmente la esencia del poder; el mismo poder está inflamado de miedo, y como un cáncer lo extiende y lo fomenta.
En fin, como digo, me gustan los panfletos (leed: “Un esfuerzo más, franceses, antes de llamaros revolucionarios”, del divino marqués), y por eso adjunto aquí este añoso y actualísimo texto: nada varía en el mundo, sino el aumento de la estupidez de los humanos.

¿POR QUÉ TRABAJAR?

¿Por qué trabajar, oh hijos de Inglaterra,
para los dueños que os oprimen?
¿Por qué tejer con esfuerzo y preocupación
los suntuosos mantos que llevan los tiranos?
¿Por qué pensar así, de la cuna a la tumba,
para vestir, alimentar y salvar
a esos zánganos ingratos que quisieran
beber vuestro sudor —e incluso vuestra sangre—?

El grano que sembráis y el oro que descubrís
se lo guarda otro.
Otro es quien llevará
el arma que forjáis y el vestido que tejéis.
¡Sembrad grano —y buscad oro— que no sea
para el tirano, para el impostor!
¡Tejed, pero no para el ocioso!
¡Forjad esas armas, pero para vuestra defensa!

Shelley: “Canto a los hombres de Inglaterra”

Alguien me dirá: “¿Y a ti qué se te ocurre para arreglar esto, listillo?” A mí no se me viene otra cosa que contestar: “Toda mi vida me he dedicado a vender copas: cuanto más borrachos, más bebían; de lo demás, no sé nada”.

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