RIPIOS

                                                                            Dedicado al señor Mazoski

Vaya por delante que me encantan los ripios, unos más que otros, claro; disfruto como una vaca aquí en el norte cuando leo cualquier colección de poemas, cualquier obra de teatro en verso y, de repente, me encuentro con un  ripio clamoroso que me hace temblar de placer, estremecerme de ansiedad mientras lo trago y memorizo. ¿Que no lo habéis probado nunca? Hoy es un buen día para introducirse en este mundo fascinante, por ejemplo y para abrir boca hay un tema que sorprendentemente se repite mucho: el sol. Bartolomé Mitre tiene uno estupendo:

Detente, oh sol, y mira este caído:

Fue un guerrero de nombre esclarecido

que en holocausto tuyo se ofreció…

O esta maravilla de Ángel Saavedra que como fue duque podía permitirse esto y más:

Infeliz Badajoz:… Oh sol, detente.

Niega hoy tu luz al turbio Guadiana.

Y en nubes de oro y grana

Quédate reclinado en el Oriente.

Y cuando digo más, lo digo en serio, y si no detente y lee, oh lector:

Y arden en ira y en atroz venganza,

Y vestidos los bélicos arneses

De los portugaleses

Cébanse sin piedad en la matanza…

Otro del sol y abandono el sistema solar, éste de Espronceda, y es que los románticos, tan dados a elevados arrebatos adoran estas cosas:

Para y óyeme ¡oh Sol! yo te saludo

y estático ante ti me atrevo a hablarte…

De todas formas, el duque de antes, Saavedra es generoso en estas cosas:

A los ojos de Muza codiciosos

patente haciendo en perspectiva extraña,

¡oh gran portento! cuanto encierra y cría

la goda miseranda monarquía.

Pero en realidad no es de estos ripios de lo que quiero hablar ahora sino de los ripios que nosotros mismos vamos haciendo a lo largo de la vida, bien por no atrevernos a hacer las cosas que queremos, bien por hacerlas mal y tarde; lo primero nos hace vivir en un ensueño de vaguedades y mentiras asumidas que nos impide mostrarnos como realmente seríamos si no fuéramos tan cobardes. Esos son los ripios con que intentamos ocultarnos de los demás pero que chirrían de tal forma que nadie nos cree o que causan risa. ¿Ejemplos?

“Una cosa es ser solidario y otra es serlo a cambio de nada” 

Que farfulló ese tipo, Rajoy, allá, en pleno verano, claro que si me meto en este campo ya no salgo nunca y no doy fin a lo que tengo entre teclas, así que vamos a dejarlo, que están las hemerotecas a rebosar para el estudioso lector. ¿Qué les pasa a estos tipos, mentirosos compulsivos, para ser tan capullos? Pues que son aburridos.

Son aburridos, setas, ostras, adobes: Lo más arriesgado que han hecho fue comprar porno entre ocho o nueve revistas de opinión.

Otros en cambio, los que pertenecerían a la segunda opción, los que llegan tarde a todas partes componen sus ripios en la vejez, siendo estos a veces miserables y tenebrosos, por ejemplo, los  después de no haberse permitido una aventura, un amor siquiera fugaz, algunas calaveradas ni meteduras de pata asumidas; los que jamás han matado un pollo ni han roto un jarrón pretenden hacer todo eso cuando sus días los son ya para el recuerdo de otros días y el reposo de lo hecho. Pero como ni tienen recuerdos ni han hecho nada excepto fastidiar a los demás en caso de haber podido, hacen el ridículo a última hora con toda clase de memeces que se les ocurre. Y eso, a los que tarde se les ocurre algo, porque hay otros -muchos- que ni eso: apagan sus días en el más triste aburrimiento, sin nada que contar a sus jóvenes. Ven la tele, mejor: rumian pacientemente la tele mientras van acabando sus días.

No digo esto para faltarle a nadie ni nada de eso, ¡qué coño! Lo digo porque a veces me da hasta vergüenza haberlo pasado tan bien -y tan mal-, haber ligado con salero, tenido amigos y amigas, viajado sin dinero, conocido tipos extraños, y a veces, muy extraños; haberme cabreado a fondo, peleado en peleas algunas ganadas y muchas perdidas, pero peleas. Vivido lo más posible, y eso sin necesidad de grandes cantidades de dinero.

La verdad: Lo he pasado -y lo paso- de putamadre.

Esto me trae al recuerdo el único ripio (poético) inteligente que he escuchado en mi vida; nos lo decía allá por nuestra juventud Daniel Sojo, padre del dedicatario de esta bagatela. Decía el Cojo (que lo era y siempre con una gran sonrisa que le iluminaba la cara):

“Divertíos, hijos, pasadlo bien, no vayáis a ser como Juanito La Rumba, que del coño de su madre se fue a la tumba”.


			

La primera novela de Musil

La mañana de temporal ha dejado paso a una tarde tempestuosa: viento del sur de unos cuarenta y pico nudos, lluvia horizontal y todas estas cosas tan agradables de ver. Yo disfruto mucho estas tempestades desde los grandes ventanales de mi belvedere orientado a la desembocadura del Miño, sobre todo en estos días en que comienzan los primeros avisos de otoño pero todavía en el verano, de manera que todo, los árboles y viñedos, mi túnel de glicina brillan en sus distintos verdes bajo la lluvia; el río, abajo velado por lo glauco del temporal, el rugido del viento y el mar…
Sin embargo, una inquietud, no tan definitiva como la de Ryunosuke Akutagawa (bonyaritoshita fuan, una vaga inquietud fue la suya) no me deja tranquilo.
Releo a Musil, Robert en una traducción gallega de su primera novela, “Die Verwirrungen des Zöglings Törleß” , “A confusión do interno Törless” debida a Rocío Montero Fornos, una memorable traducción desde mi humilde punto de vista que editó Ir-Indo en 1997. Del libro sólo apunté (he terminado su lectura poco antes del almuerzo: las cosas de no poder salir en la bici) una frase en mi libreta, ésta:
“Porque a primeira paixón dun ser adulto non é amar a alguén, senon odiar a todos” (p.40).
¿Será cierto? Musil no bromea, su “Der Mann ohne Eigenschaften”, “El hombre sin atributos” (Seix Barral, 1968 en 3 vols. y 2007 en 2 vols.) así lo confirma, jamás usa un término alegremente y siempre dice lo que quiere decir, así que estoy confuso, y cuanto más reflexiono sobre estas palabras, más confuso estoy.
Recuerdo o, mejor, intento recordar mis días de joven estudiante de bachiller, allá en el hermoso valle de Baztan, los días en que empezaba a descubrirme a mí mismo y a los demás que no eran ni padres ni hermanos ni parientes sino desconocidos que a veces se me parecían pero que casi siempre me parecían ajenos, lejanos e incluso agresivos o molestos y, sí, lo recuerdo así como lo acabo de escribir y eso, claro, aun me inquieta más porque si mis recuerdos son veraces, Musil -como otras veces- tiene razón y quizás el odio conforme más la personalidad del joven consciente que el amor, tal vez porque el amor es tormentoso cuanto más amor es y, en cambio, el odio es razonable, frío y seco: más intelectual.
Robert Musil no suele adornar sus razonamientos, no le parece adecuado, pero sí utiliza magistralmente una soterrada ironía, como la que aparece en su gran novela “El hombre sin atributos” ya citada, en la que por cierto se describe una situación europea muy parecida desde mi punto de vista a la que vivimos hoy, un ambiente de preguerra del que nadie parece querer ser consciente, siempre acribillados por una propaganda de corte fastuoso dentro de un mundo-burbuja y feliz que vive ajeno a las desgracias que causa y a la miseria a que somete a ese otro mundo extraño, exterior y agresivo.
Exactamente las sensaciones que recuerdo de ésa mi primera juventud.
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SOBRE UNA NOVELA DE FERDINAND CÉLINE

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

Acabo de terminar una nueva relectura del Viaje al fin de la noche, de Ferdinand Céline (Edhasa, 1994). Céline (1894 – 1961) arrasó en los años que siguieron a 1932 con esta novela de novísimo estilo, desenfadado, deshinibido y procaz lenguaje que relata dentro de su trama peripecias reales de su vida, no demasiado afortunada a partir de su grave herida de guerra a los 18 años que le dejaría lesiones internas y externas de por vida.
Después de la 2ª guerra fue declarado colaboracionista, arrestado, encarcelado y condenado más tarde in absentia, siendo declarado ‘desgracia nacional’ en Francia. Todo por haber escrito tres panfletos pacifistas en los que también dejaba ver un antisemitismo relevante.
En realidad, todo Francia excepto los cuatro de siempre fue antisemita y colaboracionista y, seguramente, por eso, por vergüenza y por el peso de todos los pecados franceses le consideraron el saco de los golpes (l’arrache-coeur que tan bien describe Boris Vian en su novela del mismo título, en castellano, El arrancacorazones, en Bruguera, 1981 y Tusquets, 1991). En 1951 consideraron que ya nadie se acordaba de nada, Vichy nunca existió, las persecuciones de la Gendarmerie francaise contra los judíos nunca existieron y los nazis tampoco, así que amnistiaron a Céline y todos contentos. A él, Céline, todo esto se la sudaba -como gustaba decir- y siguió a lo suyo, escribiendo y ejerciendo de médico para los más desfavorecidos hasta que un aneurisma se lo llevó a la tumba.
Para algunos grupos, sigue siendo un personaje malvado; a mí me da lo mismo, yo leo con gusto sus libros y es de lo que escribo ahora: de libros, las mierdas de la posguerra y toda la hipocresía que pueblan nuestro mundo, como a Céline, me la trae floja.
Traigo aquí algunas citas que he ido apuntando durante esta última lectura, advirtiendo antes que no siguen orden correlativo, simplemente, porque de vez en cuando me gusta ser desordenado.
* Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón.
* – ¡Nos queda el amor, Bardamu!
– Arthur, el amor es el infinito puesto al alcance de los caniches, y yo tengo dignidad, le respondí.
* Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se tira por todos lados panza arriba en busca de caricias. Ése es nuestro señor. ¡Abracémonos!
 
* A los veinte años ya sólo tenía pasado.
* Mientras no mate, el militar es como un niño. Resulta fácil divertirlo. Como no está acostumbrado a pensar, en cuanto le hablas se ve obligado para intentar comprenderte, a hacer esfuerzos extenuantes.
 
Y nada más, que cada cual, si le interesa, puede buscar y encontrar muy fácilmente datos sobre la vida y milagros de Céline, Ferdinand y sobre sus demás obras. Como siempre, recomendar este libro sobre la guerra y -más- sobre las miserias humanas que realmente son infinitas.200px-L.-F._Céline_c_Meurisse_1932