SOBRE UNA NOVELA DE FERDINAND CÉLINE

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

Acabo de terminar una nueva relectura del Viaje al fin de la noche, de Ferdinand Céline (Edhasa, 1994). Céline (1894 – 1961) arrasó en los años que siguieron a 1932 con esta novela de novísimo estilo, desenfadado, deshinibido y procaz lenguaje que relata dentro de su trama peripecias reales de su vida, no demasiado afortunada a partir de su grave herida de guerra a los 18 años que le dejaría lesiones internas y externas de por vida.
Después de la 2ª guerra fue declarado colaboracionista, arrestado, encarcelado y condenado más tarde in absentia, siendo declarado ‘desgracia nacional’ en Francia. Todo por haber escrito tres panfletos pacifistas en los que también dejaba ver un antisemitismo relevante.
En realidad, todo Francia excepto los cuatro de siempre fue antisemita y colaboracionista y, seguramente, por eso, por vergüenza y por el peso de todos los pecados franceses le consideraron el saco de los golpes (l’arrache-coeur que tan bien describe Boris Vian en su novela del mismo título, en castellano, El arrancacorazones, en Bruguera, 1981 y Tusquets, 1991). En 1951 consideraron que ya nadie se acordaba de nada, Vichy nunca existió, las persecuciones de la Gendarmerie francaise contra los judíos nunca existieron y los nazis tampoco, así que amnistiaron a Céline y todos contentos. A él, Céline, todo esto se la sudaba -como gustaba decir- y siguió a lo suyo, escribiendo y ejerciendo de médico para los más desfavorecidos hasta que un aneurisma se lo llevó a la tumba.
Para algunos grupos, sigue siendo un personaje malvado; a mí me da lo mismo, yo leo con gusto sus libros y es de lo que escribo ahora: de libros, las mierdas de la posguerra y toda la hipocresía que pueblan nuestro mundo, como a Céline, me la trae floja.
Traigo aquí algunas citas que he ido apuntando durante esta última lectura, advirtiendo antes que no siguen orden correlativo, simplemente, porque de vez en cuando me gusta ser desordenado.
* Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón.
* – ¡Nos queda el amor, Bardamu!
– Arthur, el amor es el infinito puesto al alcance de los caniches, y yo tengo dignidad, le respondí.
* Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se tira por todos lados panza arriba en busca de caricias. Ése es nuestro señor. ¡Abracémonos!
 
* A los veinte años ya sólo tenía pasado.
* Mientras no mate, el militar es como un niño. Resulta fácil divertirlo. Como no está acostumbrado a pensar, en cuanto le hablas se ve obligado para intentar comprenderte, a hacer esfuerzos extenuantes.
 
Y nada más, que cada cual, si le interesa, puede buscar y encontrar muy fácilmente datos sobre la vida y milagros de Céline, Ferdinand y sobre sus demás obras. Como siempre, recomendar este libro sobre la guerra y -más- sobre las miserias humanas que realmente son infinitas.200px-L.-F._Céline_c_Meurisse_1932
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s