UN POQUITO DE FERNANDO VALLEJO

descarga (2)Como casi siempre que cito un texto, me vuelve a comer la curiosidad; voy al libro; a veces lo encuentro en este caos de libros que es mi casa y lo hojeo: casi siempre pico y lo releo en su totalidad, unas veces a toda pastilla -lectura diagonal- y otras como en éste y el caso anterior, “Neuromante” con detenimiento.
Me gusta mucho Fernando Vallejo, su absoluta falta de corrección política y zarandajas por el estilo y encima concuerdo con casi todas sus opiniones, cuanto más bestias, mejor, que parece hay que hablar mucho más claro para anular el ruido de fondo (ver Don DeLillo: Ruido de Fondo” (Seix Barral, 2006)) de nuestra lánguida y aquiescente sociedad, fija su ávida mirada en el último nuevo juguete electrónico o memez televisiva que le sirva para consolarse de su falta de autonomía política, del morbo depresivo que ello conlleva.
De Fernando Vallejo podemos leer La Puta de Babilonia (Seix Barral, 2006) libro que recomiendo siempre muy encarecidamente a cristianos que ya no lo son o que lo están dejando; a todo el mundo en general al que le coma la rabia de ver a la Iglesia de los católicos arrasando durante siglos a base de sangre, mentira y codicia, o también La virgen de los sicarios (Alfaguara, 2004) de la que en 1999 se hizo una película dirigida por Barbet Schroeder y que podéis ver graciosamente en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=66MS4yZsIZQ), o esta de la que escribo, El desbarrancadero (Alfaguara, 2008) que, como todas las novelas de Vallejo está escrita en primera persona ya que, como afirma él mismo, él no es Flauvert o Zola, y no tiene ni idea de lo que piensan sus personajes. Ni falta que le hace: Sus personajes van por libre y hablan por sí mismos en ese mundo terrible y violento del Medellín vallejiano y absolutamente real en que la sangre y  la corrupción hacen un fango insalvable, y todo ello visto desde una óptica de homosexualidad militante de la que Vallejo hace bandera, arma y trinchera.
Como no pretendo dar la chapa (y digo “chapa” como murga , que ya estoy mayor para ciertas cosas) nadie sino sólo agitar quizá la curiosidad lectora de mis amigos, citaré literalmente aquí un par de párrafos de ese desbarrancadero que es despeñadero en Colombia y se refiere también al lugar donde encuentran su sustento de carroña los gallinazos llamados también zopilotes en México y que es el buitre negro americano (Coragyps atratus), pero que por extensión es el mismo Medellín que Vallejo describe con minuciosidad de cirujano:
-Aníbal y Nora -les explico a ambos-, el amor de dos repartido entre tantos (perros) se vuelve muy poca cosa: a cada perro del albergue le toca muy poquito y ese poquito no le basta. La vida de un perro sin amo no tiene sentido.
-¿Y la del hombre qué? -me rebate Aníbal.
-Ah hermano -le respondo yo-, eso sí ya es otra cosa. Nosotros estamos aquí abajo para cumplir el plan creador de Dios, o en su defecto el quinquenal del Partido Comunista.
Mi tesis es que a los quinientos perros del albergue y los doscientos gatos (porque han de saber que para colmo de angustias y de males también recogen gatos), por caridad, para librarlos de su soledad y del dolor hay que matarlos. Ahora bien, si como siempre estoy en lo correcto, ¿quién los mata? ¿Aníbal? ¿Nora? ¿Yo? ¡Ni lo sueñen! Yo con gusto empalo por el culo al Papa, ¿pero tocar a un animalito de Dios? Ni a un perro malo. vaya, que también los hay, como también hay gente buena, por excepción. Para mí los perros son la luz de la vida, y a los que pregustan de capciosos a mi hermano y a Norita que por qué mejor no recogen niños abandonados yo les respondo así, con estas textuales y delicadas palabras:
-¿Cuántos han recogido ustedes, cristianos bondadosos, almitas caritativas, hijos de la gran puta? ¡Si ustedes son los que los engendran y los paren y los tiran después a la calle?
Y consecuente conmigo y mi rigor dialéctico, reparto entre los susodichos condones envenenados, y entre sus hijitos abandonados chocolatinas igual, no vayan a crecer estos hijueputicas y después nos maten. En todo niño hay en potencia un hombre, un ser malvado. El Hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Por amor a la naturaleza, por equilibrio ecológico, para salvar a los vastos mares hay que acabar con esta plaga.
Como veis, a Vallejo le sirve cualquier tema (perros aquí, monjas allá, cualquier tema) para acabar denostando de nuestra humana sociedad que suele ser suciedad.
Transcribo un parrafito más, el de las ratas, y lo dejo, que no quiero abusar. Además se acerca la hora de comer, después de pedalear por la carretera un buen rato me está pinchando la jambre (¿permitirá jambre nuestra consentidora, puta de cama vulgar y populachera academia?):
… Me iba tranquilizado al respecto al sótano, a ver en qué andaba Sam y a darles comidita a mis hermanas las ratas.
-¡Muchachitas, niñas, ya llegué! -anunciaba entrando con un platón de arroz que sostenía con ambas manos-. ¡Vengan, vengan!
De los oscuros rincones del recinto, acudiendo a mi llamado iban surgiendo. Venían de sus moradas de desdicha, las humildes alcantarillas del subsuelo adonde llega la mierda humana pero no la misericordia de Dios. ¿A qué venían? A verme,a saludarme, a quererme. Religiosamente, equitativamente, sin permitir que me armaran tumultos, guardando el orden, arrodillado en el suelo, les iba repartiendo el arroz granito por granito, que les iba dando en las bocas (y oigan que dije “bocas” y no “hocicos”), de las que iban saliendo lenguas: las lengüitas húmedas de mis comulgantes a recibir la Divina Forma. Y cierta noche en que estaba en esto, una que se distinguía por cariñosa, Maruquita, que se sube, para quedar a mi altura, a la base de hormigón armado sobre la que descansaba Sam, y se pone a lamerme la mejilla.
¡Ay Maruquita, qué loca sos! ¿No te da miedo que te infecten los humanos?
Mandé la imparcialidad al carajo y le di el doble. No pidan equidad al amor que el amor es ciego.
-Muchachitas, me voy, hasta más tarde. A las diez viene una belleza del Central Park a visitarnos. ¡Y dejen la pichadera que ya no caben y se acabó el arroz!
No sé a vosotros, a mí me parece purita mordacidaz kafkiana.