LECCIÓN BREVE DE ZOOLOGÍA: LOS PATRIOTAS

imagesHoy, queridas amigas y amigos vamos a pensar en los patriotas. ¿Raro? Pues no sé por que: estamos rodeados de ellos, nos hablan, o gritan, o insultan desde todos los medios de comunicación, nos cuentan de las bondades, alegrías y verdades de la Patria, pero también nos amenazan con los peores males y castigos si nos notan tibios, flojos inconvencidos, torvos, traidores y pecadores contra esta diosa amable vista por aquí y cruel si miras por allá.

¿Quiénes son? ¿De dónde salen? ¿Qué les preocupa o les duele? ¿Qué cosa producen sus ilustres cerebros?

Del qué son nada diremos porque ya está dicho: Patriotas.

Así, a vuelatecla, yo distingo dos clases generales de patriotas, claro que hay algunos grises en la foto pero ni me da la cabeza ni tengo paciencia  para todos ellos. El primer grupo lo constituyen los fanáticos, los extremosos, los que ya viven en la violencia o los que tienen la violencia soterrada, siempre a punto de aparecer, son peligrosos si te das de bruces con ellos y, por alguna razón arcana no les gustas nada, pero nada, entonces, sin más que tú o vosotros estás bien jodido; además, cuando te los encuentras por ahí, en plan agresivo siempre son más y, aparte de que Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos, en este caso no deseable se ha de tener en cuenta una cosa clarísima: Dios siempre está con ellos, ¡coño! si no ¿para qué lo quieren?

Esta gente fanática tienen a la patria siempre presente, a todas horas, de día y de noche; están solemnemente orgullosos de su patria que, a partir de aquí llamaremos España, para entendernos: “Yo estoy muy orgulloso de ser español”, dicen siempre que pueden, que pueden siempre, nada grave, lo malo es que pocas cosas tienen para estar orgullosos: Son, normalmente de clase baja, o esa que llamamos media pero que no llega ni al cuarto: baja con pretensiones (ahí estamos casi todos, no en vano vivimos en un país empobrecido), incluso lumpen. ¿Qué le queda al fanático aparte de la patria y la religión aquí en España: Premios Nobel hay pocos en esta tierra árida para la ciencia, cultura y demás; bueno está el fútbol y demás espectáculos de masas en los que el fanático patriota está como pez en el agua. Le dices a uno de ellos, pongamos por caso, que es mucho poner: ” Y a ti qué te parece Richard Dawkins”, y seguramente te contestará que una puta mierda porque para centrocampista, Casemiro, y los demás pueden ir a tomarporculo.

Aquí debo confesar mi ignorancia por si me he confundido: Nada sé del tal Casemiro ni de ningún otro. He copiado del Google: el fútbol me es tan arcano como las virguerías del Paráclito con sus mozas virginales, aunque he de reconocer que este último resulta más divertido.

En fin, a lo que iba: Un patriota fanático aquí en en las españas es alguien con unos ingresos no altos (máximo, funcionario clase A), o más bajos, o aún más bajos, o sin salario ni nada, que los hay, y no pocos, que sigue religiosamente el fútbol vislumbra los titulares de la prensa deportiva, papeles sagrados donde los haya y anatemiza a todo aquel que difiera de su línea de defensa, que sin problemas se convierte en línea de ataque si se dan las condiciones suficientes; su mundo ecológico es el bar, el salón-comedor-donde-ve-los-partidos-y-las-tertulias, la Puerta del Sol en noche vieja, la Plaza de Oriente cuando cae en la nostalgia, lo mismo que el Valle de los Caídos; también hay otros lugares según autonomía o nacionalidad más o menos histórica cuyo repaso haría excesivamente prolija esta reflexión: Las españas es un país (o varios) de recursos, no cabe duda, pero por encima de todos ellos está el bar, bar con tele, claro, para ver los partidos, las carreras, las olimpíadas (las llaman así, qué le voy a hacer), las tertulias y demás mensajerías culturales. Allá, en esos benditos lugares, entre cañas, vinos, calamares refritos, mejillones en vinagreta y demás delicias locales se dirimen los Grandes Problemas Del País, se grita, se insulta al oponente, se comenta como si nada lo del “orgullo de ser español” antedicho, o catalán, o vasco o lo que sea, con un vocabulario ingénito que suele rondar entre los cincuenta y los ciento veinte términos de la lengua utilizada, normalmente el castellano.

En general, digo, ellos son los defensores de la Patria y la Religión, incluso del mismo Dios que, al parecer no es tan todopoderoso como pretenden puesto que necesita ayuda. Y mucha.

En fin, abandono aquí a mis admirados fanáticos, a mis patriotas sentidísimos, a los verdaderos soldados, gleba, carne de cañón de las patrias y los dioses verdaderos que darán sin duda hasta la última sangre suya y ajena por cualquiera de las causas justas que Patria y Religión ofrecen.

Luego están los Patriotas Verdaderos, así con mayúscula, los que realmente sí tienen una enorme (o varias) razones para amar  la Patria, ahora sí, hispana: Los ricos.

¿A que sí? en realidad son los únicos que tienen una poderosísima razón para amar a la Patria: Sus dineros. “¡Coño! Y por qué” se preguntará más de uno anhelante. Pues porque España es el paraíso de los ricos, es El Paraíso, sin más: todos los españoles restantes, incluidos los patriotas de que hablaba antes está a su servicio; somos todas las profesiones y oficios que ellos necesitan para su apacible vivir, pero de todas, las que más aman es la de camarero, que se sepa, por eso hay tantos camareros aquí; todos trabajamos o no trabajamos, según nos toque, para ellos, para que ellos no tengan que pasar por ese mal trago que supone el trabajo durante cuarenta y tantos años, que digámoslo claramente: es un asco, pero ese asco que es para nosotros es gloria bendita para ellos, que lo disfrutan bien gusto desde sus despachos, parlamentos, senados, alcaldías, diputaciones, viendo martirizar toros en la barrera, patear balones desde sus salones privados en el estadio mientras se meten varios lingotazos de Chivas Regal, porque eso sí: los ricos españoles son, en general unos horteras y beben Chivas, ya ves, aburriéndose apaciblemente en los palcos no escuchando la ópera de turno, pero sobre todo, por encima de todas las cosas para redundar a gusto, gastando a manos llenas dinero público y guardando el que van privatizando día a día. ¡Claro!

Los ricos aman a la Patria hispana porque ésta les permite ocultar sus tesoros en otra parte, así que cuando cualquiera de ellos dice: “Yo amo a España por encima de todas las cosas” ya sabéis qué está diciendo.

En este crucial momento he de distinguir las diversas especies de rico de que gozamos en la españas: La primera de ellas es la oculta desde hace casi doscientos años, la que se encumbró con aquel borbón malévolo, astuto y cruel que fue el tal Fernando, alias Séptimo, la que creció a la sombra del otro borbón, Alfonso, alias Trece, rey de traiciones, crímenes, pero sobre todo rapiña, un tipo al que hubo que echar de España no por rey sino por ladrón y la que pelechó a la crudelísima sombra de Franco, alias Caudillo. A partir de aquí son todos visibles porque aún no les ha dado tiempo a ocultarse o -como en el caso del borbón llamado Juan Carlos, alias Primero y más rapacero quizá que su abuelete- no hayan necesitado hacerlo en modo alguno; aquí encontramos todos los nombres de nuevos ricos, ricos en subida, ya sea por el saqueo directo a las arcas del Estado, comisiones, fraudes enormes, explotación de niños, usura galopante, mentira sobre mentira y demás especialidades del robo a gran escala que no puedo contener en mi escasa memoria; excepto algunos privilegiados que ya casi están arriba del todo y a punto de desaparecer de todas partes quizá en la siguiente generación, los demás están en ello: Sus armas son varias pero no muchas ni muy imaginativas como el peloteo con los poderosos y la crueldad con los humildes, la mentira en contra de toda evidencia, la soberbia, el chantaje, la prevaricación y no nombro el abuso de poder porque todo poder es siempre un abuso, y todas esas cosas que le hacen a uno rico sin producir, sin dejar nada, sin rendir cuentas a nadie, Estado incluido, bueno, sobre todo, Estado.

Sin embargo, cuando digo que España es el Paraíso para esta gente, lo digo porque el mismo Estado contempla alborozado que todos esos dineros no cuesten nada al ladrón ya que si siembras permisividad recoges riqueza y, con ella, honorabilidad. Y ahí está el asunto, cualquiera de esta gente deviene en poco tiempo en honorable, algunos, incluso llevan ese título con salero. entonces, ¿cómo no ser patriota, cómo no amar tiernamente la patria que te permite gozar de tu riqueza sin exigirte nada a cambio? Así pues toda esta caterva: artistas, gente del espectáculo, aristócratas de risa, banqueros, comisionistas, políticos, deportistas famosos, obispos, cardenales, familiares de éste o aquél, horteras, ordinarios y engominados en general, son todos ellos grandes patriotas, y es que además de saber que nadie les tocará saben que la plebe patriota antes mentada les ama, les envidia, aplaude, admiran, pagan gustosos los salarios de esbirros que les defienden, magistrados que les escudan, y, llegado el momento irán a cualquier guerra por ellos -por la Patria- mientras ellos miran todo desde lejos, otro país por ejemplo hasta que pase el vendaval.

Así llevamos -ya digo- casi doscientos años. Y lo que nos queda, según parece.

Y por cierto, ¿qué hay en medio de estas dos clases generales de patriotas? La verdad: Bueyes, mansos bueyes, tristes bueyes contemplativos sin futuro ni esperanza.

A muy poca gente se le ocurre que en vez de ser un cretino fanático de patrias y religiones o un patriota de guante blanco se puede -y se debe- ser simplemente un ciudadano solidario con los demás que sabe pagar su parte de la ronda porque así debe ser, un ciudadano consciente de sus derechos y deberes, que no necesita patrias ni bobadas por el estilo para vivir con los otros, ni estados que las sustenten, ni avarientos disfrazados de payasos que les digan qué deben creer, cómo comportarse mientras ellos arramblan con la bolsa común que desde su punto de vista no es sino su derecho, hacen y deshacen a voluntad en las tierras y mares que dan en llamar Patria con la boca enorme cuando la consideran finca para sus desmanes…

Y no digo más por no abundar, que cualquier persona con dos dedos de frente, con sentido de su propio valor dentro de las sociedades y de su honor como ciudadano libre sabe perfectamente.

Yo, por mi parte, cada vez que oigo hablar de patrias tiemblo, unas veces de ira y otras de pavor.

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