Messiaen y los pájaros

Olivier Messiaen (1908-1992) es uno de los grandes del pasado siglo, algunos opinan que lo será cada vez más a medida que pase el tiempo; estoy de acuerdo, es más, pienso que será el más grande: cada vez que lo escucho me gusta más, me sobrecoge o alegra más, dependiendo de si escucho esa obra tremenda Quatour pour la fin du temps escrita y estrenada en 1940, en un campo de concentración donde estuvo prisionero para los cuatro instrumentos allí disponibles, o la maravillosa sinfonía Turangalîla, escrita para piano, ondas Martenot y gran orquesta o, mejor aun, el Catalogue d’Oiseaux. Y es que Messiaen fue un gran ornitólogo además de compositor y organista (véase su Théme d’amour, Tristan et Yseult). Pero es por los pájaros por lo que traigo aquí a Messiaen, y es que vivió desde su juventud fascinado por ellos, tanto como para incluirlos en algunas de sus obras, por ejemplo en el citado Cuarteto para el fin de los tiempos (os prometo que cuando compré hace la tira de años este disco tuve que escucharlos ni sé cuántas veces seguidas para ir saliendo de mi sorpresa, despertando de un sueño, completamente perdido entre sonidos que golpeaban mi cerebro musical simplemente con el futuro, para mí en ese momento, de la música. El cuarteto era presente hacía treinta años; yo sólo tenía veinte) incluye L’abîme d’oiseaux que integra el sonido de las voces de los pájaros en la obra con métodos o modos de transposición limitada y coloración de los acordes, técnicas ambas que ya me costó lo mío llegar a comprenderlas con los escasos conocimientos musicales de que disponía (hoy tampoco es que haya llegado muy lejos, pero soy optimista); también aplica al canto de las aves otras técnicas como el uso armónico que llamó “resonancia” y que utiliza, por ejemplo en su Prelude pour piano, en sus dos últimos compases dedicados a la paloma: armónicos de la nota ‘mi’.

Este Catalogue es quizá junto con Fauvette des jardins la culminación de su estudio del lenguaje de pájaros y su transposición a la escritura musical y, ya en realidad, son poemas tonales capaces de evocar paisajes, atmósferas y colores.

Y como me va a resultar muy complicado explicaros lo que más intuyo que sé por eso de mi dispersa formación musical, voy a poneros un ejemplo estupendo que me he encontrado buscando la obra que luego os daré y que el profesor Enrique Blanco (al que desafortunadamente no conozco) ha tenido la generosidad de dejar en el YouTube. En el corto vídeo (00:o2:o5) explica en forma más o menos empírica el proceso que lleva la voz del mirlo a la partitura:

Y una vez aprendido parte del proceso creador nos vamos con el tema de hoy, es decir: Les Petites esquisses d’oiseaux (pequeños bosquejos de pájaros), un vídeo de 14 minutos 36 segundos en el que podréis escuchar las voces de cuatro pájaros en la interpretación musical de Messiaen; serán estos (por orden de apariciones): Petirrojo (Erithacus rubecula), mirlo común (Turdus merula), Petirrojo, zorzal común (Turdus philomenos), petirrojo y la deliciosa alondra común (Alauda arvensis) cerrando el ciclo de esta obra que compuso en 1985 y que dedicó a Yvonne Loriod, su esposa, seis piezas muy cortas, muy semejantes y diferentes entre sí; parecidas por el estilo armónico, dentro del cual evolucionan sonidos complejos con colores diferentes (azules, rojos, naranjas…) de manera que los acordes de resonancia y los cromáticos se agregan sutil o violentamente. Por otra parte cada pájaro tiene sus propios movimientos estéticos y rítmicos.

No voy a insistir en más descripciones detalladas para cada pájaro: Cuando escuché esta obrita por primera vez no las conocía y estoy seguro de que eso no influyó para nada en la apreciación estética que tuve de la música ni en el placer delicado que obtuve de ella. Con ella, pues, os dejo, y con el deseo de haber abierto alguna puerta que permanecía oculta para algunos.

He escogido este vídeo, primero por su calidad de sonido, pero también porque se puede seguir la partitura, por si a algún estudiante o aficionado le interesa; también separa cada apartado, con lo cual resultará fácil de seguir a aquellos que no puedan leer música (perdón, sepan leer, poder, siempre se puede si se quiere)

Por cierto -tengo que decirlo-, Olivier Messiaen era católico confeso; sus obras místicas son una cúspide en el género y es, entre tanto personaje católico que por ahí pulula, al único que respeto.

Un día, en una entrevista le preguntaron por el mejor compositor desde su punto de vista y contestó sin dudarlo: ¡Los pájaros!

Salud.

 

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