JUANA INÉS DE LA CRUZ: POEMAS DE AMOR

He comprado hace unos días un ejemplar de “Un amar ardiente”, de Sor Juana Inés de la Cruz, del cual no obtengo sino placer constante, de manera que hablaré sucintamente de él aún con la certeza de que a pocos puede importar lo que se diga de un libro de poemas.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, inteligencia precoz y gran curiosidad intelectual elegió profesar religión por librarse de marido y amo y por amor a las letras, y lo hizo en la orden de san Jerónimo. Como no tengo intención de hablar de su vida ni de su obra remito al lector curioso a cualquier enciclopedia o al mismo google que, salvo las inexactitudes habituales dará noticia de ambas.
Esta colección de poemas que en la primera edición de Francisco De las Heras aparecen salteados aquí y allá con el fin de no escandalizar al lector no pudiendo leerse sino intercalados con otros poemas de muy distinta índole, sin embargo, De las Heras advierte:
 
“O el agradecimiento de favorecida y celebrada, o el conocimiento que tenía de las relevantes prendas que a la señora virreina dio el cielo (…) causó e la poetisa un amar a su excelencia con ardor tan puro, como en el contexto del libro ira viendo el lector.”
 
Debiendo entender quizá como “puro” en un mundo de amor casto, pero lo cierto es que Juana Inés se enamoró de Maria Luisa, condesa de Paredes y virreina consorte de México, y su amor fue -casto o no- correspondido.
 
Y es que, como consignó su primer biógrafo, el padre Calleja, sor Juana Inés era guapa, y así le pareció extraño que tomara ella los hábitos por “lo singular de su erudición junto con su no pequeña hermosura”.
 
No me extenderé sino para decir que en estos cincuenta poemas hay de todo, desde los primeros intentos de seducción hasta la separación sucedida por ser llamados los virreyes a Madrid con los interregnos de amor declarado, enfados por los celos (la virreina era autoritaria y celosa) y amorosas reconciliaciones como sucede en cualquier relación amorosa.
 
Los (o las, que será lo más probable) que os decidáis a adquirir este libro veréis cómo a veces Juana Inés disfraza el nombre de la condesa con heterónimos, alias o apodos a la moda como Lisys, Filis, Lísida, etc, e incluso con nombres masculinos como Fabio, adjetivos como señor mío, etc.
 
Sus versos están escritos en su mayoría en un lenguaje claro, aunque hay alguno de un culteranismo bellísimo (49), por ejemplo, estos que cierran el poema (11 de esta edición):
 
“Y a vos, beso el zapato
la más inmediata suela;
que con ese punto en boca
sólo, callaré contenta.”
 
del principio de la relación lo mismo que estos, maravillosos, del poema 7:
 
“…y no yo, pobre de mí,
que ha tanto que no te veo,
que tengo, de tu carencia,
cuaresmados los deseos,
la voluntad traspasada,
ayuno elentendimiento,
mano sobre mano el gusto
y los ojos sin objeto.”
 
O estos, defendiéndose de los celos:
 
“Reina de las flores eres,
pues el verano mendiga
los claveles de tus labios,
las rosas de tus mejillas…”
 
“Baste ya de rigores,
hermoso dueño, baste;
que tan indigno blanco
a tus sagrados tiros es desaire.”
 
O éste (50) en la distancia, ya ida la virreina a Madrid:
 
“Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más causa justa negros…”
 
Pero he querido recoger entero el que más me impresiona de todos siendo todos los que me impresionan, el soneto (39) que, como dice el epiǵrafe de De las Heras, “En que satisface un recelo con la retórica del llanto”:
 
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía
que el corazón me vieses deseaba;
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste;
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.”
 
 
Y si alguien ha llegado hasta aquí ha de ser porque le interesa la siguiente noticia:
 
“Un amar ardiente”. Poemas a la virreina
Sor Juana Inés de la Cruz
“Un amar ardiente”. Poemas a la virreina
Compilación de Sergio Téllez-Pon
Flores Raras. Madrid, 2017.
 
En el retrato, Juana Inés a los quince años.
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