LOS LITÓGENAS

Después del castigo que impuso a Licaón por ofrecerle a comer la carne de Arcas, hijo del propio Zeus y de Calisto, hija a su vez de Licaón, es decir (según Apolodoro y Eratóstenes) convertirlo en lobo (en Higino, mueren fulminados todos los hijos); Pausanias dice que Licaón se convirtió en lobo después de haber sacrificado un niño en el altar de Zeus Liceo, éste, Zeus, decretó un diluvio (el segundo en Ovidio “Metamorfosis” I 240-243) sobre la tierra con el fin de eliminar a la raza de hombres sanguinarios antropófagos y perversos; se salvan Decaulión, hijo de Prometeo y Clímene, (Hesíodo. fr. 4 M-W) y Pirra, su prima hermana, hija de Epimeteo y Pandora, la primera mujer (Ruiz de Elvira (Mit. II 7), y lo hacen construyendo (mira tú qué cosas) un arca por consejo de Prometeo y visto bueno de Zeus; una vez finalizado el diluvio, arriba y queda varada el arca en el monte Parnaso (Apolodoro). Desembarcan y ofrecen un sacrificio a Zeus Fixio (Protector de la Huída)e y ruegan, viendo el desierto que quedó tras el castigo que repueble la tierra con seres humanos.
A continuación procrean por orden de Zeus Decaulión y Pirra sin unión sexual por el método de tomar (con la cabeza tapada y las ropas desceñidas) piedras del suelo y arrojarlas a sus espaldas: las arrojadas por Decaulión fueron hombres y las de Pirra, mujeres, constituyendo esta raza humana la de los litógenas, que carecen de nombres individuales.
Sin embargo, Pirra y Decaulión procrean otra vez, ahora con unión sexual ordinaria a tres hijos, dos hombres, Helén y Anfictión, y una mujer, Protogenía.
Os cuento esta historia porque pensando en un artículo que ha publicado Octavio Colis (https://www.facebook.com/search/top/?q=octavio%20colis%20aguirre   09h 1 junio) sobre la indiferencia con que recibimos las noticias (las no noticias) de los atentados en Kabul y, por extensión, quiero entender, los crímenes contra las poblaciones civiles de todo Medio Oriente (excluyendo a los sionistas, que son perpetradores), atentados, bombardeos y toda la parafernalia militar y/o terrorista contra tan desdichados pueblos, mujeres, niños, hombres…, todo lo que se mueve y respira(ba) bajo el sol.
Nunca hablo de estos atentados, de estos crímenes, ni de los cometidos aquí, en nuestra casa (nada comparado con aquello) porque sé que es la misma mano la que los mueve, la misma mente homicida la que los decreta y no quiero entrar en banales discusiones…
Así que he pensado recurrir a la metáfora de los mitos y os diré que convivimos las dos razas sobre la tierra, la litógena, creada de la piedra y la procedente del amor sexual. La litógena ha ido encubriéndose de carne humana a lo largo de los evos, de nombres humanos, de gestos humanos, pero su corazón sigue siendo de piedra; sus ojos son fríos diamantes; su mente pertenece a la muerte. Los demás, somos los otros, los que sufrimos la deshumanidad de los litógenas, la desdicha de la impiedad pétrea, la destrucción, la intransigencia. La muerte violenta, pues tan violento es partirle a uno la cabeza, como derribar su casa, la casa de sus padres bajo bombas o tanques o expropiaciones o embargos o miseria o miedo, temor constante.
Y dado que Zeus hace siglos que se retiró a las nieblas del Olimpo y no hay defensa contra quien no siente como nosotros sólo nos quedaría destruirlos, eliminarlos, sí.
Pero ellos, en su cardiolito, saben que al final nos vencerá la humana piedad que ellos no tienen.
Y por eso siempre saldrán ganando.
Y esta vez no hay foto: Que cada uno se la construya en la mente y no la olvide.
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