UN POEMA DE YEVGUENI YEVTUSHENKO

Hace ya muchos años alguien me habló de un poeta recién descubierto, Yevgueni Yevtushenko, entonces y en la edición que conservo Evgueni Evtuchenko; hablé ayer mismo de él con una amiga, concretamente del poema que dio título a la edición española de Alianza (1968) “Entre la ciudad sí y la ciudad no”, según la traducción de entonces, de Natalia Ivanova y Jesús López Pacheco. Aparecía en castellano Yevtushenko como el poeta de las nuevas generaciones soviéticas, una especie de rayo de esperanza que quería ser preciso y vigoroso como Vladímir Mayakovski y fugaz y tierno como Boris Pasternak. Y a fe que lo consiguió.
Esta edición de que hablo, la de Alianza (1968), la que adquirí y conservo desde entonces la hizo el mismo Yevtuchenko a su paso por España, casi en secreto, como se puede suponer, puesto que por mucho poeta que fuera liberador, también era ciudadano soviético al uso (fue nombrado en el ’89 diputado del Soviet Supremo); así que hemos de suponer que el poeta decía lo que quería decir y no una loa a la aún poderosa y represora Unión Soviética o un peloteo al mundo capitalista de enfrente.
Así que leí el libro, casi sin esperanza de leer algo bueno: prejuicios, ya se sabe; abominaba de los stalinistas, libertario como era yo (sigo siendo hogaño libertario, pero en la derrota y la desesperanza), y el libro, los poemas me fueron ganando, y lo hicieron porque ya no hablaba del repugnante realismo materialista ni de la colectividad como bien supremo ni de la sabia dirección del Partido-Para-El-Bien-De-Los-Pueblos, ni de las maravillas y alegrías del capitalismo feroz USA sino de una universal convivencia y también de la tensión constante que ello conlleva, puesto que tanto la aparente felicidad de un mundo o la oscura visión del otro son falsas en sí mismas. La tensión de que habla Yevtuchenko es la que mantiene despierto y alerta al lector, al ciudadano consciente, reflexivo y responsable de sus actos.
Y como esto no da mucho de sí, y sólo quería introduciros a la poesía de Yevtushenko a quienes no sepáis nada de él, traigo aquí el poema que dio título a la colección de que hablo y que procede de cuatro libros, “Saludando con la mano” (1962), “Ternura” (1962), “Lancha de enlace” (1966) y “Lo que me pasa” (1966). Este poema, concretamente aparece en el libro citado “Lo que me pasa” y, después de pensarlo un poco, me decido por la traducción del ’68 que cito arriba en desdoro de otra más reciente de Rolando Alarcón, que no termina de gustarme (no quiero decir que sea mala, ojo, simplemente prefiero la primera, seguramente porque es la que llevo en mi memoria).
ENTRE LA CIUDAD SÍ Y LA CIUDAD NO
Soy un rápido tren
                               que hace años va y viene
Entre la ciudad Sí
                                y la ciudad No.
Mis nervios están tensos
                                        como cables
entre la ciudad No
                                                y la ciudad Sí.
Todo está muerto y asustado en la ciudad No.
Es como un despacho empapelado con tristeza.
Fruncen el ceño en él todas las cosas.
Hay recelo en los ojos de todos los retratos.
Cada mañana enceran con bilis su parquet.
Son sus sofás de falsedad, sus paredes de desgracias.
Jamás en él un buen consejo te darán,
Ni un ramo de flores, ni un simple saludo.
Las máquinas de escribir teclean, con copia, la respuesta:
“No-no-no… no-no-no… no-no-no…”
Y cuando al fin se apagan todas sus luces
los fantasmas inician su lúgubre ballet.
Jamá, ni aunque revientes, billete lograrás
para escapar de la negra ciudad No.
La vida, en cambio, en la ciudad Sí, es un canto de mirlo.
Carece de paredes la ciudad, es como un nido.
Las estrellas te piden acogerte en sus brazos.
Y, sin avergonzarse, los labios solicitan tus labios
con un quedo susurro: “Todo son tonterías…”
La reseda incitante solicita ser cortada,
y ofrecen los rebaños la leche en sus mugidos,
y en nadie hay asomo de recelo,
y adonde quieras ir, te llevarán al instante trenes, barcos, aviones.
y, con rumor de años, va el agua murmurando:
“Sí-sí-sí-… sí-sí-sí… sí-sí-sí…”
Sólo que, a veces, en verdad, es aburrido
que todo se me de apenas sin esfuerzo en esta ciudad Sí multicolor y deslumbrante.
¡Mejor ir y venir hasta el fin de mi vida
                                                                entre la ciudad Sí
y la ciudad No!
                                  ¡Mejor tener los nervios tensos como cables
entre la ciudad No
                                      y la ciudad Sí!
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2 pensamientos en “UN POEMA DE YEVGUENI YEVTUSHENKO

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