UNA NOCHE, UN VINO, Y TODOS LOS VINOS QUE CON TANTA GENTE HE COMPARTIDO

A ELLOS, AMIGOS O ENEMIGOS Y A LOS QUE VENDRÁN: MI COPA BRINDO, A SUS OJOS MIRO.
Pues veréis, me he dado cuenta de que siempre escribo de libros o de música; ¿por qué? ¿Será para hacerme el interesante, porque lo mismo escribo de los passacaglia de Susato, la scordatura de Biber, los poemas de Catulo, el erotismo de Bataille o Apollinaire, el teatro de Jean Cocteau, las novelas de Pynchon?
De verdad que lo he estado pensando, y honradamente puedo deciros que no, no es pedantería o presunción o ambas cosas, no: lo hago porque tanto la música como la literatura me ha dado casi todo lo que tengo (he de sumar amor y amistad, pero van unidas) y, sobre todo, me produce un intenso placer.
Placer, ese es el término preciso, no felicidad (sé que la felicidad no existe, ni falta que hace) sino placer, momentos felices de placer, et in Arcadia ego. Pero mientras en esto pensaba, he notado que hay algo de lo que nunca he escrito y que asimismo me produce un intenso placer, un momento feérico, una felicidad evanescente: El vino.
Y como resulta que mi amigo, ya establecido sobre fuertes pilares y duraderos, mi amigo, digo, Octavio Colis escribe con suma delicadeza y entrega un libro enciclopédico y magistral sobre el vino se me ha ocurrido escribir yo también una pequeñez, no sobre el vino -tema por el que habréis de esperar- sino sobre un vino: El vino con el cual he cenado esta noche unas carrilleras de ternera que he estofado paciente y ¿por qué no decirlo?, sabiamente. ¿Y qué vino ha sido ese?

Pues uno, debido también a mi amistad con Octavio que, en su momento me llevó a la riojana bodega, que, es para ledicia de los amantes del vino, Bodegas Tobelos, donde con gran sabiduría hacen un vino que me ha producido eso de que hablaba arriba, un inefable placer y que ahora comparo con los placeres de la música o de la literatura o de los cuadros de Rotko o de Botticelli por poner a dos pintores muy separados por los siglos.

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El vino es sustancia social pero particular; uno bebe plácidamente de su vaso ese vino suave, esa caricia para la lengua, ese aroma que se respira y asimila al paladar y a la memoria, bebe mientras cena, mientras cae la noche, mientras admira un fulgor en los ojos de sus amigos, de sus amantes, bebe en una nube de amor o de soledad,; bebe  mientras teme la oscuridad, mientras se acerca el enemigo, mientras la muerte acecha y, sin darse cuenta, parece que todo está bien. Bebe o recuerda el último vaso -como hago yo ahora mientras escribo- de ese Resumen de Rioja que es este vino de que hablo mientras escucho una “Intrada” del citado Tylman Susato, y me doy cuenta de que la vida es maravilla, de que no hay nada superfluo, de que el amor y la amistad son la única justificación de la muerte, que esa es la vida, así que no me ha quedado más remedio que ponerlo aquí, escribir esas sensaciones que el vino produce, y el vino bello y excelente excita. No daría mi vida por un vaso de vino, pero sí agradecería que una mano amiga me lo ofreciera en el momento de mi muerte.
Hoy ha sido Tobelos, mañana, quién dirá si es que hay mañana, porque ésa es nuestra vida, lo que se va y desaparece, pero mientras tanto, leo, escucho, amo y bebo el vino de la dulce tierra riojana, recuerdo muchos, muchos vinos que a lo largo de mi vida, a lo ancho del mundo que he conocido me han hecho comprender gentes y países…: que los dioses me den años suficientes para llegar a sus heces y morir, una mano sosteniendo el vaso medio lleno , la otra, la mano de mi amor.
Diréis, ¿qué le pasa a éste, por qué escribe así? Os lo diré a fuer de ser sincero: amo los placeres y estaba restringiendo, ocultando uno, no menos importante que los demás, y es que la vida no es amor; son amores, todos ellos tangibles, queridas, queridos.

Y bueno, como siempre suelo poner bien un texto, bien una música, he aquí los versos (Li Po (701-762)):

Li Po

Entre flores, un vaso de vino;
sin amigos, solo bebo;
el vaso levanto, a la luna invito:
con mi nombre y con ella tres seremos.
Y, cómo no, una música que sé no gustará a mi amigo Octavio Colis, pues aborrece el clarete, aborrecimiento que comparto, pero música francesa es y renacentista: eso le sobra para estar aquí, mientras la noche dulce cae sobre mis ojos, mis recuerdos bañan toda mi piel.

La música será un Tourdion, una danza vivaz, casi como una gallarda que se bailaba allá por el s.XV en Francia, tierra de grandes vinos y, parece ser que también de claretes, ¡qué le vamos a hacer! pero bueno decían que el tourdión era rápido y suave, lo mismo que ciertos vinos, como el que he bebido esta noche, así que ahí van los versos. ¡Salud!

Quand je bois du vin clairet
Amis tout tourne, tourne, tourne, tourne
Aussi désormais je bois
Anjou ou Arbois (X2)
Chantons et buvons
À ce flacon faisons la guerre
Chantons et buvons
Mes amis
Buvons donc (X2)
Quand je bois du vin clairet
Amis tout tourne, tourne, tourne, tourne
Aussi désormais je bois
Anjou ou Arbois (X2)
Chantons et buvons
À ce flacon faisons la guerre
Chantons et buvons
Mes amis
Buvons donc (X2)
(Cuando bebo  vino clarete, amigo, todo da vueltas, da vueltas, da vueltas… también cuando bebo Anjou ou Arboiis. ¡Cantemos y bebamos!, peleemos con estas botellas, hagamos la guerra. ¡Cantemos y bebamos, amigos, bebamos pues! El buen vino nos ha hecho alegres; cantemos y olvidemos nuestras penas. comiendo un graso jamón, hagamos la guerra a estas botellas. Bebamos a gusto, amigos, vaciemos los vasos, brindemos, bebamos y cantemos con alegría.)
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BREVE NOTA SOBRE BARBARA HANNIGAN

Una de las personas que más admiro desde hace quizá ocho o nueve años resulta ser miembro de la Order Of Canada; es, además, una mujer. Ella es Barbara Hannigan, nacida el año 1971 en Waverley – Halifax, Canada, reconocidísima soprano y directora, funciones que ejerce a veces al mismo tiempo.

Barbara Hannigan dirigiendo

Las que soléis leer mis brevísimas notas sabéis que no tengo costumbre de llenarlas de datos biográficos que se pueden encontrar en cualquier parte; haré, sin embargo esta vez, una pequeña excepción pues intuyo que muy poca gente se anima a ampliar información a este respecto y, como digo, esta mujer me llama poderosamente la atención y espero, consecuentemente, que a los demás suceda algo parecido, así que haré un bosquejo lo más simple posible de la vida profesional de Hannigan, que se crió en Waverley pero que a los diecisiete años se trasladó a Toronto donde se matriculó en su Universidad para estudiar música; Mary Morrison (1928-2014), soprano, ganadora de múltiples premios como cantante, representando personajes de varias óperas después de debutar como Euridice en 1948, gran defensora de la música del s.XX estrenando a autores desde Berio a Cage pasando por Takemitsu; enseñó canto en varias universidades, la de Toronto entre ellas donde dio clases a nuestra Hannigan que terminó su bachiller de Música en 1993 y su Maestría en Música en 1998, continuando sus estudios en varios centros incluido el Real Conservatorio de La Haya; fueron maestros suyos Meinard Kraak  (1935) o Neil Semer (que oculta hábilmente su edad) entre otros.

Hannigan es, como su maestra Morrison constante defensora de la música contemporánea desde su primer estreno mundial a los 17 años, habiendo presentado desde 2011 unas setenta y cinco composiciones contemporáneas, entre las cuales quiero citar la que Gerald Barry compuso en 2007 específicamente para ella titulada como parece natural La Plus Forte. Su éxito más explosivo fue la actuación que hizo de la Lulu de Alban Berg, que a mí me parece la mejor que he visto nunca junto con la que hizo Christine Schäfer con la Orquesta Filarmónica de Londres; no he podido encontrar ninguna versión completa de esta ópera, así que el día que la traiga aquí habrá de ser la de Schäfer y no la de Hannigan que incluía bailar en pointe (bailar sobre las puntas de los pies). en 2014 cantó fabulosamente el papel de Marie en la ópera deAlois Zimmerman, Die soldaten de Bernd, en una función que se trasmitió en directo vía Internet y que tuve la fortuna de ver.

Como he comentado arriba, desde hace unos años Hannigan se presenta como directora y soprano trabajando con varias orquestas, desde la Orquesta Ludwig de Amsterdam hasta la Filarmónica de Praga, y va a ser en estas funciones -directora, soprano- como la traigo aquí para deleite de los ojos y oídos puesto que, además de dirigir y cantar, también danza con un cuerpo privilegiado, una armonía y expresión corporal perfectas y un sentido de la danza que se podría escuchar la música eliminando el sonido (yo lo he hecho: se ve la música).

Nunca suelo hacer estas cosas, pero lo haré esta vez recomendando que compréis su álbum Crazy Girl Crazy (Alpha, 2017) que, incluso ganó un Grammy.

György Ligeti (1923-2006) es el autor de la obra que traeré aquí; de él diré que no tuvo una vida aburrida ni amable; siendo como fue judío fue

Ligeti

perseguido en su Hungría natal por soviéticos y por nazis; su familia fue deportada en campos de concentración (él se libró, no milagrosamente como se suele decir sino por su trabajo de logística para el ejército húngaro, pues estudió matemáticas y física antes de que la música de Bartók le cautivara para siempre; su familia desapareció en los campos. Sobrevivió pero para ser proscrito bajo el poder soviético que prohibió la música contemporánea en el gran aislamiento que sufrió el Este europeo, lo que le obligaba a escuchar clandestinamente la radio para estar al tanto de la música que se hacía en Occidente, dedicándose aparentemente a la música folklórica siguiendo la línea de Bartók, mientras componía sin poder publicar hasta 1954 en las primeras suavizaciones del duro régimen comunista húngaro. Al final, logró escapar a Viena, nacionalizarse austriaco y establecerse definitivamente en Colonia, pero quizá en otra ocasión diré algo de Ligeti, que también tuvo que pelear por sus derechos en los EE.UU al enterarse de que su Requiem había sido utilizado por Stanley Kubrik para su pelicula 2001: A Space Odyssey y reclamar derechos de autor que Kubrik se negaba a pagar pensando seguramente que si Disney no había pagado a Strawinsky por su Consagración en su película animada Fantasía, alegando que los derechos europeos no tenían validez en los EE.UU él podía hacer lo mismo; al final de un largo proceso judicial, Ligeti logró cobrar: una pequeña alegría en su vida.                                                                                                                                     

Respecto de la obra que traigo hoy, Mysteries of the Macabre (1991), es una reducción de la ópera Le Grand Macabre, ambas compuestas por György Ligeti, la primera concebida como una obra irónica respecto de las “anti-óperas” que Ligeti consideraba agotadas construyendo la suya como una “anti-antiópera” de manera que criticaba amablemente tanto la ópera tradicional como la anti-ópera de Mauricio Kagel (Staatstheater).

No voy a comentar la ópera entera puesto que sólo vamos a ver esta reducción que digo, aunque sí diré que su tema es la mortalidad que es un bajo-barítono muy impresionante (el personaje de Nekrotzar), quien llega a una ciudad (supongo yo que a Nueva York, pues el libreto, por cierto, del mismo Ligeti y Michael Meschke, indica que es una ciudad enorme llena de rascacielos) con el único objeto de destruir a la humanidad, cosa que a mí siempre me ha parecido una idea estupenda; está poblada la ciudad (el mundo) de vagabundos y, aparentemente al borde del Apocalipsis. Aparte de Nekrotzar,  hay otros dos personajes que le acompañan, un astrólogo,  Astradamors, y un borrachín y catador de vinos con el curioso nombre de Piet vom Fass; los tres van en busca del Príncipe Go-Go a quien debe advertir el jefe de su policía secreta, un tal Gepopo, que ha entrado de puro acojono en pánico o histeria o ambos y que no se puede hacer entender del príncipe de la amenaza que pesa sobre la Tierra, así que el príncipe hace lo que hacen todos los príncipes: sigue dando cuenta de su copiosa comida con lo cual Gepopo convulsiona de pánico. Hay citas a Rossini, Beethoven y Verdi, muy distorsionadas y difíciles de observar sin estar advertido, incluso estándolo, pero así son los juegos de humor de Ligeti.

Hannigan dirige, canta y danza       

Vais a ver y escuchar ocho minutos y cincuenta y ocho segundos excepcionales, algunos críticos dicen que soprano desde la voz de Hannigan es un eufemismo, puesto que ella domina la suya a la perfección y parece estar por encima de ciertas restricciones; no hay exaltación, histeria, tristeza, melancolía que ella no sepa plasmar con exactitud; puede ser lírica, grotesca, precisa, femenina y masculina… No sé, a mí me encanta. A la orquesta también, pues su dirección es electrizante, tanto que el espectador asume fácilmente el papel de los músicos hipnotizados por esta energía musical y humana que es Barbara Hunnigan que también sabe dirigir al público.

Dirige canta y danza Hannigan con la Sinfónica de Gothenburg en este directo que fue en abril de 2013.

PURCELL: DIDO Y ENEAS

Henry Purcell

En 1678, Nahum Tate (1652-1715), poeta laureado, conocido por su adaptación de la obra de Shakespeare, Ricardo II, publicó la obra Theodosius, or The Force of Love (“Teodosio o la fuerza del amor”), y sobre otra obra suya adaptó un libreto para Henry Purcell; de esta colaboración nació la ópera Dido and Aeneas (1688 o quizá anterior), “Dido y Eneas” para nosotros. Pero antes de seguir con esta ópera, me gustaría decir algo más del poeta y libretista Nahum Tate respecto de su adaptación del dicho Ricardo II en la cual alteró los nombres de los personajes y el texto escena por escena de manera que éste respetara la majestad real y la dignidad de los tribunales, pero Nahum  -cuyo padre fue acusado de espionaje y colaboración con el gobierno de Londres delatando los planes de la Rebelón Irlandesa de 1641, cuya familia fue atacada y cuya casa familiar fue reducida a cenizas como represalia; el padre, Faithful Teate, terminó trasladándose a Inglaterra. Escribió, aparte de otras cosas, un sermón dedicado a Oliver y Henry Cromwell- Nahum, digo tenía sus propias ideas y Cromwell estaba, por lo visto entre ellas, así que El Usurpador Siciliano (1681), título de la obra citada, fue prohibida a la tercera representación a causa de la muy posible interpretación política republicana.

Por su parte, Purcell, considerado el más grande entre los músicos británicos por los propios británicos, no sé si por su propia grandeza sino también algo por la mediocridad de sus sucesores, es -sin duda- el restaurador  de la música y de la escena británica caída en la más absoluta pacatería del fundamentalismo cristiano durante la dictadura republicana de Cromwell tras la ejecución de Carlos I. Durante la Restauración y bajo los años de Carlos II fue cuando Purcell se mantuvo en la cima musical británica con obras para la escena, óperas como Dido y Eneas, Abdelazar, tragedia debida a Aphra Behn (1640-1689) que, aparte de ser la primera escritora profesional en lengua inglesa,

Aphra Behn

fue espía británica en varias cortes; semióperas como King Arthur o The Fairy Queen, canciones para los Aires, Canciones y Diálogos elegidos de John Playford, Himnos para la portentosa voz de bajo profundo del reverendo John Gostling, del que se sabe poseía una tesitura de al menos dos octavas, uno de ellos, quizá el más conocido sea el They that go down to the sea in ships, escrito en agradecimiento por el salvamento en naufragio del rey en el buque Solent, unas cincuenta canciones de taberna y libertinaje (aunque algunos suponen que una cierta cantidad de estas le son falsamente atribuidas) de las cuales me gustaría escribir en otra ocasión, música religiosa, los conocidos anthems (himnos) profanos y diversas canciones  como Music for a while, bastante música incidental para el teatro o la conocidísima Música para los funerales de la Reina Mary.

Pero hoy sólo quiero escribir un poco sobre la única ópera de Purcell, la célebre Dido and Aeneas, en tres actos con libreto -como he apuntado antes- de Nahum Tate adaptada de su obra Brutus of Alba or The Enchanted Lovers  y de la Eneida, Canto IV de Ovidio que relata la trágica relación entre Dido, primera reina de Cartago e inventora literaria del “isoperímetro” y Eneas, superviviente troyano de la guerra que llega desviado de su rumbo hacia la península itálica por una tempestad la costa cartaginesa del cual se enamora la reina inmediatamente siendo por él correspondida; el tiempo pasa pero Eneas está destinado por Júpiter para fundar una estirpe en el Lacio, de manera que el troyano intenta partir de Cartago al amparo de la noche; Dido se entera y vuela a convencerle de que se quede pero, sin éxito, lo ve partir. Desesperada erige una gran pira donde dispone la espada del héroe, algunas ropas por él abandonadas y el tronco del árbol que resguardaba la cueva donde se amaron intensamente por vez primera. Al alba, subió Dido a la pira y, enterrando la espada en su pecho se desplomó sobre las leñas; la hermana de Dido, Ana que en vano intentó disuadirle, ordena prender fuego a la pira, siendo tras la muerte considerada divinidad por su pueblo.

La primera representación de esta tristísima histoire d’amour sucedió en un colegio de señoritas, el de Josias Priest en Chelsea, Londres allá por el verano de 1688, para turbación de las honestas doncellas allí recluidas que, supongo yo se derritieron con esta historia y, sobre todo con el maravilloso Lamento de Dido final, donde hasta las piedras lloran, pero también para la consternación del profesorado y autoridades locales que no debieron ver demasiado adecuada la ópera para las virginales mentes femeninas a su custodia. De hecho el estreno comercial de la obra no sucedió hasta 1700 en Londres. Y, como curiosidad (que si os fijáis bien no es tan curiosa) diré que en España, la ópera se estrenó en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona en 1956, es decir cuando yo ya había cumplido los cinco años e iba a por los seis: para mí pronto, pero para la historia, bien tarde, como suelen suceder estas cosas en España.

El libreto estricto, que parece ser alegórico, se refiere a los gozos del matrimonio entre los dos monarcas que, en segunda lectura, parece referirse al de Guillermo III de Inglaterra y María, Reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda; Jacobo II aparece como un Eneas desorientado por maquinaciones de la Hechicera y sus brujas (que representan al catolicismo de Roma, a los papistas), significando Dido

Queen Mary

al pueblo británico abandonado por Roma. Cierto que la ópera es una tragedia, sin embargo el genio de Purcell la aligera con de vez en cuando con escenas amables como la canción (del marinero 1º): Take a boozy short leave of your nymphs on the shore, and silence their mourning with vows of returning, though never intending to visit them more, cuya moraleja explica a las jovencitas ardientes que no deben ceder a las promesas y -sobre todo-proposiciones de los ardientes jóvenes, lo cual debió sin duda arrebolar unas cuantas mejillas en el internado.

Henry Purcell, que murió de neumonía a los 36 años, al negarse su esposa a abrirle la puerta de casa una fría noche invernal en que volvía él como otras noche a deshoras y bastante achispado fue enterrado frente a su órgano en la Abadía de Westminster en 1695 con los mayores honores. El Reino Unido no ha dado más que otro enorme músico, Benjamin Britten, un gran músico, Edward Elgar, un músico que no amo demasiado pero que es un maestro, Michael Nyman y, coño, The Who.

Os traigo una magnífica versión, la de Cristine Pluhar y su agrupación l’Arpeggiata y ocho voces sopranos (2), contratenores (2), tenores (2), un barítono y un bajo, y tres solistas, Mariana Flores y Céline Scheen , sopranos y Marc Mauillon, barítono. A L’Arpeggiata ya la he traído más veces así que no hace falta presentación, lo único, repetir que soy devoto de ésta y de su directora, Cristine Pluhar que elige para esta ocasión la dirección historicista a manos, sin batuta, en el Tivoli Vredenburg de Utrecht, en 2015. No he logrado identificar al director de escena, así que me atrevo a decir que ésta se debe al trabajo conjunto de L’Arpeggiata y, sea como fuere, he de decir que es una puesta en escena maravillosamente minimalista desde el simple escenario hasta el último gesto de los cantantes.

En fin, una ópera no demasiado larga -poco más de hora y media- para disfrutar este u otro fin de semana, así que con ese fin aquí la apunto:

Perdérsela sería como mínimo un enorme error entre los que gustéis de la ópera o de la música en general que, sinceramente, espero seáis incapaces de cometer.

 

 

UN RECUERDO: CHISPAS DE MEDEA

Ya os conté que releo a Eurípides estos días; esta nota es sólo para defender su recuerdo contra los que siempre le han acusado de misógino: un trágico como él había de utilizar los lugares comunes de su época para ridiculizarlos: eso pienso yo, falsa misoginia, como cuando hace decir a ese paradigma del egoísmo, Jasón, semejante exabrupto:
“Los hombres deberían engendrar hijos de alguna otra manera y no tendría que existir la raza femenina: así no habría mal alguno para los hombres.” (Medea, fr, 575). Jasón es el misógino, no Eurípides.

Sin embargo cuando habla su Medea, lo hace de muy otra forma, y esta vez no hay ironía alguna sino justo lamento y desesperada actitud (es necesario para la perfecta comprensión de este párrafo extraído, el conocimiento de las costumbres sociales, de la situación de la mujer, que en muchos aspectos y culturas apenas han variado, y en la nuestra, sólo en el envoltorio a lo que parece, y de los tremendos peligros de los partos en aquellas épocas, de la cantidad de mujeres que morían en el hecho o intento):
“…De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo, o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo. Y cuando una se encuentra en medio de costumbres y leyes nuevas, hay que ser adivina, aunque no lo haya aprendido en casa, para saber cuál es el mejor modo de comportarse con su compañero de lecho. Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito y nuestro esposo convive con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir. Un hombre, cuando le resulta molesto vivir con los suyos, sale fuera de casa y calma el disgusto de su corazón. Nosotras, en cambio, tenemos necesariamente que mirar a un solo ser. Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza. ¡Necios! Preferiría tres veces estar a pie firme con un escudo, que dar a luz una sola vez.”

Nota bene: He seguido para estas extracciones la edición de Alberto Medina González y Juan Antonio López Férez, publicada por Gredos en 1977.

Iba también a colgar algún cuadro que represente a Medea, pero todos, todos son tendenciosos. Ojalá aparezca alguien que la represente con la justicia que hasta ahora se le ha negado; ojalá alguien comience a leer Medea con eso que un querido amigo llamaba “amor compasivo”.
Y Medea me cae bien: No hay cuadro.

CARNAVAL

 

 

 

Hoy comamos y bevamos, y cantemos y holguemos, que mañana ayunaremos. 

Juan del Enzina (1468-1529): Égloga 6

 

Aborrezco el carnaval, esa falsa libertad de expresión y movimientos, su opaca alegría, como la de esas otras fiestas cristianas, la navidad, de alegría agria y resentida, ambas salvadas por la pericia de los mercaderes y la estulticia consumidora de las gentes.

A los obispos y cardenales, sin embargo, el carnaval les encanta, no por poder salir a las calles disfrazados de reinonas, que ya van así todoslosdías sino porque saben que una vez cerrada la espita de la válvula de escape que es el carnaval todo volverá a lo que era y siempre fue: el rebaño, desahogado y sumiso volverá por sus fueros inexistentes y gozará un año más de la protección de sus pastores, y no es que esté yo llamando oveja o carnero a nadie, que son ellos, los obispos los que se nombran pastores del rebaño y nadie (del rebaño) dice ni pamplona, de hecho:

(todas las citas salvo aviso en contra son de la obra teatral Baco, debida a Jean Cocteau (1889-1963))

EL CARDENAL …Por otra parte la Santa Sede, que ignora vuestras alarmas, mira con muy buenos ojos las mascaradas de Roma, de Florencia, de Bérgamo, de Venecia. Estas mascaradas impiden que el pueblo piense mientras descansa. El hombre que piensa es nuestro enemigo. Es la opinión de la Santa Sede.

Ya veis queridas, queridos, cuán directa puede ser la Iglesia cuando emite opiniones, lo mismo que cuando condena a alguien al fuego, antes de llama, ahora de bala, por otra parte, como digo estas famosísimas fiestas (cada vez me resulta el término fiesta más odioso. Por varias razones) de siempre han servido a los mercaderes y, por medio de estos, a algunos tesoros que llaman públicos pero que no lo son:

EL SÍNDICO Sería un grave peligro (privar al pueblo del carnaval). Durante esa semana, el pueblo gasta lo que gana. Es, en cierto modo, una manera conveniente de hacernos con fondos y de aliviar el presupuesto.

O sea, que los carnavales (y otras distracciones tan en boga hoy en día) sirven esencialmente para dos cosas: la conveniente opacidad mental del pueblo y el producto de sus bolsas, que va a parar a las garras codiciosas de la Iglesia y, ahora compartidamente, del Estado y las diversas corporaciones, ladrones todos de guante blanco, casi siempre manchado con el sudor y la sangre de hordas de esclavos que durante estos días creen no serlo y el resto, callan.

No todos, claro, no todos callan, pero unos hablan con la boca grande sabiendo que su credibilidad es ínfima, que es el caso de políticos de diverso signo y otros piensan más o menos moderadamente con pocos resultados y mínima audiencia, estos, generalmente moderados en sus gestos, gozarían de más aceptación si se les escuchara, pero para escuchar hay que oír, y hay ejércitos de tamborreros aporreando tambores para que nada, excepto ruido, se oiga. Así es:

EL OBISPO  Yo temo mucho a los herejes moderados

EL CARDENAL  Tenéis razón. Sólo podemos quemarlos a fuego lento.

Y no creáis que lo dice en broma; Hogaño tampoco, no vayáis a pensar, y si no echad un ojo a esa gente que por una pichorradica o están en el talego, o van a estarlo o pagarán un multazo de la hostia.

Así que por qué disfrazarse unos días al año de lo que se es por dentro para disfrazarse de lo que quieren que seáis por fuera el resto del año? Por ejemplo, algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención cuando, lamentablemente, he tenido que coincidir por las calles con gente de carnaval: La cantidad más que moderada de hombres que se disfrazan de mujeres, mujeres con enormes pechos como para una cadena de ordeñe, contoneándose como ninguna mujer lo haría (excepto las profesionales, que están trabajando seguramente obligadas), poniendo morritos exhaustos de carmín en rostros pintados como puertas americanas. ¿Por qué? Coño, porque les gusta hacer de mujer, cosa tan respetable como cualquier otra, y aprovechan unos pocos días al año para exteriorizar sus deseos sin que parezcan deseos. Y digo yo, ¿no sería más sensato hacerlo cuando les venga en gana, en la cama a ser posible, que es más gozoso y placentero. A sus compañeras, esposas etc,etc, les encantará. ¡Qué oportunidad perdida..! Aunque peor es aún lo de las llamadas murgas de Cádiz. Si Catulo hubiera tenido sólo una semana al año para escribir sus sátiras (mucho más agudas e hirientes que las de estas murgas) no tendríamos hoy el placer de leer nada de nada. La sátira, es queridas, queridos, para todo el año, y sátira que duela, nada de componendas. Yo no escribo sátiras -por si alguien agudamente de lo pregunta- porque me falta el ingenio necesario, no por falta de ganas; en vez de sátira me saldría un panfleto, un libelo o una grosería; lo del panfleto, pase, firmado o no, pero groserías no, desde luego. En fin, murgas, caricaturas ridículas para poderosos, menores de edad de cartón para obispos y demás jerarquías, todo eso hace que esas mismas jerarquías se despepiten, pues también es sano reírse un poco de sí mismo, así que les importa un huevo lo que hagáis o digáis en carnaval mientras el resto del año calléis u os desfoguéis un tantico así en las sociales redes -sin pasarse un pelo-, y sigáis viendo cómo roban los que roban, que son todos los que están por encima de vosotros, empresarios, jefes, banqueros, obispos, políticos, reyes reinas y proles propias, oligarquías, petroleras, telefónicas, energéticas y corporaciones varias, todos ellos garrapatas de enormes vientres sin fondo que se decojonan viéndoos cómo hacéis el tonto (y la tonta, perdón) la semana de carnaval siendo todo el año impostura, y es que:

EL OBISPO  …La verdad sólo se impone a la larga. La impostura necesita resultados inmediatos. Y no hay resultados inmediatos sin dinero.

Porque todo es dinero, ¿lo sabéis, no? Nos quieren idiotas, sí, y sabed que no es lo mismo ser idiota que cretino porque:

EL SÍNDICO   Es un cretino.

EL CARDENAL   No, un idiota. No es lo mismo, señor síndico. Un cretino es un idiota que piensa.

Y ahí es donde entran políticos, reyes, bocazas televisivos y demás ralea, que son los que salen todos los días en los medios, y no una sola semana al año. Como vosotros, carnavalistas.

(nota bene. Idiota: ιδιωτης, idiotes; raiz: idio, propio. Se refiere a aquel que no se ocupa de los asuntos públicos sino sólo de los propios privados. Cuando pasa al latín como idiota añade el significado de ‘ignorante’. Esto, creo que ya lo he dicho otras veces)

Una escena de carnaval es como la que Hans, el loco, protagoniza un momento, pero no sirve para nada como carnaval, y sí sin embargo si se dice en serio (como vería cualquiera que lea la obra completa):

HANS (designando lentamente al obispo con el dedo)  ¿Quién es esta hermosa dama?

EL DUQUE    No es una dama. Es tu obispo.

HANS   Tiene un vestido muy bonito (toca la ropa del obispo que retrocede).

El verdadero carnaval se produce después, cuando -todo el mundo desfogado- las gentes miran arreboladas las imágenes de papas, obispos, reyes, reinas, duques, condesas, ladrones engominados, toreros, cupletistas de dedo ágil, futbolistas evasores y señoritos a caballo porque:

EL PREBOSTE   El pueblo detesta a los señores, desde luego. Pero su lujo les inspira respeto, hasta entusiasmo. Es curioso, pero lo tengo comprobado.

Así es la cosa, simple y clara pero efectiva y si no, ¿qué coño hago yo escribiendo estas perogrulladas?

HANS   … Que el tiempo no existe y es únicamente una perspectiva. Que todo momento es eterno. Que algo se ha roto en pedazos, que la tierra es uno de esos pedazos, que se llenó de gusanos y que esos gusanos somos nosotros.

Y acabo, que me lío tontamente, sabed sólo una cosa más sobre la libertad de acción o expresión; lo dice Hans, ya cuerdo y fuera del carnaval:

HANS   El libre albedrío es la coartada de Dios.

 

Y recordad que en los carnavales, se desfila. Igualito que en las marchas militares, las procesiones y las cadenas de esclavos.

 

 

 

 

 

 

TORTURA

Rien n’arrive ni comme on l’espère, ni comme on le craint

(Marcel Proust)

 

 

 

Hoy, hace cuatrocientos diez y ocho años fue condenado por herejía Giordano Bruno; pocos días después -ocho-  fue llevado a la pira donde alguien le dio a besar un crucifijo: lo rechazó. El día de su condena dijo: “Maiori forza cum timor esententiam in me fertisquam ego acipiam”, o sea que se dirigió a sus jueces diciéndoles que ellos acaso temblarían más que él al recibirla. No creo que fuera así; no creo que los jueces, fiscales, esbirros en general y torturadores tiemblen. No.

Pero Bruno, que afirmó que era la tierra la giraba alrededor del sol y que el movimiento del cielo sólo era apariencia producida por la rotación de la tierra alrededor de su eje, y que si Dios es infinito el universo podría serlo y que, por tanto, habría infinidad de universos y no sólo éste, que seria uno más entre los infinitos, afirmaciones todas ellas hoy aceptadas, había sido detenido y encarcelado en las espeluncas de la Santa Inquisición de la Santa Madre Iglesia denunciado por Mocenigo el veintisiete de enero de 1593, es decir que se tiró encarcelado siete largos años en proceso que dirigió Roberto Belarmino, el mismo que dirigió el proceso contra Galileo, es decir un especialista. Especialista en tortura y en derecho canónico -quizá vayan juntos-; así que Giordano Bruno fue torturado de diversos modos durante todos estos años.

Tortura: del latín, torquere, luxar, torcer, contorcer, dislocar.

Siempre, siempre se ha torturado, siempre se han arrasado, asolado tierras, derribado viviendas, asesinado sus gentes, esclavizado sus gentes, pero sobre todo, siempre se ha torturado; se tortura por saber lo que el otro sabe, por hacer ver al otro sus errores y darle la oportunidad de arrepentirse de ellos mediante el dolor, la expiación de la culpa:

Esteban, Matías, Víctor, Úrsula (…), que fueron lapidados. El apóstol Tomás, Inés, el apóstol Matías, Víctor, Úrsula y las once mil vírgenes (…), que perecieron por el hierro. Eutiquio, Gervasio, Máximo, que fueron flagelados hasta morir (…) Vito, Modesto, Protasio, Félix, que fueron descoyuntados en el potro (…) Saturnino, que fue flagelado, abrasado con hierros al rojo, descoyuntado en el potro y decapitado (…) introducido en un toro de bronce calentado al rojo vivo (…) abrasado con aceite, con pez, con cal viva y empalado (…) arrancaron los ojos, le cortaron la lengua y la cabeza (…) flagelado, descagarrado con púas de hierro y arrastrado por los cabellos hasta la muerte (…) abrieron con tenazas horribles heridas en las que pusieron cal viva (…) arrancaron los dientes y la lengua (…) desgarrado con garfios de hierro, abrasado y atravesado con puntas al rojo vivo, a quien pusieron sal en las heridas y que fue finalmente revolcado sobre cortantes cristales y clavado a un madero… En España han convertido la palabra dolor en nombre de bautismo (…) no son locura y escándalos pese a los cuales se ha levantado la Iglesia, sino que se ha levantado, precisamente, gracias a ellos (…) Existe el dolor de la carne, que cicatriza, el dolor de los nervios que, mucho tiempo después, sigue sacudiendo el cuerpo, el dolor moral, que es la memoria más viva de la humillación. Y existe también el sufrimiento del espíritu (…) Intenté matarme y, por una de esas ironías de la vida, me salvaron los mismos que me habían empujado a la desesperación. Mi muerte no les convenía…

( Michel Rio: La Percha del Loro, 1983)

Tuve un amigo, Iñaki Pérez de Beotegui, Wilson -“El Inglés” le llamábamos los amigos-, muerto ya hace diez años que fue el que me contó en una larga conversación de casi veinticuatro horas de confidencias y alcohol en Vitoria, allá por el año 2000, qué se siente bajo tortura, hasta qué punto uno es carne, la memoria icástica que queda para siempre del abandono de toda humanidad; en la emboscada de su detención gracias a la delación de Mikel Lejarza, “El Lobo” hubo un tiroteo (yo vi las cicatrices de las balas en su cuerpo; me dijo: “era  normal, nosotros vamos armados y ellos también, ¿qué quieres, juicios de valor? Me cazaron como yo cacé a otros: así es la cosa. Pero salvaron mi vida para la tortura y el interrogatorio.” Lo mismo que a Joachim, el personaje que cuenta lo que he citado más arriba. Era un tipo duro (aunque no lo parecía) el Inglés, vaya que sí: nunca contó lo que todos querían saber, ni por dinero cuando ya cumplida su condena y amnistiado y muy, muy pasota y desencantado de nacionalistas y etarras andaba por ahí buscando un lugar para vivir, que no para olvidar, puesto que eso no es posible.

 La llamada “percha del loro” es un instrumento de tortura que consiste en una barra de hierro que se hace pasar por el espacio situado entre las rodillas y el antebrazo del prisionero a la sazón firmemente atado y que se cuelga del techo quedando el prisionero así suspendido. La tortura se basa en la parada de la circulación de la sangre y en la simultánea contracción muscular y nerviosa, lo que -sin matar- provoca unos dolores horribles. También es usual colgar al prisionero esposadas las muñecas a la espalda de manera que las cabezas de los húmeros se salgan de sus recipientes mediante una terrible dislocación: en ese momento comienza el interrogatorio. O lo que sea.

Porque muchas veces se tortura con la única finalidad de que otros no presos aún o, simplemente, el pueblo hostil lo sepa, es decir, para causar horror, no miedo. Hoy en día se utiliza muchísimo esta tortura cara al exterior, es decir, exotérica, Guantánamo es la estrella de este universo; Israel, otra no menos emblemática y aplicada; España lo fue durante décadas; lo fue la Italia de Musolini, los territorios del Estado Vaticano previos a la Segunda Guerra, donde aún existía el derecho feudal del Papa sobre la vida y la muerte de los ciudadanos; lo fue también durante todo el terrible periodo de Stalin en la Unión Soviética, pero sobre todo, por encima de estos horrores está Hitler, el nazismo alemán, ese que parece que está ahí, esperando. Cito:

¿Por qué se me ocurre hablar de la tortura tan sólo en relación con el Tercer Reich? Naturalmente, porque yo mismo la he padecido bajo las alas desplegadas de este ave rapaz. Pero no sólo por ello, sino, porque al margen de toda experiencia personal, estoy convencido de que la tortura no fue un elemento accidental, sino la esencia del Tercer Reich.

(Jean Améry: Más allá de la culpa y la expiación,1977)

Hay estados que se basan únicamente en el miedo al Estado, al Poder, sin necesidad alguna de ser sustentados en ideologías (como el falso comunismo de Stalin) ni religiones, sino que, simplemente, las ideologías se pergeñan con retazos de aquí y allá -como sucede con el fascismo español, con el franquismo, cuyas falanges copian literalmente hasta los colores de la bandera de la Confederación Nacional de los Trabajadores, CNT, rojo y negro, y utilizan en reciprocidad o simbiosis la religión como ruido de fondo: La España de Franco fue un perfecto ejemplo de este terrorismo , mediante la implantación de la tortura sistemática y de su consecuencia más directa: la muerte. El nazismo basa su poder en la muerte; el franquismo resultó ser un aplicado alumno a este respecto.

Y dejando este asunto por un momento, ¿por qué estoy escribiendo sobre la tortura y, por extensión, del terrorismo de Estado? Seguramente, porque nadie se inmuta ante ella, inmutarse íntimamente, quiero decir, no poner deditos en Facebook que sólo es una forma de quitarse el cuidado, de pasar a otra cosa más seria, una autofoto, por ejemplo, la ingestión de verduras en vez de carnes, la paz espiritual en vez de la lucha reflexiva y constante contra el abuso del Poder, la infantilización mediante objetos y metas de dudosa utilidad y, en general de la ceguera permanente que veo sufren la mayoría de mis conciudadanos o consúdbitos, que ya no sé, una ceguera que se manifiesta en la pérdida constante de derechos civiles y un plausible miedo a perder cierta forma de vida irresponsable, mendaz y vacua. Escribo sobre la tortura, entre otras cosas porque se utiliza constantemente en mayor o menor grado en nuestro país y países vecinos y en grado superlativo en Israel, ciertos lugares de África, en Guantánamo, como he dicho, en Argentina, por ejemplo, han habido durante 2017 setecientas veinticinco muertes por mano del Estado gracias al gobierno de Macri. Son muchas, ¿no? Y como escribo de memoria no sigo con otros países, tanto de la América del norte como la del sur como la del centro, afirmando como afirmo que la pena de muerte es una forma de tortura, y en los USA está en plena forma. También escribo sobre la tortura -sin querer ahondar en detalles aún más escabrosos de los apuntados- porque me temo que estamos casi casi en las puertas de un Nuevo Estado Policial, aquí, en España, pero que está entrando tan lenta, tan sabiamente que ni siquiera nos damos cuenta. Diréis que exagero, que soy un viejo resentido, que veo lo que no existe, que eso no sucederá jamás, no volverá a suceder jamás: Volved a la cita que encabeza este artículo, la de Proust, así que nada sucede ni como lo esperamos ni como lo tememos, dice él; es siempre peor, digo yo.

Nunca me detuvieron cuando militaba en clandestinidad, siempre supe despistar bajo mi postura de pijo integral y de buena familia; jamás me pararon en las fronteras ni en los controles de carretera, tan abundantes en la Euskal Herria de entonces, yo bien vestido afeitado y peinado, educado e inofensivo pasé por todas partes sin que me vieran, pero una vez me tocó estar en una de esas redadas que la Policía Armada (los del pañuelito amarillo, aquella gente) montaba en un momento en medio de la calle, así que nos llevaron al azar a un montón de gente a la lamentable comisaría de María Muñoz en el Viejo de Bilbao para identificarnos y esas cosas. Cuando me tocó a mí, estaba tan abstraído pensando en lo que tenía que ocultar que no oí la pregunta del esbirro; lo siguiente fue un bofetón, un revés tremendo que me hizo trastabillar y casi caer. En ese momento es cuando te das cuenta de dónde estás y de lo poco que eres en sus manos, en realidad, no eres nada: sólo carne. Nada pasó: dije quién era (el de verdad) y a la de unas horas sólo por joder nos soltaron “hasta la siguiente, que iría en serio” según aquellos energúmenos.

No os confundáis, el que interroga, el que tortura no es un tipo raro, un cretino o un sádico, es una persona normal y corriente que hace lo que tiene que hacer y que lo hará con la máxima eficacia; luego, cuando acabe el turno irá a su casa y besará a su mujer y a sus hijos.

Pero sigo con Jean Améry (1912-1978), uno de los que mejor ha escrito sobre la tortura, ya que la sufrió muy duramente en los campos de concentración de la Gestapo primero y de las SS después; escribe (op.cit):

Se creen autorizados a golpearme en el rostro, reconoce la víctima con sorda sorpresa y con certeza igual de indistinta concluye: harán conmigo lo que se les antoje. Afuera nadie sabe lo que ocurre dentro ni nadie hace nada por mí. Quien quisiera acudir en mi ayuda, una esposa, una madre, un hermano o un amigo, no podría alcanzar el interior.

La percha, la percha del loro, el agua, las toallas mojadas, la picana, las uñas, los genitales desgarrados, las violaciones sistemáticas, las drogas, la tortura psicológica, el insomnio, dislocaciones, roturas, latigazos, pérdidas de miembros, ojos, lengua… es tan larga la descripción de las torturas y de sus utensilios a lo largo de los siglos que no podría seguir ni aunque quisiera, que no quiero.

No es posible (defensa alguna) cuando es el otro quien te rompe los dientes y te deja el ojo morado, cuando tú mismo sufres indefenso al enemigo en que se ha convertido el prójimo. Cuando no cabe esperar ninguna ayuda, la violación corporal perpetrada por el otro se torna una forma consumada de aniquilación total de la existencia .

Y sin embargo, veintidós años después de lo sucedido, sobre la base de una experiencia que no agotó todas las posibilidades del dolor físico, me atrevo a afirmar que la tortura es el acontecimiento más atroz que un ser humano puede conservar en su interior (op.cit.).

No es esto todo lo que podría decir, pero sí -espero- suficiente para llamar la atención de conciencias adormiladas, sobre lo que se ha hecho, se hace y se hará, porque ¿a quién le importan los africanos tiroteados en la costa española? ¿alguien sabe de algún policía encausado y condenado por malos tratos o tortura? ¿alguien ha oído estos últimos años a algún representante o aspirante político añadir a sus programas electorales el fin de los malos tratos y de la tortura, de la impunidad policial? ¿Qué dijo Fraga cuando fue responsable de los asesinatos de Vitoria?

¡La calle es mía!