BREVE NOTA SOBRE BARBARA HANNIGAN

Una de las personas que más admiro desde hace quizá ocho o nueve años resulta ser miembro de la Order Of Canada; es, además, una mujer. Ella es Barbara Hannigan, nacida el año 1971 en Waverley – Halifax, Canada, reconocidísima soprano y directora, funciones que ejerce a veces al mismo tiempo.

Barbara Hannigan dirigiendo

Las que soléis leer mis brevísimas notas sabéis que no tengo costumbre de llenarlas de datos biográficos que se pueden encontrar en cualquier parte; haré, sin embargo esta vez, una pequeña excepción pues intuyo que muy poca gente se anima a ampliar información a este respecto y, como digo, esta mujer me llama poderosamente la atención y espero, consecuentemente, que a los demás suceda algo parecido, así que haré un bosquejo lo más simple posible de la vida profesional de Hannigan, que se crió en Waverley pero que a los diecisiete años se trasladó a Toronto donde se matriculó en su Universidad para estudiar música; Mary Morrison (1928-2014), soprano, ganadora de múltiples premios como cantante, representando personajes de varias óperas después de debutar como Euridice en 1948, gran defensora de la música del s.XX estrenando a autores desde Berio a Cage pasando por Takemitsu; enseñó canto en varias universidades, la de Toronto entre ellas donde dio clases a nuestra Hannigan que terminó su bachiller de Música en 1993 y su Maestría en Música en 1998, continuando sus estudios en varios centros incluido el Real Conservatorio de La Haya; fueron maestros suyos Meinard Kraak  (1935) o Neil Semer (que oculta hábilmente su edad) entre otros.

Hannigan es, como su maestra Morrison constante defensora de la música contemporánea desde su primer estreno mundial a los 17 años, habiendo presentado desde 2011 unas setenta y cinco composiciones contemporáneas, entre las cuales quiero citar la que Gerald Barry compuso en 2007 específicamente para ella titulada como parece natural La Plus Forte. Su éxito más explosivo fue la actuación que hizo de la Lulu de Alban Berg, que a mí me parece la mejor que he visto nunca junto con la que hizo Christine Schäfer con la Orquesta Filarmónica de Londres; no he podido encontrar ninguna versión completa de esta ópera, así que el día que la traiga aquí habrá de ser la de Schäfer y no la de Hannigan que incluía bailar en pointe (bailar sobre las puntas de los pies). en 2014 cantó fabulosamente el papel de Marie en la ópera deAlois Zimmerman, Die soldaten de Bernd, en una función que se trasmitió en directo vía Internet y que tuve la fortuna de ver.

Como he comentado arriba, desde hace unos años Hannigan se presenta como directora y soprano trabajando con varias orquestas, desde la Orquesta Ludwig de Amsterdam hasta la Filarmónica de Praga, y va a ser en estas funciones -directora, soprano- como la traigo aquí para deleite de los ojos y oídos puesto que, además de dirigir y cantar, también danza con un cuerpo privilegiado, una armonía y expresión corporal perfectas y un sentido de la danza que se podría escuchar la música eliminando el sonido (yo lo he hecho: se ve la música).

Nunca suelo hacer estas cosas, pero lo haré esta vez recomendando que compréis su álbum Crazy Girl Crazy (Alpha, 2017) que, incluso ganó un Grammy.

György Ligeti (1923-2006) es el autor de la obra que traeré aquí; de él diré que no tuvo una vida aburrida ni amable; siendo como fue judío fue

Ligeti

perseguido en su Hungría natal por soviéticos y por nazis; su familia fue deportada en campos de concentración (él se libró, no milagrosamente como se suele decir sino por su trabajo de logística para el ejército húngaro, pues estudió matemáticas y física antes de que la música de Bartók le cautivara para siempre; su familia desapareció en los campos. Sobrevivió pero para ser proscrito bajo el poder soviético que prohibió la música contemporánea en el gran aislamiento que sufrió el Este europeo, lo que le obligaba a escuchar clandestinamente la radio para estar al tanto de la música que se hacía en Occidente, dedicándose aparentemente a la música folklórica siguiendo la línea de Bartók, mientras componía sin poder publicar hasta 1954 en las primeras suavizaciones del duro régimen comunista húngaro. Al final, logró escapar a Viena, nacionalizarse austriaco y establecerse definitivamente en Colonia, pero quizá en otra ocasión diré algo de Ligeti, que también tuvo que pelear por sus derechos en los EE.UU al enterarse de que su Requiem había sido utilizado por Stanley Kubrik para su pelicula 2001: A Space Odyssey y reclamar derechos de autor que Kubrik se negaba a pagar pensando seguramente que si Disney no había pagado a Strawinsky por su Consagración en su película animada Fantasía, alegando que los derechos europeos no tenían validez en los EE.UU él podía hacer lo mismo; al final de un largo proceso judicial, Ligeti logró cobrar: una pequeña alegría en su vida.                                                                                                                                     

Respecto de la obra que traigo hoy, Mysteries of the Macabre (1991), es una reducción de la ópera Le Grand Macabre, ambas compuestas por György Ligeti, la primera concebida como una obra irónica respecto de las “anti-óperas” que Ligeti consideraba agotadas construyendo la suya como una “anti-antiópera” de manera que criticaba amablemente tanto la ópera tradicional como la anti-ópera de Mauricio Kagel (Staatstheater).

No voy a comentar la ópera entera puesto que sólo vamos a ver esta reducción que digo, aunque sí diré que su tema es la mortalidad que es un bajo-barítono muy impresionante (el personaje de Nekrotzar), quien llega a una ciudad (supongo yo que a Nueva York, pues el libreto, por cierto, del mismo Ligeti y Michael Meschke, indica que es una ciudad enorme llena de rascacielos) con el único objeto de destruir a la humanidad, cosa que a mí siempre me ha parecido una idea estupenda; está poblada la ciudad (el mundo) de vagabundos y, aparentemente al borde del Apocalipsis. Aparte de Nekrotzar,  hay otros dos personajes que le acompañan, un astrólogo,  Astradamors, y un borrachín y catador de vinos con el curioso nombre de Piet vom Fass; los tres van en busca del Príncipe Go-Go a quien debe advertir el jefe de su policía secreta, un tal Gepopo, que ha entrado de puro acojono en pánico o histeria o ambos y que no se puede hacer entender del príncipe de la amenaza que pesa sobre la Tierra, así que el príncipe hace lo que hacen todos los príncipes: sigue dando cuenta de su copiosa comida con lo cual Gepopo convulsiona de pánico. Hay citas a Rossini, Beethoven y Verdi, muy distorsionadas y difíciles de observar sin estar advertido, incluso estándolo, pero así son los juegos de humor de Ligeti.

Hannigan dirige, canta y danza       

Vais a ver y escuchar ocho minutos y cincuenta y ocho segundos excepcionales, algunos críticos dicen que soprano desde la voz de Hannigan es un eufemismo, puesto que ella domina la suya a la perfección y parece estar por encima de ciertas restricciones; no hay exaltación, histeria, tristeza, melancolía que ella no sepa plasmar con exactitud; puede ser lírica, grotesca, precisa, femenina y masculina… No sé, a mí me encanta. A la orquesta también, pues su dirección es electrizante, tanto que el espectador asume fácilmente el papel de los músicos hipnotizados por esta energía musical y humana que es Barbara Hunnigan que también sabe dirigir al público.

Dirige canta y danza Hannigan con la Sinfónica de Gothenburg en este directo que fue en abril de 2013.

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