UNA NOCHE, UN VINO, Y TODOS LOS VINOS QUE CON TANTA GENTE HE COMPARTIDO

A ELLOS, AMIGOS O ENEMIGOS Y A LOS QUE VENDRÁN: MI COPA BRINDO, A SUS OJOS MIRO.
Pues veréis, me he dado cuenta de que siempre escribo de libros o de música; ¿por qué? ¿Será para hacerme el interesante, porque lo mismo escribo de los passacaglia de Susato, la scordatura de Biber, los poemas de Catulo, el erotismo de Bataille o Apollinaire, el teatro de Jean Cocteau, las novelas de Pynchon?
De verdad que lo he estado pensando, y honradamente puedo deciros que no, no es pedantería o presunción o ambas cosas, no: lo hago porque tanto la música como la literatura me ha dado casi todo lo que tengo (he de sumar amor y amistad, pero van unidas) y, sobre todo, me produce un intenso placer.
Placer, ese es el término preciso, no felicidad (sé que la felicidad no existe, ni falta que hace) sino placer, momentos felices de placer, et in Arcadia ego. Pero mientras en esto pensaba, he notado que hay algo de lo que nunca he escrito y que asimismo me produce un intenso placer, un momento feérico, una felicidad evanescente: El vino.
Y como resulta que mi amigo, ya establecido sobre fuertes pilares y duraderos, mi amigo, digo, Octavio Colis escribe con suma delicadeza y entrega un libro enciclopédico y magistral sobre el vino se me ha ocurrido escribir yo también una pequeñez, no sobre el vino -tema por el que habréis de esperar- sino sobre un vino: El vino con el cual he cenado esta noche unas carrilleras de ternera que he estofado paciente y ¿por qué no decirlo?, sabiamente. ¿Y qué vino ha sido ese?

Pues uno, debido también a mi amistad con Octavio que, en su momento me llevó a la riojana bodega, que, es para ledicia de los amantes del vino, Bodegas Tobelos, donde con gran sabiduría hacen un vino que me ha producido eso de que hablaba arriba, un inefable placer y que ahora comparo con los placeres de la música o de la literatura o de los cuadros de Rotko o de Botticelli por poner a dos pintores muy separados por los siglos.

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El vino es sustancia social pero particular; uno bebe plácidamente de su vaso ese vino suave, esa caricia para la lengua, ese aroma que se respira y asimila al paladar y a la memoria, bebe mientras cena, mientras cae la noche, mientras admira un fulgor en los ojos de sus amigos, de sus amantes, bebe en una nube de amor o de soledad,; bebe  mientras teme la oscuridad, mientras se acerca el enemigo, mientras la muerte acecha y, sin darse cuenta, parece que todo está bien. Bebe o recuerda el último vaso -como hago yo ahora mientras escribo- de ese Resumen de Rioja que es este vino de que hablo mientras escucho una “Intrada” del citado Tylman Susato, y me doy cuenta de que la vida es maravilla, de que no hay nada superfluo, de que el amor y la amistad son la única justificación de la muerte, que esa es la vida, así que no me ha quedado más remedio que ponerlo aquí, escribir esas sensaciones que el vino produce, y el vino bello y excelente excita. No daría mi vida por un vaso de vino, pero sí agradecería que una mano amiga me lo ofreciera en el momento de mi muerte.
Hoy ha sido Tobelos, mañana, quién dirá si es que hay mañana, porque ésa es nuestra vida, lo que se va y desaparece, pero mientras tanto, leo, escucho, amo y bebo el vino de la dulce tierra riojana, recuerdo muchos, muchos vinos que a lo largo de mi vida, a lo ancho del mundo que he conocido me han hecho comprender gentes y países…: que los dioses me den años suficientes para llegar a sus heces y morir, una mano sosteniendo el vaso medio lleno , la otra, la mano de mi amor.
Diréis, ¿qué le pasa a éste, por qué escribe así? Os lo diré a fuer de ser sincero: amo los placeres y estaba restringiendo, ocultando uno, no menos importante que los demás, y es que la vida no es amor; son amores, todos ellos tangibles, queridas, queridos.

Y bueno, como siempre suelo poner bien un texto, bien una música, he aquí los versos (Li Po (701-762)):

Li Po

Entre flores, un vaso de vino;
sin amigos, solo bebo;
el vaso levanto, a la luna invito:
con mi nombre y con ella tres seremos.
Y, cómo no, una música que sé no gustará a mi amigo Octavio Colis, pues aborrece el clarete, aborrecimiento que comparto, pero música francesa es y renacentista: eso le sobra para estar aquí, mientras la noche dulce cae sobre mis ojos, mis recuerdos bañan toda mi piel.

La música será un Tourdion, una danza vivaz, casi como una gallarda que se bailaba allá por el s.XV en Francia, tierra de grandes vinos y, parece ser que también de claretes, ¡qué le vamos a hacer! pero bueno decían que el tourdión era rápido y suave, lo mismo que ciertos vinos, como el que he bebido esta noche, así que ahí van los versos. ¡Salud!

Quand je bois du vin clairet
Amis tout tourne, tourne, tourne, tourne
Aussi désormais je bois
Anjou ou Arbois (X2)
Chantons et buvons
À ce flacon faisons la guerre
Chantons et buvons
Mes amis
Buvons donc (X2)
Quand je bois du vin clairet
Amis tout tourne, tourne, tourne, tourne
Aussi désormais je bois
Anjou ou Arbois (X2)
Chantons et buvons
À ce flacon faisons la guerre
Chantons et buvons
Mes amis
Buvons donc (X2)
(Cuando bebo  vino clarete, amigo, todo da vueltas, da vueltas, da vueltas… también cuando bebo Anjou ou Arboiis. ¡Cantemos y bebamos!, peleemos con estas botellas, hagamos la guerra. ¡Cantemos y bebamos, amigos, bebamos pues! El buen vino nos ha hecho alegres; cantemos y olvidemos nuestras penas. comiendo un graso jamón, hagamos la guerra a estas botellas. Bebamos a gusto, amigos, vaciemos los vasos, brindemos, bebamos y cantemos con alegría.)
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3 pensamientos en “UNA NOCHE, UN VINO, Y TODOS LOS VINOS QUE CON TANTA GENTE HE COMPARTIDO

  1. “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar y viejos autores para leer”, F. Bacon
    Aunque prefiero esta: ” El vino es un asunto cósmico”, Ortega y gaset.
    Y para gustos diversos: “Me gustaría ser todo de vino y beberme yo mismo”, García Lorca.
    Y traigo un fragmento de Brindis de J. A. Buesa
    Ahora elige tu,amiga,
    cual ha de ser tu vaso,
    si este que es como un alba,
    o aquel como un ocaso.
    No me preguntes nada,
    yo sé bien que es mejor embriagarse de vino
    que embriagarse de amor.
    Y así mientras tu bebes, sonriéndome-
    así yo sin que tu lo sepas,
    me embriagaré de ti.

  2. Deshecho lo de Lorca por narcisista excesivo y a Ortega por impreciso; me quedo entonces con Mr. Bacon y sus trazos circulares color de vino, y con el cubano Buesa, con el cual no me queda más remedio que afirmar todo su poema.

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