FASCISMO

Que no soy nacionalista, que nacionalismo, patria y religión están a galaxias, universos de mí, que los tres conceptos no me causan sino temor y desprecio, es cosa sabida puesto que muchas veces lo he afirmado desde estas u otras páginas; miedo al vacío, a la muerte como fin único, a la sumisión ciega de poblaciones completas, a las frases hueras pero venenosas. Al silencio.
¿Y no es silencio este que nos ahoga?
Nacionalistas o no, catalanistas o bocazas cuyo único pecado es expresar libremente sus ideas o amagos de ideas o, simplemente, estupideces; expresar, como digo apoyándose en un código vigente que las protege, lo mismo que protege el derecho a la educación, vivienda, salud y dignidad.
Remedando a Inger Christiansen, el Código existe, las normas de comportamiento ciudadano existen, las palabras existen.
¿Y para qué?
Para repetirlas hasta la saciedad con -como decía Krahe, de acusador recuerdo- con lenguas de serpiente hasta vaciarlas de contenido, hasta que transgredirlas pase desapercibido, hasta que el código completo sea cosa fútil, papel mojado y podre.
Hasta hoy, de momento.
Gente en la cárcel, queridas y queridos, en la cárcel sin cometer delito contra ningún código, perseguidos con saña, insultados. En la cárcel, no por expoliar, prevaricar, sobornar, traficar con mujeres o menores, tomar las armas, matar, golpear, delinquir, sino por expresar unas ideas con las que personalmente no puedo estar de acuerdo, pero tampoco estoy de acuerdo con otras cosas y no por ello exijo prisiones perpetuas, o la aplicación de código de Hammurabi que ya tiene casi cuatro mil años y parece que no ha pasado el tiempo, es más, el código de Hammurabi, la llamada Ley del Talión, contemplaba ya la presunción de inocencia, y también contemplaba la inmutabilidad de la Ley una vez escrita, o impedía su lectura caprichosa, es decir que no sólo parece que no ha pasado el tiempo sino que estamos muy por detrás de Hammurabi.
Y gente que se alegra de la prisión de los demás, de sus conciudadanos, que piden más prisión, más esbirros, más palo, más represión, porque, queridas y queridos, cuando se exigen penas para los demás las estáis exigiendo para vosotros mismos, que para eso os están manipulando tan eficientemente.
Fascismo se llama eso.
Gente que calla ante las muestras de despotismo, que en su vacío interior busca razones para la violencia estatal, que ríe o aplaude o se envuelve en banderas o, simplemente piensa: A mí no me va a pasar.
Por otra parte también me he enterado de lo de las banderas a media asta a causa de una muerte que nunca ocurrió, pero no por las que ocurren a diario, o las que se ocultan bajo zanjas en las carreteras o las de los suicidas por desahucio, y me he enterado también del esperpento legionario del cuerpo ministerial.
Y me he tomado la muy desagradable molestia de visionar el vídeo en que energúmenos legionarios, militares de carrera, populacho y ministros del gobierno cantaban esa ordinariez grosera en la que todos se declaran novios de la muerte con la ministra de defensa que -supongo- será novia de la muerte sin decidirse -lo mismo que el resto de espantajos- a ser esposa y abrazarse a ella, a la muerte definitivamente. No.
Pero no quiero que penséis que lo tomo a broma o a risa histérica, no, porque no es una broma, un esperpento sí, pero no una broma; es simplemente un acto de poder, un aviso de lo que vendrá, un gobierno que nos está diciendo a quién se abraza y con qué armas cuenta mientras el pueblo emocionado aclama la idea de la muerte, la de los demás, claro está, la de la muerte del pensamiento y la cultura, la de las cunetas. Vuestra muerte: eso es lo que os dicen: Vuestra muerte o vuestro silencio; eso queremos y eso obtendremos, y no hay método inane ni obstáculo que nos lo impida, y estamos aquí, cantando porque nuestro es el poder y vuestra la amargura, la soledad y el silencio. Y es que nosotros somos los portadores de la muerte y vosotros, los verdaderos destinados a ella.
Podéis llamarlo como os de la gana, pero sólo tiene un nombre: Fascismo, y está aquí, y en España recibe el nombre de Nacionalcatolicismo.
Pero siempre se puede seguir siendo ciegos y sordos, pero sobre todo, sumisos.
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DIÁLOGOS EN EL BELVEDERE

El otro día, penando yo los efectos de la atorvastatina en mi sangre inocente, va, y sin un rumorcillo excepto el leve aleteo (iba a escribir ‘aleve’ pero aún no he bebido tanto como Rubén (Darío, claro), aunque estoy en ello), va, digo, y se me presenta en el ventanal de mi belvedere (¡de nuevo!) el mismísimo Paráclito, así que le digo, “joder Paráclito, me has dado un susto de cojones”; me dice, “¿no te alegras de verme? mira que ya no estoy enfadado contigo, hasta aquello de suponer que mi sobrenombre, Consolador, tenía que ver con los dildos ha terminado por hacerme gracia, ya ves”; “vaya, Para, ¿te importa que llame Para? ¿no? bueno, pues ya que estamos ¿quieres un café?; que sí, me dice moviendo un poco las alas y dejando caer sobre mi suelo un plumoncillo evanescente.
Y nada, que  hago café y sirvo uno para Él y otro para mí (me pongo en minúscula porque es deber de todo anfitrión encumbrar al invitado aunque no se le haya invitado y porque no me gusta hablar mayestático), y nada, así charlando de cosas dispares se nos iba pasando la tarde que, anda, cómo llovía. Me dice en una de esas, “mira tío, esto que te digo, no vayas a tomarlo como una declaración ni nada de eso, pero ya que estamos en confianza te diré que me siento así, como muy solo, ya sabes, todos los creyentes con el Jesucristo arriba y abajo, novelas, cuentos… hasta películas le hacen, y todo porque era un jipi, ya ves, o el Viejo, siempre en las nubes, siempre enfadado y en guerras estupendas con mucha sangre y todo eso, sobre todo cabreado con los judíos que se la pasan discutiendo con Él y quejándose de de todo, pero a mí, ni puto caso, tío, tú solo te acuerdas de mí, para reírte, eso sí, pero al menos te acuerdas ¿no tendrás un whiskicito, eh?”, “¿Malta o Jameson?”, “Jameson, que es irlandés y producto católico y serio”; le pongo un vaso “¿tu no bebes?”, “tengo que salir mañana con la bici, Para, que tú con las alas y eso de dejarte llevar por due venti no sabes de qué va”. ¿Due venti? ¿eso no era del cura ese traviesón? ¿cómo era? Ah, sí, Antonino, el de Griselda, me caía bien, pero al Viejo, fatal y al final lo arruinó al pobre: mucho Tres en Uno, pero ni nos preguntó ni al jipi ni a mí, y mira cómo son las cosas, cuando el jipi se liaba con mujeres y todo eso no decía ni Pamplona, ciego que estaba por Él, ya sabes y a mí, que me den, Consolador y esas bobadas, en vez de estar en las trincheras matando moros y rojos y lo que sea con tal de pasar el rato, que mira que hay rato de sobra”, dice, y lo le digo, “venga, Para, para, que te lanzas y me das dolor de cabeza, que tú no estas para guerras, Para, que esas cosas son del Viejo, como dices, Para; lo tuyo, tío es el amor, ¿o no?”, y me salta, “¿Amor? sí claro, eyaculaciones secas, telepolvos, ¡joder!, hasta al jipi le lavaban los pies; a mí, ni hostias, coño, y ya te digo, de coño, ni tocar pelo”.
Y parecía enfadado, pero qué leches enfadado, si yo le notaba como algo que no sé, como si me estuviera vacilando, a lo espiritusanto, claro, porque de repente va y suelta todo seguido:
¿”Un altro caffé, another coffee, qa’vIn, ein weiterer Kaffee, un altre cafè, قهوة أخرى, outro café, 另一杯咖啡, otro café, 別のコーヒー, кофе, још једну кафу, o altă cafea, beste kafe bat, kahawa nyingine, alius capulus, en annen kaffe, en anden kaffe…?” Y seguía con el jodido café, y voy y le digo, “coño, Para, ¿pero sabes lenguas?
Le noté un brillo en los ojillos negros y, aunque parezca imposible una como sonrisa de coña…
Dice: “Pues claro, Tales, estuve en Babel, no recuerdas?
A veces me cae bien el Paráclito: tiene salero.

el Para en plan coña

UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS JUBILACIONES: EL DÍA SIGUIENTE

Admiro al dios de judíos y cristianos, vaya esto por delante, ese dios siempre enfadado con sus hijos y ausente patrón de jubilados.
¿Os habéis fijado de que ese dios, vuestro dios, Dios, vaya, trabajó seis únicos días -destajista, eso sí- y no ha vuelto a currar en toda su puta vida? De ahí que del que no curra, el rico, el obispo, se dice: “vive como Dios”.
Y es cierto.
Un rey (sí, esos dos que todos tenéis en mente) sólo trabaja -y no mucho- el día de lajuradebandera, y se acabó: Dios está con él; los ricos lo hacen en su infancia acatando y deseando una rápida muerte a sus padres; una vez herederos, ¡nunca más!, de los obispos y cardenales, ¿qué decir? Dios también está con ellos.
¿Y los políticos, nuestros políticos?
Siete años se han puesto para dormir en parlamentos varios, que si se perpetúan allí digo yo que será por estar con los amigotes ahorrando y acumulando para su digna vejez, que no ha de ser por amor al trabajo que desconocen. Una vez los despegan de sus asientos ya se pueden jubilar, ¿no? Y qué jubilaciones, qué mimo estatal y administrativo se les dedica por sus pasados desvelos entre siesta y siesta: Dios también está con ellos.
¿Y nosotros, y vosotras? ¿qué pasa con vosotras y nosotros?
Pues está muy claro: contradecís la ley de vuestro Señor Dios y os da por trabajar cuarenta años, ¡cuarenta, joder! no seis días, no uno, no los simbólicos siete, no nunca. ¿Cómo coño queréis que Dios esté con vosotros, almas de cántaro, si os empeñáis en llevarle la contraria?
Es por eso que el ministro ese tan excesivo patán cuyo nombre no he logrado retener dice que las pancartas de los jubilados no servirán para nada; será patán el ministro, sí, pero sabe una cosa: Dios está con él, y a vosotras que os den lo mismito que a nosotros, queridas.
Algún alma más avispada se habrá fijado en que más arriba escribo “vuestro Dios” y no “nuestro Dios”; he de aclararlo ahorita mismo: Soy el único apóstata que conozco y, sin embargo buen lector de las Sagradas Escrituras, por eso, y a sabiendas de que ni Dios iba a estar conmigo ni yo con Él y que, por tanto mi jubilación hispana iba a ser miserable, he procurado trabajar lo menos posible durante toda mi vida.
Y aquí, cabreado como unas pascuas.
(abajo: Dios enseñando las manos para mostrar 
que no la hila)

aquí, un jubilado

GRANDES IDEAS MÍNIMAS

Charlaba el otro día de esto y aquello, ya sabéis y, entre una cosa y otra, llegué a una conclusión, como mínimo, extraordinaria (aunque no tanto para los que me conocen bien), ésta:

“De pura pereza, prefiero que alguien me asesine a tener que morirme yo mismo.”

Ya sé que es una frase de Tales de Emilito que hago mía; eso sí, por favor que mi asesino no me salga un chapuzas.

LA INTELIGENCIA NACIONALISTA: UNA ANÉCDOTA.

De todos los nacionalismos, los que mejor conozco de cerca, digamos que en mis carnes, son el español y el vasco; el más peligroso es -cosa clara- el español que, además de ser el que más tradición acumula, está armado hasta los dientes y tiene bajo las cunetas de España sus más hondas raíces, así que de ese nacionalismo no diré nada más (de momento).

El vasco, el nacionalismo vasco, digo, me pilla más de cerca y, aunque no le he sufrido como el español sí que lo he tenido que soportar de muy diversas formas, sobre todo en su carácter curil y su desapacible sentido del humor, sin embargo tengo una anécdota familiar que cuento de vez en cuando a mis amigos y que siempre nos hacer reír un montón; es ésta:

Toda mi familia es -como saben algunos- de Mundaka, unos marinos y otros simplemente pobres y, por tanto, emigrantes, sin ir más lejos mis abuelos, tanto maternos como paternos pertenecieron a esta última clase, de manera que mi madre y alguna tía nacieron en México y otros, en La Argentina, mi tío Paco, uno de ellos, era de hecho, argentino.

Pero también era nacionalista (vasco, por supuesto), un nacionalismo romántico*, que así empiezan todos, de bosques, montes y praderas, de costas, playas y acantilados, todos ellos vascos, vascos, vascos; era también  mi tío apocado, buena gente y gruñón, así que durante la primera dictadura franquista, aún simpatizando, no militó más que circunstancialmente, pero cuando comenzó la segunda -la de ahora- decidió que ya era hora de formar parte del Partido (el PNV, por supuesto: Dios y Leyes Viejas), así que apoyado por los frailes benedictinos de Estibaliz, pues era meapilas y amigo de curas mi querido (querido de verdad: me llevaba bien con él) tío quiso ser admitido en las filas del dicho Partido (que habría sido Único si las cosas hubieran sido diferentes: quizás alguien escriba alguna vez esta distopía).

Pasó el tiempo, demasiado, quizá incluso para las cosas de Palacio, más aún con todo un monasterio benedictino como fuerza de aval y apoyo y, una vez, pasó el suficiente, mi tío recibió una terrible negativa que lo dejó en deplorable estado, pues no, no y no lo podía entender. ¿Y sabéis por qué mi pobre tío no fue admitido en tan deseadas siglas?

Ni en treinta vidas podríais imaginarlo así que os lo diré: Porque no era español, sino argentino, y aunque os parezca raro de cojones, para ser  (entonces, que ahora no sé ni me importa) del Partido Nacionalista Vasco ¡había que ser español!

Si esto no es divertido no sé ya que hacer para alegraros el día, coño, ni Tip & Coll, ni Faemino & Cansado, príncipes del humor absurdo hubieran podido concebir un chiste como éste, así que ya me diréis.

 

 

JAUN GOIKUA ETA LAGI ZARA (grafía antigua) DIOS Y LEYES VIEJAS

 

* Lo peor del romanticismo fueron los nacionalismos; no hay cosa más repugnante que un alemán cantando un lied sobre los susodichos campos, praderas, florecillas silvestres o truchas mientras se prepara para arrasar el mundo en general, y si no, escuchad esto: son los nazis, que nunca se fueron y, sin irse, aquí están de nuevo.

 

ELOGIO DE LA PEREZA

las interminables jornadas laborales de Caronte

(este texto está dedicado, pero me da pereza decir a quién)

 

 

¿Sabéis quién es el tipo más rico de la historia? Ya podéis pensar, ya: no daréis con él, y es que no se le nota.

Vale: Su nombre es Caronte, de oficio, barquero.

Imaginad, si sois capaces, por un momento la cantidad de muertos que ha habido en toda la historia de los humanos desde que el mundo es mundo, ¿Millones, cientos de millones, miles de millones?

Y los que irán muriendo todavía.

Hoy mismo, ,¿Cuántos la han palmado?

Pues todos,  toditos, han pagado y han de pagar a Caronte su monedita, así que echad cuentas.

¿Y qué coño hace Caronte con tanta pasta, ¿lo pasa pipa, colecciona arte, castillos, coches de lujo, yates, editoriales, medios de comunicación, presidentes de gobierno, lee, toma copas al menos. ¿Se rodea de lujo y boato como un obispo travestido?

Pues no, ya veis, nada de eso, ¿y sabéis por qué,?

No tiene tiempo para nada: TRABAJA TODO EL PUTO DÍA.