LA INTELIGENCIA NACIONALISTA: UNA ANÉCDOTA.

De todos los nacionalismos, los que mejor conozco de cerca, digamos que en mis carnes, son el español y el vasco; el más peligroso es -cosa clara- el español que, además de ser el que más tradición acumula, está armado hasta los dientes y tiene bajo las cunetas de España sus más hondas raíces, así que de ese nacionalismo no diré nada más (de momento).

El vasco, el nacionalismo vasco, digo, me pilla más de cerca y, aunque no le he sufrido como el español sí que lo he tenido que soportar de muy diversas formas, sobre todo en su carácter curil y su desapacible sentido del humor, sin embargo tengo una anécdota familiar que cuento de vez en cuando a mis amigos y que siempre nos hacer reír un montón; es ésta:

Toda mi familia es -como saben algunos- de Mundaka, unos marinos y otros simplemente pobres y, por tanto, emigrantes, sin ir más lejos mis abuelos, tanto maternos como paternos pertenecieron a esta última clase, de manera que mi madre y alguna tía nacieron en México y otros, en La Argentina, mi tío Paco, uno de ellos, era de hecho, argentino.

Pero también era nacionalista (vasco, por supuesto), un nacionalismo romántico*, que así empiezan todos, de bosques, montes y praderas, de costas, playas y acantilados, todos ellos vascos, vascos, vascos; era también  mi tío apocado, buena gente y gruñón, así que durante la primera dictadura franquista, aún simpatizando, no militó más que circunstancialmente, pero cuando comenzó la segunda -la de ahora- decidió que ya era hora de formar parte del Partido (el PNV, por supuesto: Dios y Leyes Viejas), así que apoyado por los frailes benedictinos de Estibaliz, pues era meapilas y amigo de curas mi querido (querido de verdad: me llevaba bien con él) tío quiso ser admitido en las filas del dicho Partido (que habría sido Único si las cosas hubieran sido diferentes: quizás alguien escriba alguna vez esta distopía).

Pasó el tiempo, demasiado, quizá incluso para las cosas de Palacio, más aún con todo un monasterio benedictino como fuerza de aval y apoyo y, una vez, pasó el suficiente, mi tío recibió una terrible negativa que lo dejó en deplorable estado, pues no, no y no lo podía entender. ¿Y sabéis por qué mi pobre tío no fue admitido en tan deseadas siglas?

Ni en treinta vidas podríais imaginarlo así que os lo diré: Porque no era español, sino argentino, y aunque os parezca raro de cojones, para ser  (entonces, que ahora no sé ni me importa) del Partido Nacionalista Vasco ¡había que ser español!

Si esto no es divertido no sé ya que hacer para alegraros el día, coño, ni Tip & Coll, ni Faemino & Cansado, príncipes del humor absurdo hubieran podido concebir un chiste como éste, así que ya me diréis.

 

 

JAUN GOIKUA ETA LAGI ZARA (grafía antigua) DIOS Y LEYES VIEJAS

 

* Lo peor del romanticismo fueron los nacionalismos; no hay cosa más repugnante que un alemán cantando un lied sobre los susodichos campos, praderas, florecillas silvestres o truchas mientras se prepara para arrasar el mundo en general, y si no, escuchad esto: son los nazis, que nunca se fueron y, sin irse, aquí están de nuevo.

 

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4 pensamientos en “LA INTELIGENCIA NACIONALISTA: UNA ANÉCDOTA.

  1. Pues así me parece. Todos los días veo, leo o escucho cancioncillas y frasecillas semejantes, ensalzando ese patrioterismo rancio, excluyente, que merma fronteras físicas y mentales que defiende la super raza y su dogma a cualquier precio.
    Ay! las patrias y las patrias chicas, insustanciales y rústicas, tanto, que, por los motivos de siempre, necesitan invadir la patria de otro, pero de eso no estamos hablando, verdad?

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