GRANDES IDEAS MÍNIMAS

Charlaba el otro día de esto y aquello, ya sabéis y, entre una cosa y otra, llegué a una conclusión, como mínimo, extraordinaria (aunque no tanto para los que me conocen bien), ésta:

“De pura pereza, prefiero que alguien me asesine a tener que morirme yo mismo.”

Ya sé que es una frase de Tales de Emilito que hago mía; eso sí, por favor que mi asesino no me salga un chapuzas.

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