UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS JUBILACIONES: EL DÍA SIGUIENTE

Admiro al dios de judíos y cristianos, vaya esto por delante, ese dios siempre enfadado con sus hijos y ausente patrón de jubilados.
¿Os habéis fijado de que ese dios, vuestro dios, Dios, vaya, trabajó seis únicos días -destajista, eso sí- y no ha vuelto a currar en toda su puta vida? De ahí que del que no curra, el rico, el obispo, se dice: “vive como Dios”.
Y es cierto.
Un rey (sí, esos dos que todos tenéis en mente) sólo trabaja -y no mucho- el día de lajuradebandera, y se acabó: Dios está con él; los ricos lo hacen en su infancia acatando y deseando una rápida muerte a sus padres; una vez herederos, ¡nunca más!, de los obispos y cardenales, ¿qué decir? Dios también está con ellos.
¿Y los políticos, nuestros políticos?
Siete años se han puesto para dormir en parlamentos varios, que si se perpetúan allí digo yo que será por estar con los amigotes ahorrando y acumulando para su digna vejez, que no ha de ser por amor al trabajo que desconocen. Una vez los despegan de sus asientos ya se pueden jubilar, ¿no? Y qué jubilaciones, qué mimo estatal y administrativo se les dedica por sus pasados desvelos entre siesta y siesta: Dios también está con ellos.
¿Y nosotros, y vosotras? ¿qué pasa con vosotras y nosotros?
Pues está muy claro: contradecís la ley de vuestro Señor Dios y os da por trabajar cuarenta años, ¡cuarenta, joder! no seis días, no uno, no los simbólicos siete, no nunca. ¿Cómo coño queréis que Dios esté con vosotros, almas de cántaro, si os empeñáis en llevarle la contraria?
Es por eso que el ministro ese tan excesivo patán cuyo nombre no he logrado retener dice que las pancartas de los jubilados no servirán para nada; será patán el ministro, sí, pero sabe una cosa: Dios está con él, y a vosotras que os den lo mismito que a nosotros, queridas.
Algún alma más avispada se habrá fijado en que más arriba escribo “vuestro Dios” y no “nuestro Dios”; he de aclararlo ahorita mismo: Soy el único apóstata que conozco y, sin embargo buen lector de las Sagradas Escrituras, por eso, y a sabiendas de que ni Dios iba a estar conmigo ni yo con Él y que, por tanto mi jubilación hispana iba a ser miserable, he procurado trabajar lo menos posible durante toda mi vida.
Y aquí, cabreado como unas pascuas.
(abajo: Dios enseñando las manos para mostrar 
que no la hila)

aquí, un jubilado

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2 pensamientos en “UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS JUBILACIONES: EL DÍA SIGUIENTE

  1. ¡Joder! Ahora entiendo el puto tinglado este que se han montado. He de suponer que la mayor pensión la cobrará su puta majestad, que está designado por dios directamente y además no la hila un puto día. O sea: blanco y en botella, más evidente no puede ser.
    Carlitos.

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