VILLIERS

Como recientemente (justo abajo) cité de pasada al doctor Tribulat Bonhomet, me ha dado el capricho de volver a leer algo de Villiers, así que he acudido a alguno de mis libros y, directamente, a la novela corta que recordé en mi cita, la llamada Claire Lenoir:

                                                                                                       

CLAIRE LENOIR

MEMORANDUM DEL DOCTOR

TRIBULAT BONOMET

Miembro honorario de varias academias

catedrático de psicología

referente al

MISTERIOSO CASO DE LA DISCRETA

Y CIENTÍFICA PERSONA

VIUDA CLAIRE LENOIR

Así que releyendo confortablemente sentado en mi sillón llego a la página 54 de mi edición (que citaré más tarde) y me encuentro con este texto que había olvidado:

“En todos los países, todo ciudadano digno de ese nombre dispone, entre sus trabajos y sus comidas, de cerca de tres horas de ocio por día. Normalmente llena esos momentos de respiro con la ayuda de una pequeña charla inocente y digestiva, sobre los asuntos de la patria.Ahora bien, ¿si no pasa nada notable ni “grave”, en qué podrá centrar su discusión? Se aburrirá, falto de tema de conversación: y el aburrimiento de los ciudadanos es fatal casi siempre para los jefes de Estado. Cuando la lengua está ociosa el brazo está presto a actuar, y, como hay que llenar las tres horas citadas anteriormente, el conversador de ayer se convierte en el conspirador de hoy. Ese es el triste acento de las revoluciones.

Me parece entonces que es deber de todo buen gobierno suscitar, lo más a menudo posible, guerras, epidemias, acontecimientos de toda clase ( afortunados o desgraciados, poco importa), cosas, en fin, que sean capaces de alimentar la charla banal, inocente y digestiva de todo ciudadano.

Tras veinte, treinta, cuarenta años de perpetuo ¡quien vive! los reyes han desviado la atención: han reinado tranquilamente, se han divertido mucho y todo el mundo está contento. Esta es, en mi opinión, una de las principales definiciones de la alta diplomacia: ¡ocupar el espíritu de los ciudadanos al precio que sea, a fin de evitar cualquier atención sobre sí misma, cuando se ha tenido el honor de recibir de las manos de Dios la misión de gobernar a los hombres! ¡Maquiavelo -mi amado maestro- (lloro al pronunciar su nombre), nunca ha hallado una fórmula tan clara como ésta! así se concibe mi indiferencia por los acontecimientos, los imprevistos políticos y las complicaciones de los gabinetes de Europa; dejo el interés de las controversias que suscitan a espíritus cariados por un ansia congénita de perder el tiempo.

La extraña historia del Doctor Bonhomet; Alfaguara-Nostromo. traducción de Eduardo Bustos para esta colección dirigida por J.A. Molina Foix y Mauricio d’Ors. Madrid, 1977.

Una muy estimada y venerable colección la de Alfaguara-Nostromo, que aún no sé cómo ha resistido completa el devenir de los años y mis múltiples traslados.

En fin, sólo quería constatar lo poco que cambia el paisaje de los tiempos, de los humanos y de su inocente majadería. Ahora, los entretenimientos que los gobiernos de los diferentes estados y del mundo en general simplemente tienen más medios para lanzar sus redes de arrastre y palangres varios. Y todos pican, o casi todos (uno o dos de cada millón, no, estimo, pero no cuentan). Las redes sociales cumplen su cometido y, quien más quien menos reproduce fielmente personajes, bulos y estupideces sin fin, de todo con tal de no sentarse a pensar un minuto sin imágenes, sin ruido de fondo, a solas con su cerebro: Todos entretenidos en sus tres horas de ocio, incluso perdiendo las del sueño con tal de seguir enfangados en tanto dulce de una basta mixtura de miedo pánico, felicidad compulsiva y amor desmedido también pánico.

Un sinvivir, queridas y queridos, una angustia permanente, siempre sin darse cuenta que tanto angustia como angosto tienen la misma raíz: Angustus, ‘desfiladero o abismo profundo y estrecho’, es decir que cuando uno va y dice que está o se siente angustiado, lo que está diciendo es que permanece en ese desfiladero o abismo, y lo que siente es simplemente miedo, porque tanto desfiladeros y abismos son de siempre peligrosos.

Así que toda esta panoplia de disparates, horrores, guerras -todas injustas- antidisturbios cada vez más parecidos a los de los cómics de Moebius, catástrofes, baladronadas o majaderías emitidas por políticos de este u otro signo o de sus periodistas bien pagados, son -puedo afirmarlo sin temor- nuestros desfiladeros y nuestros abismos.

Y ahí permanecemos esperando nada.

O que alguien nos degüelle.

 

Así que ya sabéis por qué nunca reproduzco fotos de gobernantes, mandamases o propios; nunca reproduzco noticias (ni leo periódicos, ni escucho noticieros ni tengo TV)

en las que la mal llamada política tenga algo que ver ni comento nada de nada. Y es que es mejor leer y leer, aunque parezca que se olvidan textos

(que no se olvidan: simplemente quedan ahí, en el cerebro de uno, con sus alarmas conectadas).

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