¿ALGO DE SEXO?

-¿Un anecdotario quizá?-¿Qué pasa? ¿Nos va a contar ahora sus proezas sexuales, nos va a rayar con su fantasía desbordante? -No, no. Ya me libraré yo muy mucho de contar mi vida: me refiero a pergeñar algún pequeño florilegio de sexo literario, así, a vuela pluma (a vuela dedos, más bien: y me refiero a los dedos sobre el teclado, que todo lo mira usted por el lado libidinoso).

He de decir, para empezar, que carezco de todo pudor en cuanto al sexo se refiere; tampoco tengo el más mínimo pudor para expresar mis deseos ni para aceptar los de mi pareja eventual o más o menos fija. Lo mismo me pasa con la política. Me da mucho pudor, sin embargo: a) aparcar en doble fila, b) abrir los bolsos de las señoras y, por extensión, sus cajones, teléfonos, ordenadores, c) preguntar cosas a las personas que conozco (¿En qué trabajas? ¿Dónde vives?… y c) escuchar conversaciones ajenas. También me molesta enormemente que me hagan preguntas: (¿Eres vasco? Se te nota por el acento. Ésta es de una estupidez tan solemne que casi me da risa: normalmente contesto que de Huércal Overa, Murcia o de Nueva Caledonia. Por el acento.

En fin, a lo que iba. Tuve hace mucho tiempo un amigo erotómano, me decía:

-Emilio, tío, ¿me acompañas a la sección de lencería de ***? Me da corte ir solo. Le acompañaba: aunque a primera vista parezca un tipo duro, tengo buen corazón y no abandono a un amigo. Íbamos pues a tal o cual paraíso ensoñado por mi amigo y compañero (2º de Náutica. Portugalete), el cual miraba bragas y sujetadores arrobado, incluso hurtaba una u otra prenda más apetecible para la avellana de su cerebro. A veces le pillaba un vigilante, pero él contestaba muy serio con su acento sudafricano (nació allí: los de Bilbao nacen donde les da la gana)

-I wasn’t stealing it, you now? They’re not for me…tough they feel better than my underpants..

Y se quedaba tan pancho.

Yo le decía al vigilante con mi mejor sonrisa que no sabía castellano, que era un alma simple pero inofensiva: miraba la cosa (cosa, decía) y luego la volvía a su sitio.Pero otras veces, se iba al baño y volvía a la de un ratito con una sonrisa feliz y me decía:

-Llevo puestas las rosas: son de mi talla.–

¿Te la has cascado? Le decía yo.

-Claro, tío. Lo normal, no?

Un genio, mi amigo. Lo que pasa es que nunca se hizo famoso, pero el capitán Richard Burton, sí, el capitán Burton1821-1890) fue muy famoso, y no sólo como militar, diplomático, agente secreto de su Majestad británica, escritor, lingüista (29 idiomas, manejaba con soltura) y más hábil que Sherlock Holmes en el arte del disfraz. A él debemos la traducción de Las mil y una noches, del Kamasutra y del Ananga Ranga.

Un gran viajero, eso sí, y experto consumidor de drogas, Hachís y opio, preferentemente. Y encima se hizo sufí. Pero además ha sido uno de los erotómanos más conspicuos de la historia: su colección de pornografía y costumbres sexuales era enorme y erudita, lástima que su mujer -una beata lamentable y celosa- dio al fuego todo lo que pudo pillar de sus escritos y notas: poco se salvó. Pero nos quedan traducciones gloriosas como la de los Priapeos (poemas latinos a Príapo), o Il Pentamerone de Giovanni Batista Basile, alumno de Bocaccio y mucho más atrevido que él, aparte de las ya citadas. La verdad es que su vida debido ser apasionante. La tenéis publicada en España por Siruela en 1992. Supongo que habrá reediciones.

En el libro de Gavin Menzies (en el que se muestra la hipótesis de que fueron los chinos quienes descubrieron América y cartografiaron sus costas antes de que a los llamados ‘descubridores’ ni siquiera se les hubiera ocurrido (pero ésa será otra historia), en el libro, digo, 1421, el año en que China descubrió el mundo (2002; tradcc. esp.: Grijalbo, 2003) podemos leer (94) cosas como ésta:

Las concubinas y sus invitados podían disponer de ayudas sexuales y afrodisíacos. El afrodisíaco más popular estaba formado por un par de lagartos tojos, capturados mientras copulaban, a los que se sumergía en una jarra de vino. Luego se dejaba reposar en vino durante un año antes de venderlo. Estaban también “los genitales de un animal lascivo, el castor, de los que se obtenía una droga con la que se untaba el pene”, y resulta muy popular la “poción del pollo calvo”. El nombre de esta última se derivaba de un prefecto de Shu, que empezó a tomar el elixir a los setenta años. Su esposa quedó tan exhausta  de su posterior virilidad que “no podía ni sentarse ni acostarse”, e insistió hasta que su marido tiró la poción. Entonces un gallo joven la ingirió, saltó sobre una gallina y “siguió copulando varios días sin interrupción, picoteando la cabeza de la gallina hasta que la dejó completamente calva.

Más adelante…:

los chinos se sientan enormemente intrigados por las exóticas mujeres de Malaca: “La capacidad mental de las esposas excede con mucho a la de sus maridos. En el caso de que una de las esposas tenga una relación muy íntima con uno de nuestros compatriotas, y esta le permita celebrar fiestas e ir de jarana con ella, su marido parece estar tranquilo y no se enfada, sino que sencillamente observa: “Mi esposa es hermosa, y el chino está encantado con ella””. Los hombres de Malaca dedicaban una cantidad de tiempo considerable a dar placer a sus mujeres. Les ayudaban en ello unas cuenta de cristal de fabricación china que todavía se practica hoy en algunas partes del sudeste asiático.

(Cuando un hombre ha llegado a su vigésimo año, coge la piel que rodea el pene, y con un fino cuchillo en forma de cebolla la abre e inserta una docena de pequeñas cuentas bajo la piel  (…) Una vez insertadas, cuando andan se produce un tintineo que se considera hermoso…)

(…) Dei Conti (Niccolo dei Conti, 1395-1469. cartógrafo) describe cómo los orgasmos de las mujeres se veían potenciados por las cuentas insertadas en los penes de los muchachos…

Sobre los placeres sexuales chinos (y demás placeres adjuntos: comidas y bebidas) hay mucha literatura, pero a mí me gusta especialmente uno que brilla con luz propia en mi biblioteca: El de Jin Ping Mei, traducido (no muy afortunadamente, según mi parecer) como El erudito de las carcajadas (Atalanta, 2011), un libro muy divertido y preciosamente ilustrado.

-Maldita esclava, tu papi está deseando acostarse contigo en el fondo de su corazón.

-y dejó al descubierto su miembro para que Li Ping’er lo viera.

Asustadísima ella exclamó:

-Ah ¿Qué has hecho para que esté tan grande?

Tomé la poción del monje bárbaro:

-Si no te acuestas conmigo, me voy a morir de excitación…

El primer libro porno o erótico o como se quiera llamar que leí fue el de Georges Bataille, Histoire de l’oeil (aparecido en1928 en edición clandestina firmada bajo seudónimo (Lord Auch) con litografías de André Masson) y lo hice en mi francés incipiente y trabajoso (lo que no entendía con claridad lo ponía yo gustosamente) cuando era un tierno adolescente interno allá, en el bonito valle del Baztán. Más tarde tuve una edición parisina de Ruedo ibérico que algún bastardo hijo de un hurón y una camella me robó impunemente y que nunca he podido volver a adquirir. Como la historia la llevaban unos adolescentes (y me identificaba con ellos) -ella, Simone- sobre todo- de una manera en extremo perversa, ya podéis imaginar cómo pasaba yo mis ratos libres. Cuando vi en París la película de Nagisa Òsima, L’empire de sens, cuando Toku “pone un huevo” recordé ardientemente la escena en que Simone “ponía” el suyo. Qué tiempos.

Me aficioné a Bataille; leí Bleu du ciel , L’impossible, Ma mère …y de él pasé a Apollinaire, a Les Onze Mille Verges ou les Amours d’un hospodar, “Las once mil vergas” en la edición española, también publicada en forma clandestina en 1906. Estaba lanzado, vaya y gracias a estas novelas tan -digamos- fricativas, fui aprendiendo algo de francés, para que luego digan que el impulso sexual no sirve para gran cosa.

En fin, no voy a enumerar aquí la cantidad enorme de literatura erótica que he devorado desde Apuleyo y Catulo hasta aquí, porque tardaría unos cuarenta años en terminar el articulo, Tampoco diré cómo he aplicado sus enseñanzas: sólo un par de curiosidades que quizá no sean muy conocidas para la mayor parte de vosotras, oh pacientes lectoras y lectores.

Una sería el caso del escritor E.T.A. Hoffman (1776-1822), que quitó el Wilhelm de su nombre y lo sustituyó por Amadeus (Ernst Teodor Amadeus) porque admiraba a Mozart, y que llamaba a su padrastro (un déspota): “Dios mío”. Le conocemos por sus cuentos fantásticos (Offenbach compuso en él inspirado su ópera Los cuentos de Hoffman, su relato inquietante El hombre de arena que también utilizó Leo Delibes en su ballet Copelia, y (me arriesgo a decir) La banda de Thrash Metal Metallica (Enter Sandman), su famoso personaje, el ‘Kapellmeister’ Johannes Kreisler que inspiró a Schumann y a Wagner, Los autómatas, Vampirismo aparte de una copiosa producción musical, pues también fue músico. Y no malo.

Pero lo que ya no es tan notorio es que también escribió una novela erótica o porno, una de monjas, que ponía mucho en la época, Sor Mónica, Schwester Monika (erzäet und erfahrt) en el original (1815), en el que escribió cositas como ésta:

Con sumo cuidado levanté sus pequeños piececitos y observé entre las graciosas nalgas, la más bella mariposa alada (Lithosia rosea) que nunca haya visto mi voluptuosa fantasía.

Una novela muy digna de leer, dicho sea de paso.

Y como muestra de rarezas citaré aquí la curiosísima y excitante (y muy fuera de lo que hoy llamamos lo políticamente correcto) novela Josephine Mutzen-Bacher, Oder Junggendgeschichte einer Wienerischen Dirne, novela publicada en forma anónima en 1902.

Todo el mundo conoce a Félix Salten (1869.1945), el simpático creador de la archifamosa novela Bambi, una vida en el bosque (1923) y El sabueso de Florencia (1923), novelas ambas que inspiraron a la factoría Disney, las películas Bambi (1942) y The Saggy dog (2006).

Bueno, pues fue Salten quien escribió Josephine Mutzen-Baker, cuya protagonista comienza su aventura sexual a la edad de ¡siete años! novela de la cual no pienso extraer nada, no porque me de apuro hacerlo -que ni el más mínimo- sino que, tal y como está el patio, a lo mejor me encuentro con una denuncia por apología de la pederastia o algo así sin que nadie tenga en cuenta de que yo no soy el autor del texto, pero sí os diré que en la novela de Salten se inspiró la fundación del famoso Club Horack, en honor al cervecero Horack, personaje de la novela que tenía “una máquina de gran tamaño y delgadez”, de manera que sólo se admitían miembros que hicieran honor a esta cualidad.

Es -advierto- un libro muy difícil de conseguir, al menos a mí me costó un montón de tiempo encontrarlo en la única edición española que conozco, La de Jesús Díez. Barcelona, 1979 y que es un compendio de la editada en París en 1931.

Dos cositas más para terminar. Primero un relato de Frederic Brown (1906-1972): La flauta mágica, que trata de un matrimonio en segunda luna de miel en Calcuta, él, George (50 años) y ella, Elsa, (40); Elsa está decepcionada porque su marido no parece interesado en el el sexo, no al menos en el de ella y el viaje estaba siendo, por decirlo de una manera expresiva, harto seco…

Entonces llegaron a Calcuta. Llegaron apenas pasado mediodía. Después de refrescarse rápidamente en el hotel, decidieron salir a recorrer la ciudad, a fin de ver lo más que pudieran en las veinticuatro horas que pensaban pasar en ella. Y así llegaron al mercado. Y allí vieron a un fakir que realizaba el encantamiento de la cuerda. No la versión espectacular y complicada , en la que un chico trepa por la cuerda y… ¡Ustedes conocen tan bien como yo en qué consiste el gran truco del encantamiento de la cuerda! La que vieron fue la versión simplificada. El fakir, sentado ante un trozo de cuerda arrollado a sus pies, tocaba en su flauta unos compases sencillos que repetía constantemente y, a medida que tocaba, la cuerda se elevaba , rígida. Y esto sugirió a Elsa una idea maravillosa, de la que nada dijo, sin embargo a George. Volvió con él a hotel y, terminada la comida, esperó a que como todas las noches, subiera a acostarse a las nueve. (…)Gracias al intérprete consiguió comprar la flauta de fakir y aprender el secreto de la melodía que, repetida sin cesar, hacía erguir la cuerda. Volvió entonces al hotel. Subió a la habitación conyugal. George dormía como un lirón, según su costumbre. Sentándose cerca del lecho, Elsa comenzó a ejecutar la breve melodía, que reiniciaba una y otra vez… Y a medida que los compases iban repitiéndose, la sábana que cubría a su marido iba levantándose como empujada desde abajo. Cuando la sábana alcanzó una altura que le pareció suficiente, Elsa dejó la flauta y, con un grito de alegría, descubrió el cuerpo de su marido… Y entonces vio, perfectamente erguido, el cinturón del pijama de George.

¿A que mola?

Bueno, y la segunda cosita…

Todo el mundo sabe cómo acabó la tormentosa pasión entre Rimbaud y Verlaine: Este último le disparó dos tiros en la última discusión, uno le alcanzó a Rimbaud en un brazo y el otro falló, pero no es de los amantes de lo que quiero hablar pues otros lo hacen mejor que yo, sino de un solo soneto que viene aquí al pelo en este pequeño florilegio de sexo y literatura.

El soneto que sigue lo escribieron los dos amantes cuando la cosa era divertida y apasionada, cuando recorrían tabernas portuarias en Londres bebiendo desaforadamente. Es el soneto L’idole. Sonnet du trou du cul:

Obscur et froncé comme un œillet violet
Il respire, humblement tapi parmi la mousse
Humide encor d’amour qui suit la fuite douce
Des Fesses blanches jusqu’au cœur de son ourlet.

Des filaments pareils à des larmes de lait
Ont pleuré, sous le vent cruel qui les repousse,
À travers de petits caillots de marne rousse
Pour s’aller perdre où la pente les appelait.

Mon Rêve s’aboucha souvent à sa ventouse;
Mon âme, du coït matériel jalouse,
En fit son larmier fauve et son nid de sanglots.

C’est l’olive pâmée, et la flûte caline;
C’est le tube où descend la céleste praline:
Chanaan féminin dans les moiteurs enclos!

 

En realidad, este poema, escrito por Rimbaud y Verlaine, es intraducible, dada la cantidad de juegos de palabras, referencias de sentido ambiguo o múltiple, palabras con significado doble (culto-popular) y hasta bromas internas que contiene. ésta es una versión más o menos literal, sólo para hacerse una idea, pero el texto español casi no tiene nada que ver con el francés. Para ejemplo basta decir que “œillet” significa tanto “clavel” como “ojete”, por lo que “œillet violet” podría traducirse como “clavel violeta” o como “ojete amoratado”, entre otras posibilidades.

 

El ídolo (soneto del agujero del culo)

Oscuro y fruncido como un clavel violeta,
respira, abrigado entre el musgo humildemente,
húmedo aun del amor que fluye lentamente
por sus blancas nalgas hasta su borde orlado.

Filamentos como lágrimas de leche
lloraron, bajo el viento cruel que los rechaza,
cruzando pequeños coágulos de lodo rosa
hacia donde la vertiente los llama a perderse.

Mi boca a menudo se ha unido a su ventosa;
mi alma, el coito material anhela:
allí cava su lagrimal y de sus llantos morada.

Es el olivo desmayado, y la flauta mimosa;
es el tubo en que descienden celestes golosinas :
¡Canaán femenina entre humedades cercada!

 

Un pensamiento en “¿ALGO DE SEXO?

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