GATOS

He subido a la mansarda; estoy sentado en mi sillón con un libro en las manos: espero el ligero sopor posprandial.

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En el tejado de enfrente veo los repugnantes gatos: su indecente molicie al sol. Me producen un horror inefable.   accidente-harina-gato-demonio-3

Una sombra se agranda en el cielo; los gatos despiertan; con ojos de asombro la observan y comienzan a moverse inquietos.

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El águila (adalberti) cae como un rayo, atrapa a uno de esos demonios, le parte con un movimiento convulso el espinazo.

Con el cuerpo desmayado asciende a las alturas: “Uno menos”, pienso, y en ese momento se oye una tremenda explosión: entonces despierto.

El libro despatarrado en el suelo.