ALMADRABAS

Entro en el bar con tan buena pinta; echo un vistazo general en la luz tenue; veo un sitio libre en una L de la barra: lo ocupo. A mi izquierda hay un borrachín bien vestido que parece farfullar solo o contra sí mismo; a mi derecha, una atractiva mujer bebe solitaria. Muy atractiva. Un martini ¿de vodka? La miro ligeramente, me mira ligeramente, sigue a sus cosas. No pienso, le digo con mi mejor sonrisa de chico bueno: “¿Me invitas a una copa?” Me mira de nuevo. Directamente, más despacio. “¿Qué tomas”? dice tranquilamente: su voz de soprano. “Glenrothes. Sin hielo, vaso de agua aparte”.

Ni pestañea: hace una seña al camarero y pide lo mío ” y otro para mí”.

Me invitó a un par de ellos más blablabá esto blablabá lo otro. Le gustaba Blake y Stefano Benni -mujer de extremos- . “A mí, a veces”. “¿Quién?” “Blake” ¿Y Benni? “Siempre”

“¿Tomamos la última? En mi casa.

Llevo ya algo más de tres meses allí, en su casa: Me hace de comer, me compra ropa, exterior e interior, una ropa estupenda, y no te digo los zapatos. Todo. Me saca por las noches por ahí. Copas, teatro, bailar, restaurantes… Follamos como locos infatuados. Y todo lo paga ella, sobre eso, el dinero, no me ha hecho ninguna pregunta, a veces hasta me mete algunos billetes en el bolsillo y aprovecha para acariciarme por dentro.

¿Me da vergüenza? Ni pizca.

Dicen que el dinero le da seguridad a uno. Es posible. Sin embargo hace unos meses, unos días más de los que llevo con ella me tocó la Primitiva: un millón y bastante pico, ni me acuerdo.

Y aún no he encontrado el modo de decírselo.

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UNA NAVIDAD MINIMALISTA CON MURCOF-LULLY

Murkof. Festival Sonar. 2007

Fernando Corona es el nombre de quién firma Murcof desde el año 2001, un músico nacido en 1970 en Tijuana y que vive algún tiempo en Ensenada de donde pasa a Barcelona. Participa en agrupaciones de música electrónica, jazz y rock, funda con otros músicos el Colectivo Nortec de la Baja California y, desde hace años enfoca su música hacia una suerte de minimalismo electrónico que basa en microsonidos solapados a la música instrumental clásica. Arvo Pärt o Henrik Górecki están en la música de Murcof junto con otros músicos del siglo XX residentes en lo que se llamó Europa del Este, en la época en que Alemania estaba felizmente dividida.

Entre Martes (2002) y La sangre iluminada (2009), justo antes de éste, publicó su álbum, The Versailles session (2008) del cual extraigo el tema Lully’s Turquerie.

¿Y a qué se refiere el término turquerie, o turquería (traducción mía de la cual me atengo a la crítica que sea)? Turquerie o, en inglés, Turkery, es como se denominaba a una moda orientalista en la Europa Ocidental desde el siglo XVI hasta el decimoctavo, un gusto por glosar o iterar aspectos de la cultura y arte turco, el asombroso exotismo del Imperio otomano que fue siempre una grave amenaza militar para Europa, sangrientas guerras (en una de las cuales muere Lord Byron, como correspondía a un romántico rico y desocupado) y conflictos que han llegado hasta nuestro tiempo. Este movimiento se reflejó en casi todas las manifestaciones artísticas, como pintura, literatura, música e, incluso, en la arquitectura o en la moda del vestido o de la decoración, pero aquí me atendré exclusivamente a la música, recordando de pasada obras como el tercer movimiento Alla turca de la sonata nº 11, Kv 331 de Mozart o la Marcha turca incidental en la obra de Beethoven Die ruinen von Athen, aunque originalmente aparece en sus Seis variaciones Opus 76, de la cual deriva The elephan never forgets, de Jean Jacques Perrey.

J. B. Lully

Pero la obra que traigo hoy está basada en la de Jean Baptiste Lully (1632-1687), Marche pour la Cérémonie des turcs (https://www.youtube.com/watch?v=ScyTHuKDCFc), tema que mucha gente recordará de la estupenda película de Alain Corneau Tous les matins du mond (1991) con música interpretada por Jordi Savall, y que Murcof titula, como he escrito más arriba Lully’s Turquerie, interpretada por un guión avanzado. En ella, Murcof parece que cambia la tonalidad sin hacerlo y mantiene el compás original e, incluso, aspectos conspicuos de la percusión solapando la intromisión de frases minimalistas hasta que es el minimalismo el que se sobrepone al original, acabando con una frase interpretada con sonido de quena que evita definitivamente el final armónico que parecía prometer.

Como siempre, no sé si apreciaréis este tipo de composición, a mí, me fascina; por eso la traigo: Claro.

 

LOS DÍAS ALCIÓNICOS

Los dioses son mala gente por naturaleza, esa es la verdad. Todos. A veces, algunos se ablandan y ceden algo en su cólera o cabreo o como se diga tratándose de dioses. Eolo, por ejemplo tuvo una hija, Ἀλκυόνη o Alcíone, que enamorada casó con Κήυξ o Ceix, que era rey en Tesalia e hijo de Ἓσπερος, o sea Eósforo que quiere decir Hijo del Astro de la Mañana, es decir, Lucifer para los romanos, y precisamente hago esta pequeña elipsis para que veáis que de demonio bíblico, nada, que la Biblia sólo toma tradiciones previas y las tergiversa como hacen todas las religiones. Bueno, Eolo tuvo pues una hija, Alcione que casó con Ceix y eran tan, tan felices ellos que se comparaban a Zeus y Hera (que de felices, nada, sobre todo a causa de la rijosidad de Zeus, todo el rato pensando en eso), pero a lo que se ve, como si fueran pequeñoburgueses, aparentaban formas y todo eso, así que no les hizo ni pizca de gracia que esos dos, Alcíone y Ceix se compararan con ellos en connubial felicidad.

“De eso, nada” Dijeron entrambos.

Y sin más historias los transformaron en aves, a ella en alción y a él en somormujo (κήϋξ, cuyo es su nombre griego). Y diréis, “coño, ya podrían haberlos transformado a los dos en una pareja de alciones”, pues no, y eso que estaría estupendo: un matrimonio perfecto pues los alciones ni siquiera tiene dimorfismo sexual. Pues tampoco: “Que se jodan” dijeron al unísono Hera y Zeus.

Un inciso tonto: El alción (Alcedo atthis) es el ave que llamamos Martín pescador, ese rapidísimo pájaro que caza bajo la superficie de las aguas para desgracia de inocentes pececillos y que a pesar de sus llamativos colores es tan difícil de ver si no está uno muy atento.

Pareja de alciones en cópula. Foto de Bohuš Číčel 

Y es que rara es la vez que no salen al aire sin su presa: veloces cazadores.

Ovidio, que interpretaba a su modo los mitos nos dejó otra versión más piadosa pero menos atractiva desde un punto de vista literario o trágico: Ceix, en un arrebato, decidió embarcar para consultar al oráculo con tan mala fortuna que, en una tremenda tempestad, la nave fue a pique y él murió ahogado, devolviendo el mar a su debido tiempo el cuerpo a las olas y a la orilla donde, no se sabe cómo, lo encontró su esposa que por allí pasaba; desesperada -pues grande era su amor- se transformó en ave de lastimera voz y los dioses, afirma Ovidio, le concedieron al marido muerto una metamorfosis semejante, de ahí -claro- el ausente dimorfismo del que hablaba yo antes. Ovidio, como un personaje que yo me sé de la novela El éxtasis y la pasión (Octavio Colis, 2017), no daba puntada sin hilo.

A lo que iba, que ya lo estaba olvidando, resulta -y vuelvo a la primera versión, la trágica- en que Alcíone, ya en su actual metamorfosis, hacía sus nidos al borde del mar y siendo que las olas tempestuosas lo destruían implacables, el mismo Zeus que la castigó por ser feliz con su pareja, se apiadó de ella y ordenó a los vientos calmasen durante los siete días que anteceden y los otros siete que suceden al solsticio de invierno, período en que Alcíone empolla sus huevos cosa que no sucede en realidad (ponen en abril y en junio y nunca en los acantilados marinos), pero esto sólo es un cuento.

Esos son los llamados Días del alción, los días en que no se conocen tempestades, los Días alciónicos, que es de lo que trataba este pequeño relato dedicado con cariño a Isabel García-Rodeja, que fue la que me inició en este mundo pajarero que tantos momentos dichosos me va dejando.

Con lo que no contaba Zeus es que los humanos, de algunas de cuyas hembras tanto gustaba, iban a cambiar no sólo la superficie de la tierra sino su clima; quizá esos días del alción ya no existan y hayan sustituidos por días de clima azaroso que quién sabe, pero yo, en el conjuro del relato, espero que al menos este año sucedan. Fijaos bien: Han de empezar el 14 de este mes y acabar el 31.

¡Huid, oh vientos, a las tierras donde el alción no caza.

 

HOY, UN CANON

O, es decir, eso que te sale si escribes (en el pentagrama, claro) una melodía cualquiera sea para voz sea para instrumento, esperas unos compases, no muchos que hay que ir a comer algún día, y haces una segunda voz que repite exactamente lo que decía la primera (que sigue a lo suyo); he dicho exactamente, pero… puede cambiarse la tonalidad o algún otro aspecto de la melodía. Puedes liarte a escribir otras voces, es decir, vuelves a esperar los mismos compases (dos, digamos) y hacer una tercera voz y luego una cuarta o las que quieras; a la primera voz la llamas, dux que es la propuesta (o antecedente)y a las demás comes, es decir, respuestas o consecuentes. Ah, esta composición, el canon, ha de ser contrapuntística (contrapunto: esos simpáticos rellenos que hacen del resultado un continuo agradable y coherente).
Bueno, hay varias clases de canon, desde el canon al unísono (o tantas octavas por encima o por debajo del dux sin cambiar e intervalo, el canon perpetuus que sería como un replicante de sí mismo, así, a perpetuidad o hasta que los intérpretes se rindan, el espiral, como el que aparece en BWV 1079 (Ofrenda musical) que es un bucle en el cual el comes (consecuente: recordad) ha modulado en una tonalidad diferente a la del dux, el que lleva el curioso nombre de Cancrizante (de cancer, cangrejo) que resulta en una partitura especular, es decir simétrica, y unos cuantos más, hasta incluso uno dedicado a la libre interpretación (ad libitum), como en el jazz, en el cual el compositor no escribe ni tema canónico ni consecuentes, sino sólo el tema principal, siendo el intérprete el que decide desfase e intervalo.
En fin, el entretenido mundo del canon que, a pesar de lo que se suele creer (quiero suponer que a causa del nombre: canon, canónico) es muy muy variado.
Y ahora, naturalmente, esperaréis oh aplicadas lectoras que deje aquí, previa vana presentación el hiperfamoso y requeteabusado canon de Pachelbel, con lo cual quedará todo el mundo perfectamente satisfecho: ¡Por fin, una que sepamos todas!
Pues no, lo que voy a traer es una cochinadita del tipo ese de Salzburgo, W. A. Mozart, que era bastante travieso y a veces gustaba escribir cacaculopis, y va a ser el K. 231/382c en si bemol mayor, es decir una tonalidad alegre, incluso jocosa que va estupendamente con el título: Leck mich im Arsch, o sea, en castellano: Lámeme el culo, que es un canon a seis, como una ronda, escrito seguramente para sus amigotes de jarana.
Este canon fue censurado, cisurado y descontextualizado después de la muerte del autor y al cual, el editor le calzó este título tan decente como falso: Laßt froh uns sein, o sea, “¡Alegrémonos!”, que ya me diréis. Pero en 1991 (creo), apareció en la biblioteca de Harvard (sección música) el original firmado por Mozart (sin duda alguna) junto con otros nueve y entre los cuales había otro con otro título parecido pero más explícito: Leck mir den Arsch fein recht schön sauber (Lámeme el culo hasta dejarlo limpio“), K. 232d. Picarón Mozart.
Y es que mucha gente piensa que los intelectuales y artistas se chupaban el dedo, claro que para dejar de creer estas bobadas no hay como leer las cartas que Emilia Pardo Bazán escribía a su amigo Benito P. Galdós en el arrebato de su pasión (Sí, yo me acuesto contigo, y me acostaré siempre, y, si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien”, o “Te aplastaré… Te morderé un carrillito, o tu hocico ilustre… Te como un pedazo de mejilla y una guía del bigote… Te daré a besar mi escultural geta gallega… Búscame casita, niño… Te beso un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo.)
En fin, poco más que decir, tan sólo dejar constancia de la letra (traducida) del canon que nos ocupa y el enlace que he encontrado en YouTube antes afortunadamente de que el artículo 13 de la ley europea sobre derechos de autor no lo mande todo a tomarporsaco:
 
¡Lámeme el culo!
¡Alegrémonos!
¡Quejarse es inútil!
Murmullar, mascullar es inútil,
es la verdadera miseria de la vida,
mascullar es inútil,
¡murmurar, mascullar es inútil, inútil!
¡Así que estemos contentos y felices, alegres!
(humilde texto que dedico a una amiga que, por alguna circunstancia de la vida, estaba entristecida: ojalá la diosa Bastet haya de nuevo iluminado sus ojos)
 

UN BESO

 

Mi primer beso sucedió en clase de latín, doce años y ya ensoñando ¡ah besar

tus labios de serpiente, acariciar con mi lengua tus colmillos de tósigo ignoto, envenenarme en abismos de sueños y torturas Je baisai ses fines chevilles pero era de latín la clase, bien lo recuerdo Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris etcétera, pero eso no puede ser ¿Catulo a los doce años? Ya estás soñando de nuevo: más hubieras querido prope dimidia parte operis a Caesare diebusque in ea re consumptis etcétera, César, claro, y más que suficiente, oh aquellos gerundios fabulosos, aquellas lapidarias en ablativo absoluto Caesar, cognito consilio eorum ad flumen Tamesin in fines Casivelauni exercitum ducit esas manos, esas uñas que sangrarían mi piel de malévolo niño puer malicious sumido en delirios, en formas y colores descendentes, ese malbien pegajoso, esa vergüenza que nadie me mire, que sea invisible, esa oscuridad esa hoja afilada esa nada nada nada introibo ad altare dei numen para morir, morir, morir, claro, de deseo.

La vida y la muerte y el paso de los siglos.

RESPETO

                       Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius.

(“Matadlos a todos. Dios, luego, reconocerá a los suyos”, Béciers, 1209: Arnaldo Almaric, cisterciense, Legado Papal nombrado por Inocencio III para la represión y matanza de los albigenses, arzobispo de Narbona que, siéndolo, excomulgó a a Simón IV de Monfort a causa de la disputa por el Poder y los ingresos del Poder. Abad, general de la Orden del Císter.

Frase esta que procede de la Segunda epístola a Timoteo 2: 19 y del libro Números 16:5 y que define el criterio general de la iglesia católica respecto de los considerados desafectos.

Todos los dictadores, príncipes sanguinarios, reyes ominosos y feroces, todos los canallas encumbrados, los portadores de la ciega violencia, los asesinos, todos los Tiberios violadores de niños… todos ellos piden, exigen respeto.

La Iglesia exige respeto.

La Iglesia Católica, cuerpo de homicidas, pederastas, amparo de la codicia, niebla del crimen y de la sangre derramada, lámpara de avaricia, lujuria y boato insultante, exige respeto.

Católica sede, casa de la hipocresía, de la crueldad refinada o brutal según convenga, residencia de envidias, ocultas pasiones, traiciones, muerte, muerte, muerte, exige respeto…

Iglesia jardín, Iglesia paraíso de nazis, fascistas, asesinos croatas, cuchilleros, falangistas tiro en la nuca, policías represores, dictadores ensangrentados.

Ustachas e Iglesia.

Y se lo exige a las víctimas, sumisión y respeto, a los insultados, vejados, quemados, torturados, quebrados, desamparados, arruinados, embargados, presos, violadas, violados. Lo exige la misma Iglesia que repartió pasaportes vaticanos para las primeras figuras nazis y Jefes de las milicias ustachas y pasaportes de la Cruz Roja para segundones de manera que pudieran huir una vez perdida la guerra, en una operación que los servicios secretos gringos de entonces denominaron Rat Line, en referencia a los palos de los buques que se hundían y por donde intentaban escapar las ratas, esa misma iglesia que pactó con Mussolini, con Hitler, con Franco, al cual llevaba bajo palio a cambio de sus apoyos financieros, a cambio de la venda que tapaba robos y comisiones de delitos de sangre, esa misma iglesia que sabía perfectamente qué ocurría en Auschwitz y demás campos, que conocía el uso de lo que oficialmente se llamó en la Alemania nazi Nacht und Nebel (noche y niebla) que consistía en hacer desaparecer a las víctimas de todo tipo de registro, que sabía de las fosas en las carreteras de España, que mató en la plaza de toros de Badajoz, que bendijo las muertes que no pudo consumar por sus propias manos, que sembró España de curas Merinos sedientos de sangre.

La Iglesia católica bajo cuyo manto estáis bautizados, ésa, exige respeto.

(¿Cómo podéis seguir así, católicos sin apostatar?)

http://apostatar.org/

Nadie que escriba las líneas de arriba puede decir que respeta Iglesias, religiones, creencias estúpidas, supersticiones, ídolos o muñecos o cruces ensangrentadas, así que lo diré alto y claro: No respeto a los católicos como tales, ni a su iglesia, ni a sus jefes, ni a su Jefe; no respeto a su dios ni a ningún dios porque lo que no es no puede respetarse.

No respeto a obispos, curas, religiosos, beatos meapilas: me dan asco y a veces risa, pero pocas, casi siempre temor. Temor a sus miedos inconclusos, a esos miedos que producen odio y sufrimiento y prisiones y muerte.

No respeto ninguna religión, ningún dios, ningún  amo, ningún rey. Nadie que se apoye para su tiranía en un mandato divino merece mi respeto ni el de nadie que se precie como humano pensante y libre.

La religión es una peste, un cáncer, una lacra, y los religiosos, vampiros sedientos de riquezas y de la sangre de quienes la producen.

Es la oscuridad, la noche eterna, el frío, la muerte, la desolación, lo peor de la humana mente, las ocultas crueldades, la impudicia, la irresponsabilidad, la banalidad de todo crimen cometido en su nombre.

El odio, el odio, el odio.

Las guerras, los exterminios, la intolerancia, el freno a la curiosidad humana.

El fuego, el fuego, el fuego.

La prisión, la Inquisición, la censura, el nihil obstat. La reducción de la dignidad humana a la nada, la mentira como medio ecológico, la sumisión al poder, la abjuración de la propia libertad.

El miedo, el miedo, el miedo.

Luchad contra el falso respeto.

Respetad a los que dan y no piden.

Respetaos a vosotros mismos.

Apostatad.

No os rindáis, no respetéis lo irrespetable; sabed que la risa es seria: reíd, reíros de ellos, de obispos, curas, cardenales, beatos y beatas, dioses,  de ese que llaman Papa, un jefe de estado educado para la mentira.

NI espero venganza, ni la encarno.

Nada me es ajeno. Todo me hiere.

Vedlos como los que son: Payasos.

Eso sí, sedientos de oro, poder y sangre.

 

 

 

 

 

 

MORIR UNO MISMO

Lo que más me irrita del hecho de morirme es que dejaré un libro a medio leer, sin terminar, sin saber cómo acaba. O dos, que tengo la perniciosa costumbre de leer varios libros a la vez, y encima, con libreta y pluma a mano.

Y es que leemos para eso, para saber cómo acaba la historia, quién mata a quién, quién sobrevive, quién acaba el viaje, quién naufraga sin remedio.
Quién queda sin esperanza.
Qué desierto devora el mundo.
Para saber el final: para eso leemos, y yo me quedaré sin final, lo cambiaré por el mío propio.
El único final que no podré conocer nunca porque desapareceré con él.
Y el del libro.
Leer “FIN” y morir: ése es mi deseo.
(nota: Las dos primeras pinturas son detalles del cuadro “El Triunfo de la muerte”, de Bruegel; la tercera, es “El sueño de Dante ante la muerte de su amada”, de Dante Gabriel Rossetti)