UNA BATALLA DE AMOR

SAMSUNG CAMERA PICTURES
Las cosas que más alegrías me han dado (y me siguen dando, por fortuna) en la vida se pueden resumir en dos: El sexo y la conversación, sea peripatética o sedente en torno a una mesa bien provista; como el sexo engloba todo tipo de aficiones ¿qué subdivisiones hacer? Lo que es por mí, ninguna: todo vale. En cuanto a la conversación, la discusión argumentada, mis preferencias son: literatura, música y artes plásticas, algo después filosofía y política (de la que excluiremos groseros chascarrillos y majaderías varias).
Como la literatura, música, artes, política y filosofía forman un entramado disperso y sutil, normalmente se comienza hablando de una y se acaban tomando todas: es imposible separarlas, y aún me falta una conversación que también forma parte de esta red invisible pero cierta: la agricultura, que no es baladí, puesto que es la agricultura la que ha conformado nuestro mundo y¿acaso no bebemos y comemos cuando conversamos?
En fin, lo que traigo hoy es poesía música y sexo: todo a la vez.
-Tío, yo aquí lo dejo, porque la poesía en un coñazo y, además, no se entiende ni hostias.
-Vale, uno menos.
¿Queda alguien por ahí?
El poema que traigo es anónimo de momento y sirve de soporte para una canción.
La canción es una zarabanda y el poema, de estrofas irregulares al compás de la misma y versos octosílabos. Se titula:
UNA BATALLA DE AMOR
(¿bien, no?)
Y dice así:
Una batalla de amor
entre un galán y una dama
con sus armas en la cama
quiero cantar con primor.
El que no fuere amador
no me escuche, aunque no cante,
que destemplará el discante,
la prima, bajo y tenor.
Mas quien de amores se precia
gustará d[e] este placer
mucho más que de no ver
el tesoro de Venecia.
Ora sus, pues, comencemos
y diremos y diremos
d[e] estos valientes guerreros
cómo salieron en cueros,
bien armados, bien armados,
sin padrinos ni criados,
atabales ni trompetas,
porque en batallas secretas
se ven los enamorados.
En batalla, en batalla,
ella con broquel se halla
y él con un puñal sin punta,
que entiende si a él se ajunta
pasalla por una banda,
a la zarabanda.
Ella fiada en su broquel
ningún miedo tiene d[e] él,
porque sabe que con él
tiene una treta segura.
Para su ventura,
zarabanda y dura.
A los brazos han venido
y ella luego se ha rendido,
porque el broquel se ha rompido
como iba tan armado.
Antón colorado,
¡ay, Antón pintado!
El puñal de aquel encuentro
se lo metió hasta el centro,
y ella que lo sintió dentro,
con herida tan suave,
dice: “¡Ay, cómo me sabe! Un poquito antes que acabe.
Y mirando su herida,
la mano al puñal asida,
dice: “¡Ay de mí, dolorida!,
¿cómo entraste aquí y por dónde?
¡Ay, adónde, adónde,
por casa del conde!
Y enlazándose los brazos
se dieron cien mil abrazos,
haciendo las piernas lazos
hasta que llegó la hora:
A la matadora, a la perra mora.
Ella, que se ve morir,
le comenzó a decir:
“Ya viene. ¿Quieres venir?
Ven, mi vida, que te espero.
¡Madre, que me muero,
llámenme al barbero!
¡Que me muero, madre,
llamen la comadre!”.
Él dice: “Espera, mi bien,
que quiero morir también.
Ten ya compasión de quien
a la muerte se condena”.
María tan buena,
María de la Puebla.
La dama le iba aguardando,
y el galán a priesa dando,
y muriendo y suspirando
han cumplido su deseo.
¡Que me bamboleo,
madre, que me muero!
Al fin, se vieron a un punto
ella muerta y él difunto,
y echaron el resto junto
por no perder coyuntura.
Para su ventura,
zarabanda y dura.
En esta guerra de amor
el que muere es vencedor,
que revive el amador
por morir a cada hora.
Con la matadora,
con la perra mora.
Es lo malo de la poesía: No se entiende. SAMSUNG CAMERA PICTURES
En nuestro mundo, la poesía amatoria tuvo una enorme tradición, desde Grecia y Roma, aunque es cierto que a medida que se establecen lasa formas sociales, la hipocresía es mayor.
Tuvimos a nuestros juglares (y juglaresas) hasta que apareció Garcilaso y comenzó a hablarse de amor, amor, amor, pero nada de sexo. Se idealizó el amor y el tiempo pasaba para peor a partir del s.XIII, en que en vez de escribir sobre los placeres del sexo se escribía del peregrino placer del amor sin sexo. Y seguía pasando el tiempo, y a veces algún poeta se quitaba el manto de labios de rubí, dientes de porcelana y piel de mármol fino (el de la muerte sería).
La época más lamentable en la que el amor romántico imperaba fue la de la burguesía: Toneladas de papel romántico, idealista y majadero, de manera que ellas quedaron encerradas en una cárcel que tenía forma forma de altar, y ellos hacían de carceleros y en eso estamos, salvo algún jirón de alegría sin tonterías. Lo que parece no saber la gente es que tanto encarceladas como carceleros, todos viven en una cárcel. Peor para todos.
No quiero encarceladas, no quiero ser carcelero ni quiero amor romántico. ¡Sexo, sexo y sexo!
El disco que traigo y al cual pertenece esta canción es el último de Raquel Andueza y la Galanía (https://www.lagalania.com/tienda/elbaileperdido/): Una maravilla, creedme, titulada EL BAILE PERDIDO, una recopilación de danzas del s.XX español, letras picantes, danzas alegres que incitan al amor, al de verdad, digo. No tiraréis vuestro dinero (17,90 trompos).
Éste es el enlace:
                                        https://www.youtube.com/watch?v=01vBtTealbs

ESCLAVOS

ESCLAVO,s. xv. Tomado indirectamente del gr. bizantino sklávos, ‘esclavo’ y ‘eslavo’, derivado regresivo del gr. biz. sklavinós, ‘esclavo’, y éste de slovêninû, nombre propio que se daba a sí misma la familia de pueblos eslavos, que fue víctima de la trata esclavista en el Oriente medieval. El it. schiavo, equivalente de ‘esclavo’ pronunciado ĉau en los dialectos del Norte de Italia y empleado como expresión de cortesía en el sentido de ‘servidor de usted’, ha pasado como interjección de despedida al castellano de la Argentina y otros países americanos.

DERV. “Esclavista. Esclavitud”, 1604. “Esclavizar”. Esclavina”, 1335, de la mencionada antigua forma gr. sklavinós por la vestidura tosca que llevaban los eslavos en peregrinación a Roma y a Compostela.” (Corominas, Bv. Diccionario etimológico de la lengua castellana. Gredos, 1967)

Es decir, que esclavo deriva del eslavo de la misma forma que esclavina (sobreprenda que va encima de las hombreras del capote) a causa de un préstamo del bizantino que a su vez lo toma de ‘esloveno’, eslavo, que los dichos eslavos querían que procediera de slob, es decir: hablar, lengua. Quizá los italianos, por aproximación fonética pronunciaban eslavo como esclavo, como podemos observar en el antiguo nombre de lo que fue Yugoslavia: Esclavonia.

En la Alta edad media, los alemanes (como siempre y hoy hicieron y hacen: arramblar con todo presos de su codicia) cruzaron el Elba e invadieron las tierras eslavas, esclavizando a sus habitantes, llevándolos a los mercados de Narbona donde los compraban los catalanes que, a su vez, los llevaban a Al- Andalus, a Lucena en Córdoba, donde eran emasculados sanitariamente (los pueblos del norte eran unos zotes en medicina y cirugía y una pandilla de bárbaros ignorantes), y de allí, de Lucena eran distribuidos y comprados por las clases altas y la Corte, donde eran muy apreciados como esclavos domésticos, formando, más adelante, parte de la burocracia palaciega y llegando algunos a altos puestos de la Administración.                                  350px-S._V._Ivanov._Trade_negotiations_in_the_country_of_Eastern_Slavs._Pictures_of_Russian_history._(1909)

Los andalusíes los llamaron siqlâb (pl. Sacâliva) y/o siclàvìn (de donde procede el pueblo extremeño Ceclavín, al NO de Cáceres, 1840 habitantes en 2019). De siqlâb procede la palabra castellana ‘ciclán’, es decir, falto de un testículo.

Sin embargo existe la esclavitud en el mundo (y digo ‘existe’ no por error), de manera que ¿por qué los llamamos esclavos, término que como hemos visto procede de tiempos relativamente recientes en vez de obtener el sustantivo de términos más antiguos y, en el caso de las lenguas romances, del latín?

Porque en latín, el esclavo era servus, ‘siervo’, término que tenía el mismo significado de propiedad sujeta a compraventa, sin embargo, durante el mandato de Diocleciano y a causa de la escasez de mano de obra en las zonas rurales, muchos siervos fueron manumitidos y adscritos como colonos a las tierras propiedad de sus antiguos amos y vinculadas a ellas, de manera que tenían de éstas un permanente usufructo pero no como propietarios reales sino como “trabajadores autónomos” que pagaban parte del beneficio a los verdaderos propietarios, los amos de antes. De esta forma la productividad crecía y el beneficio era mayor y sin riesgos para los dichos propietarios.

unnamedMás adelante, estos servi (que ya eran muy numerosos) seguían vinculados a las tierras en las que nacían ahora propiedad de los señores feudales, no pudiendo ellos (los servi) abandonar la tierra, estando sujetos a servidumbres, debiéndose alimentar por sí mismos siendo los productos de la tierra, caza incluida propiedad del señor que además podía disponer de ellos para causas bélicas y de ellas como ius primae noctis, sin embargo, técnicamente eran libres ya que no estaban sujetos a compraventa. De esta forma, la palabra servus dejó de significar a la persona poseída por un amo y tomó un sentido más amplio pasando de servi a serventes, es decir sirvientes más o menos asalariados.

Lo que siguió igual fue el hecho de la esclavitud que, como queda escrito arriba, comienza a usar con ese nombre a partir del siglo V/ VI. Y hasta hoy, siendo como es que aunque la esclavitud fue jurídicamente abolida en todo el mundo pasada la mitad del s. XX, es un hecho innegable que aún hoy existe en forma más o menos encubierta como trabajos en las capas más miserables o como trata para los mercados de la prostitución, por más que se intente utilizar un lenguaje políticamente correcto, tanto unos como otros casos siguen siendo técnicamente, casos de esclavitud pura y dura socialmente consentidos.Reportajes_360726682_109863237_1706x1280

Y así nos luce el pelo, pero ésa ya es otra historia.

Para ilustrar con música este pequeño artículo he escogido, cómo no, la obertura de Los esclavos felices, de Juan Crisóstomo de Arriaga, y aunque me hubiera gustado traer esta pieza en interpretación de la Sinfónica de Bilbao, me ha sido imposible encontrar ninguna. ¿Recuerda alguien en esta ilustre villa a nuestro Arriaga? ¿piensan quizá los responsables de la programación de la Sinfónica que la plaza de Arriaga bilbaina se refiere a algún general u obispo o político? No lo sé, pero resulta imperdonable esta ausencia así que a versión es la de la Orquesta de Cadaqués dirigida por Neville Marriner, que está estupenda.

GATOS

He subido a la mansarda; estoy sentado en mi sillón con un libro en las manos: espero el ligero sopor posprandial.

gato negro 1

En el tejado de enfrente veo los repugnantes gatos: su indecente molicie al sol. Me producen un horror inefable.   accidente-harina-gato-demonio-3

Una sombra se agranda en el cielo; los gatos despiertan; con ojos de asombro la observan y comienzan a moverse inquietos.

aguila-imperial-iberica-800x375

El águila (adalberti) cae como un rayo, atrapa a uno de esos demonios, le parte con un movimiento convulso el espinazo.

Con el cuerpo desmayado asciende a las alturas: “Uno menos”, pienso, y en ese momento se oye una tremenda explosión: entonces despierto.

El libro despatarrado en el suelo.

MUJERES

 

Voy a llevarme la contraria, pasar por encima de mi experiencia y carácter y me voy a permitir ser moderadamente optimista de la misma forma en que Aviva Dolars pretendía ser moderadamente multimillonario, y no por casualidad, no. Mirad: vas al hospital y todos son médicas, enfermeras, auxiliares; a la facultad de derecho y todo son chicas; a matemáticas, y lo mismo. La universidad es femenina; los juzgados son femeninos; la medicina es femenina: las chicas estudian, luchan denodadamente por su sitio; mi hija es historiadora del arte…
Sí, claro, los rectores son señores, los jefes son señores, los generales son señores, los dueños “de todo esto” son señores, pero sólo se defienden como gato panza arriba. El poder es masculino, pero las profesionales son mujeres, y quieren más.
Seguramente de ahí esta especie de auge de la violencia masculina, el cabreo masculino, los insultos y bromas amargas masculinas, este “quita de ahí: donde esté un hombre…”
A mí, que soy mayor y a mis amigos (los que escojo y me escogen) nos da la risa esta muerte anunciada, este colear del dragón moribundo, este fuego, esta ira. Y nos la da porque sabemos que en la igualdad está la libertad y sabemos que para que haya igualdad tiene que haber ventaja para ellas. Luego, ya se verá.
Siempre me he sentido más cómodo hablando con mujeres que con hombres pero hasta hace unos veinte o veinticinco años no sabía por qué. Ahora sí, claro: si las mujeres acceden a cualquier poder, ni yo ( ni los demás hombres inteligentes) tendremos que hacer al capullo y podremos vivir, más o menos como yo (y esos amigos de los que hablo) vivimos ahora: Bien. Paz para todo el mundo, si es que existe la paz.
Bueno, pues ya está, ya me he subido un rato al tren del optimismo, porque si ha de haber optimismo está en ellas: nosotros ya hemos roto bastante.
 
No tiene que ver (o sí) pero para cerrar estos pensamientos míos de esta noche os diré que hay una pianista (también las artes, las letras, la música las conquistan ellas con grandes esfuerzos y entusiasmo) que me encanta: la japonesa Hiromi Uehara (1979), compositora, música de jazz y otros estilos, como la clásica o el rock, un portento de mujer, de gran inteligencia y capacidad musical, una pianista de enorme claridad y limpieza que, desde los catorce años (intérprete con la Filarmónica checa) hasta hoy, ya admirada y aplaudida en todo el mundo ha seguido una carrera ascendente y genial.
Leo estos días la mierda que esos hombres perdiendo pie intentan echar sobre Greta Thunberg​ a quien que tan bien defiende mi amigo Octavio Colis: diecisiete años y la llaman niña cuando a Mozart con muchos menos le dicen genio. Ni caso: que ladren, que pateen, que escupan, rujan, insulten que hagan lo que les salga de esta inteligencia genital de que presumen. Ellas están aquí.
Y no piensan irse.
 

LA FORJA DE UN REBELDE

Es cierto que hay que leer a Galdós para entender nuestra historia pasada: las llamas de ayer, los rescoldos de hoy, pero hay otras llamas entre aquellas y estos, y esas las describe a la perfección otro escritor aún menos leído que Galdós y no menos importante: Arturo Barea (Badajoz, 1897-Faringdon (UK), 1957)
No voy a escribir un artículo sobre Barea sino tan sólo comentaré o entresacaré sucintamente algunos textos de su trilogía autobiográfica titulada La forja de un rebelde en sus partes La Forja (1941), La Ruta (1943) y La llama (1946)  publicada en Inglaterra, en el exilio, y por primera vez en castellano, en 1951, en Buenos Aires. En España apareció mucho más tarde, claro, en 1977, por Turner, que es la edición que conservo yo en mi casa; en realidad, tengo dos, la del 77 y la de 1984 (también de Turner) porque el deterioro de la primera hacía ya poco manejable su lectura.
En la primera, La Forja, describe su niñez en Madrid adonde su madre, viuda, lleva a sus cuatro hijos viviendo en un tugurio del Avapiés (Lavapiés actual) y trabajando ella de lavandera. Describe sus estudios en las escuelas pías, su imposibilidad de continuar los estudios estando muy bien dotado para ello, sus primeros trabajos: como recadista sin salario de un banco, aprendiz, oficinas…
El segundo título, La Ruta, trata del servicio militar en Marruecos donde describe a la perfección el ambiente de corrupción militar, siendo la única idea desde el último cabo hasta los generales, el enriquecerse mediante el expolio a los recursos del ejército y de los soldados reclutados obligatoriamente (a no ser que, como en Cuba pudieran pagar su exención del servicio). Describe muy plásticamente a personajes como Millán Astray o Franco en sus ansias de poder y su corrupción.
El tercero, La Llama, nos sitúa ya en el fallido golpe de estado de los generales y la consiguiente rebelión armada que devino en guerra civil. Su descripción es tan valiosa como precisa puesto que Barea lo ve todo -todo- y todo lo guarda y lo traspasa al papel, de ahí que quien realmente quiera saber qué pasó ha de leer La Llama, pero para entender La Llama, el lenguaje y discurso de Barea tendrá que leer los dos anteriores. Y por orden. Porque Barea tiene algo muy valioso: su honradez: nada escapa a su memoria y nada oculta al lector -ni a la historia-, pero además, Barea es un hombre muy inteligente y con el don del relato, pero su imposibilidad de seguir estudios académicos le convierte en un autodidacta, lo cual le hacer recurrir al lenguaje popular y eso hace de su relato algo precioso (de precio) sobre todo en su primer libro, ese en el que la miseria y la precariedad de la clase trabajadora española se describe tan plásticamente.
Y, por cierto que tanto se va pareciendo a la actual, y si no leed esto que extraigo (La Forja, pp. 264, 265):
-En los anuncios de El Liberal venía hoy buen anuncio: “Se necesita un contable. Empleo fijo” Aunque ya sé que ninguna oficina abre hasta las nueve de la mañana por lo menos, me fui allí a las ocho y media. Estaban ya cinco antes que yo.(…) A las diez había lo menos doscientos desde la puerta del primer piso hasta la mitad de la calle. Nos mandaron entrar a los diez primeros (…) Al lado hay una habitación con un mostrador el dueño, y allí se metió el dueño de la casa con el primero  (…) Lo empezó a preguntar su nombre, dónde había trabajado, etcétera
(…) El hombre trabajaba bien. Se veía que era un empleado que conocía su oficio (…)
-Bien, me gusta (…) ¿Cuánto quiere ganar usted?
– Lo que la casa tenga por costumbre pagar por el puesto.
No, no (…) dígame cuáles son sus aspiraciones.
Pues mire usted como contable en una casa así, de la importancia de la suya, no estaría mal unos sesenta duros al mes.
-¿Trescientas pesetas? ¡Usted está loco! ¡Trescientas pesetas! No amigo mío; éste es un negocio modesto (…) A ver, el segundo.
– Señor, aunque fuera menos, me podría quedar
– No, no, de ninguna manera (…)
Se volvió al segundo con una risita:
-¿Usted también tendrá pretensiones?
-Con treinta duros me arreglaría: llevo sin trabajar tres meses.
Entonces el sexto, un muchacho muy fino con lentes de oro, se levantó:
Yo soy perito mercantil y poseo el francés y el alemán, cosa que a usted puede interesarle. A Dios gracias no necesito sueldo para vivir. Así que para tener para mis pequeños vicios no necesito nada más.
(…)
-La plaza está cubierta -nos dijo a todos-. Y usted desde mañana puede venir a trabajar. Le daré cien pesetas al mes, y ya veremos más adelante cómo van las cosas…
¿No os suena esto? Lo que ya no suena igual es cómo sigue, pero para eso habrá que leer el libro.
Repito: La cualidad más conspicua de esta trilogía, de la prosa de Barea es su sinceridad y su testimonio de primera mano siempre acompañada por un lenguaje económico: apenas hay adornos ni metáforas que oculten la realidad.
Por ejemplo, en la parte en que se habla de la corrupción en la campaña de Marruecos, del enriquecimiento de los militares desde el último sargento hasta el más encumbrado general, no se utiliza un lenguaje panfletario ni nada por el estilo, sino los hechos sencillos del robo cotidiano y de cómo hacerlo:
(…)
-No parece ser muy difícil.
No. Esto no es difícil. Un estado de cuentas se manda cada mes al Tribunal de Cuentas, donde lo aprueban y lo archivan. Y el punto es que bajo ningún concepto tiene nunca que ser rechazado un estado de cuentas. Para eso, cada anotación debe tener su comprobante correspondiente. Y aquí tiene usted la llave más importante de nuestra contabilidad: EL COMPROBANTE.No hay comprobante, no hay dinero. Esta es la regla.
Tampoco eso me parece muy difícil.
– Ah, pero es difícil. La cuestión del comprobante es la más difícil de todas. Voy a darle un ejemplo y verá usted por qué: De acuerdo con el presupuesto, cada soldado tiene derecho a un par de alpargatas cada tres meses. Cuando se le dan sus alpargatas, se le anota en su hoja de vestuario. Eso sirve de prueba de que las ha recibido y ya no puede reclamar otro par. Ahora bien, la compañía tiene cien hombres, y cada tres meses Intendencia da cien pares de alpargatas para la compañía. El suboficial de la compañía firma un recibo por estos cien pares. Eso prueba que la compañía ha recibido sus cien pares y no puede reclamarlas más.El depósito de Intendencia precisa cada año, digamos ochenta mil pares de alpargatas. Se da la orden al almacenista o al fabricante, e Intendencia firma el recibo de estos pares, con lo cual el fabricante se presenta a cobrar su dinero. Nadie puede hacer una reclamación porque, como usted ve, cada uno tiene su comprobante.
(…)
Pocas alpargatas duran tres meses. Si un soldado pide otro par, después de uno o dos meses, se le dan las alpargatas, pero el coste se le descuenta de su haber. El coste total, no la cantidad proporcional al tiempo que le falta hasta que le den nuevas alpargatas. Cuando debía corresponderle un nuevo par de alpargatas, el soldado espera y espera, hasta que el cabo se decide a pedírselas al suboficial.
-Pero hombre, ¡te han dado alpargatas a primeros de mes!
-No señor -dice el soldado.
-¿Cómo que no? Mira la hoja del vestuario, tus alpargatas están tachadas. Pero en fin, si no estás conforme, reclámaselas al capitán.
 Claro es que ningún soldado es tan idiota que vaya a quejarse del suboficial, pero como realmente necesita otras alpargatas, se calla y las pide a descuento.
Es decir, que a la corta o a la larga cada soldado se paga sus alpargatas.
(…)
Y de esta forma se sigue explicando cómo se sacan los dineros del soldado, por una parte y del Estado por la otra: Hay mucho que repartir. Y cualquiera que haya pasado por el servicio militar obligatorio y no las pasara papando moscas podrá contar cómo se sacaban cantidades ingentes de dinero simplemente en el abasto de las cocinas: El Ejército es una enorme fuente de corrupción. Y no sólo en España, pero en España vivimos nosotros.
En el último volumen de la trilogía, La Llama, Barea describe, como siempre sólo aquello de lo que es testigo directo, en este caso, la Batalla de Madrid desde la rebelión de los generales africanos hasta su salida, primero a París y más tarde a Londres. También como siempre cuenta los hechos de manera neutra (no neutral, entiéndase), es decir: a pesar de militar él mismo en la UGT, no esconde hechos que siendo indecentes no por ello fueron menos ciertos; asimismo coloca en su justo campo ecológico la quema de algunas iglesias de Madrid.
Extraigo tan sólo dos párrafos de las 416 páginas del volumen: poco, es cierto, pero da una idea general y no quisiera pecar de prolijo en un pequeño artículo que sólo pretende avivar el deseo de lectura en quienes tienen a bien leerme. El primero procede de la página 250 de la edición citada:
Me ahogaba el sentimiento de impotencia personal frente a la tragedia. Era amargo pensar que que yo era un entusiasta de la paz, amargo pronunciar la palabra pacifismo. Me había convertido en un beligerante. No podía cerrar los ojos  y cruzarme de brazos mientras se asesinaba impunemente a mi propio país, sin más finalidad que el que unos pocos se hicieran los amos y esclavizaran a los supervivientes. Sabía que había fascistas de buena fe, admiradores del pasado glorioso, soñadores de imperios que desaparecieron para siempre, conquistadores que se creían en una cruzada; pero no eran más que carne de cañon del fascismo. Los otros, los herederos de la casta que habían regido España durante siglos, los que yo había conocido manejando la guerra en Marruecos, con su corrupción estupenda, con sus glorias retiradas, cebándose en latas de sardinas podridas, en sacos de judías llenos de gusanos: esto era lo que había que combatir. No era cuestión de teorías politices, sino de vida o muerte. Había que luchar contra los enterradores; los Franco, los Sanjurjo, los Millán Astray, que ahora coronaban su hoja de servicios cañoneando su propio país para hacerse amos de esclavos y a la vez convertirse para ello en esclavos de otros amos. Oh, ¿cómo un general puede tener tan poca vergüenza de sí mismo?
La verdad: no queda mucho -nada- que comentar a estas palabras que son un grito de agonía para un pacifista, y es que la verdad, la Verdad fue ésa: Los generales africanos amaban su propia podredumbre y no hallaron otro medio para seguir en ella y aumentarla que servir de sicarios a la clase dominante en España: caciques, nobles (¿qué nobleza?) e Iglesia católica. Y eso hicieron.
El siguiente párrafo que entresaco (Op.cit.: pp. 356, 357), Barea ha acudido al padre Lobo (no en confesión litúrgica: Barea no es creyente), un amigo, con el fin de desahogar su pena o su dolor o ambas cosas, pero Lobo no le contesta como esperaba (esta aparición de un cura en el relato lo hace aún más creíble y certero):
-¿Y tú, quién eres? ¿Quién te da a ti el derecho a erigirte en juez universal? Lo único que tú quieres es justificar tu miedo y tu cobardía. Tú eres bueno, pero quieres que todos sean buenos también, para que el ser bueno no te cueste ningún trabajo y sea un placer. Tú no tienes el coraje de predicar en lo que crees en medio de la calle, porque te fusilarían. Y como una justificación de este miedo, echas la culpa a los otros. Tú crees que eres decente y que piensas limpiamente, e intentas contármelo a mí y a ti mismo, afirmando que lo que pasa a los otros es culpa tuya y los dolores que tú sufres también. Te has unido a esa mujer, a Ilsa, contra todo y contra todos. Vas con ella del brazo y la llamas “mi mujer”. Y todos pueden ver que es verdad, que estáis enamorados uno del otro y que juntos sois completos. Ninguno de nosotros nos atrevemos a llamas a Ilsa tu querida, porque vemos que es tu mujer. Es verdad que habéis hecho daño a otros -a tus gentes-, y justo es que sufras por ello. ¿Pero te das cuenta de que también has sembrado una buena semilla? ¿Te das cuenta de que cientos de gentes que desesperan de encontrar jamás lo que se llama amor os miran y aprenden a creer  que existe y es verdad, y que pueden tener esperanza? Y esta guerra. Tú dices que es repugnante y sin sentido. Yo no. Es una guerra bárbara y terrible con infinitas víctimas inocentes. Pero tú no has vivido en las trincheras como yo. Esta guerra es una lección. Ha arrancado a España de su parálisis, ha sacado a las gentes de sus casas donde se estaban convirtiendo en momias. En nuestras trincheras los analfabetos están aprendiendo a leer y hasta hablar y están aprendiendo lo que significa la hermandad entre  hombres. Están viendo que existe un mundo y una vida mejores que deben conquistar y están aprendiendo también que no es con el fusil con lo que tienen que conquistar, sino con la voluntad. Matan fascistas, pero aprenden la lección de que no se ganan guerras matando, sino convenciendo. Podemos perder esta guerra, pero la habremos ganado. Ellos aprenderán también que pueden someternos, pero no convencernos. Aunque nos derroten, seremos los más fuertes, mucho más fuertes que nunca, porque se os habrá despertado la voluntad. Todos tenemos nuestro trabajo que hacer, así, que haz el tuyo en lugar de hablar de un mundo que no te sigue. Sufre y aguántate, pero no te encierres en ti mismo y comiences a dar vueltas dentro. Habla y escribe lo que tú creas que sabes, lo que has visto y pensado, cuéntalo honradamente con toda tu verdad. No hagas programas en los que no crees, y no mientas. Di lo que has pensado y lo que has visto y deja a los demás que, oyéndote o leyéndote, se sientan arrastrados a decir tu verdad también. Y entonces dejarás de sufrir ese dolor de que te quejas.
Es este párrafo el que me ha impelido a redactar el artículo, no sólo porque comparta sus ideas siendo como soy un acérrimo enemigo de la pena de muerte, sino porque es una muestra de sinceridad literaria y autobiográfica, de sencillez para explicar lo complicado. De Verdad, en dos palabras, así que nada más tengo que decir sino recomendar la lectura de esta trilogía, que es un espejo en el que mirarse en completa desnudez.
Vale.
¿ALGO DE SEXO?

¿ALGO DE SEXO?

-¿Un anecdotario quizá?-¿Qué pasa? ¿Nos va a contar ahora sus proezas sexuales, nos va a rayar con su fantasía desbordante? -No, no. Ya me libraré yo muy mucho de contar mi vida: me refiero a pergeñar algún pequeño florilegio de sexo literario, así, a vuela pluma (a vuela dedos, más bien: y me refiero a los dedos sobre el teclado, que todo lo mira usted por el lado libidinoso).

He de decir, para empezar, que carezco de todo pudor en cuanto al sexo se refiere; tampoco tengo el más mínimo pudor para expresar mis deseos ni para aceptar los de mi pareja eventual o más o menos fija. Lo mismo me pasa con la política. Me da mucho pudor, sin embargo: a) aparcar en doble fila, b) abrir los bolsos de las señoras y, por extensión, sus cajones, teléfonos, ordenadores, c) preguntar cosas a las personas que conozco (¿En qué trabajas? ¿Dónde vives?… y c) escuchar conversaciones ajenas. También me molesta enormemente que me hagan preguntas: (¿Eres vasco? Se te nota por el acento. Ésta es de una estupidez tan solemne que casi me da risa: normalmente contesto que de Huércal Overa, Murcia o de Nueva Caledonia. Por el acento.

En fin, a lo que iba. Tuve hace mucho tiempo un amigo erotómano, me decía:

-Emilio, tío, ¿me acompañas a la sección de lencería de ***? Me da corte ir solo. Le acompañaba: aunque a primera vista parezca un tipo duro, tengo buen corazón y no abandono a un amigo. Íbamos pues a tal o cual paraíso ensoñado por mi amigo y compañero (2º de Náutica. Portugalete), el cual miraba bragas y sujetadores arrobado, incluso hurtaba una u otra prenda más apetecible para la avellana de su cerebro. A veces le pillaba un vigilante, pero él contestaba muy serio con su acento sudafricano (nació allí: los de Bilbao nacen donde les da la gana)

-I wasn’t stealing it, you now? They’re not for me…tough they feel better than my underpants..

Y se quedaba tan pancho.

Yo le decía al vigilante con mi mejor sonrisa que no sabía castellano, que era un alma simple pero inofensiva: miraba la cosa (cosa, decía) y luego la volvía a su sitio.Pero otras veces, se iba al baño y volvía a la de un ratito con una sonrisa feliz y me decía:

-Llevo puestas las rosas: son de mi talla.–

¿Te la has cascado? Le decía yo.

-Claro, tío. Lo normal, no?

Un genio, mi amigo. Lo que pasa es que nunca se hizo famoso, pero el capitán Richard Burton, sí, el capitán Burton1821-1890) fue muy famoso, y no sólo como militar, diplomático, agente secreto de su Majestad británica, escritor, lingüista (29 idiomas, manejaba con soltura) y más hábil que Sherlock Holmes en el arte del disfraz. A él debemos la traducción de Las mil y una noches, del Kamasutra y del Ananga Ranga.

Un gran viajero, eso sí, y experto consumidor de drogas, Hachís y opio, preferentemente. Y encima se hizo sufí. Pero además ha sido uno de los erotómanos más conspicuos de la historia: su colección de pornografía y costumbres sexuales era enorme y erudita, lástima que su mujer -una beata lamentable y celosa- dio al fuego todo lo que pudo pillar de sus escritos y notas: poco se salvó. Pero nos quedan traducciones gloriosas como la de los Priapeos (poemas latinos a Príapo), o Il Pentamerone de Giovanni Batista Basile, alumno de Bocaccio y mucho más atrevido que él, aparte de las ya citadas. La verdad es que su vida debido ser apasionante. La tenéis publicada en España por Siruela en 1992. Supongo que habrá reediciones.

En el libro de Gavin Menzies (en el que se muestra la hipótesis de que fueron los chinos quienes descubrieron América y cartografiaron sus costas antes de que a los llamados ‘descubridores’ ni siquiera se les hubiera ocurrido (pero ésa será otra historia), en el libro, digo, 1421, el año en que China descubrió el mundo (2002; tradcc. esp.: Grijalbo, 2003) podemos leer (94) cosas como ésta:

Las concubinas y sus invitados podían disponer de ayudas sexuales y afrodisíacos. El afrodisíaco más popular estaba formado por un par de lagartos tojos, capturados mientras copulaban, a los que se sumergía en una jarra de vino. Luego se dejaba reposar en vino durante un año antes de venderlo. Estaban también “los genitales de un animal lascivo, el castor, de los que se obtenía una droga con la que se untaba el pene”, y resulta muy popular la “poción del pollo calvo”. El nombre de esta última se derivaba de un prefecto de Shu, que empezó a tomar el elixir a los setenta años. Su esposa quedó tan exhausta  de su posterior virilidad que “no podía ni sentarse ni acostarse”, e insistió hasta que su marido tiró la poción. Entonces un gallo joven la ingirió, saltó sobre una gallina y “siguió copulando varios días sin interrupción, picoteando la cabeza de la gallina hasta que la dejó completamente calva.

Más adelante…:

los chinos se sientan enormemente intrigados por las exóticas mujeres de Malaca: “La capacidad mental de las esposas excede con mucho a la de sus maridos. En el caso de que una de las esposas tenga una relación muy íntima con uno de nuestros compatriotas, y esta le permita celebrar fiestas e ir de jarana con ella, su marido parece estar tranquilo y no se enfada, sino que sencillamente observa: “Mi esposa es hermosa, y el chino está encantado con ella””. Los hombres de Malaca dedicaban una cantidad de tiempo considerable a dar placer a sus mujeres. Les ayudaban en ello unas cuenta de cristal de fabricación china que todavía se practica hoy en algunas partes del sudeste asiático.

(Cuando un hombre ha llegado a su vigésimo año, coge la piel que rodea el pene, y con un fino cuchillo en forma de cebolla la abre e inserta una docena de pequeñas cuentas bajo la piel  (…) Una vez insertadas, cuando andan se produce un tintineo que se considera hermoso…)

(…) Dei Conti (Niccolo dei Conti, 1395-1469. cartógrafo) describe cómo los orgasmos de las mujeres se veían potenciados por las cuentas insertadas en los penes de los muchachos…

Sobre los placeres sexuales chinos (y demás placeres adjuntos: comidas y bebidas) hay mucha literatura, pero a mí me gusta especialmente uno que brilla con luz propia en mi biblioteca: El de Jin Ping Mei, traducido (no muy afortunadamente, según mi parecer) como El erudito de las carcajadas (Atalanta, 2011), un libro muy divertido y preciosamente ilustrado.

-Maldita esclava, tu papi está deseando acostarse contigo en el fondo de su corazón.

-y dejó al descubierto su miembro para que Li Ping’er lo viera.

Asustadísima ella exclamó:

-Ah ¿Qué has hecho para que esté tan grande?

Tomé la poción del monje bárbaro:

-Si no te acuestas conmigo, me voy a morir de excitación…

El primer libro porno o erótico o como se quiera llamar que leí fue el de Georges Bataille, Histoire de l’oeil (aparecido en1928 en edición clandestina firmada bajo seudónimo (Lord Auch) con litografías de André Masson) y lo hice en mi francés incipiente y trabajoso (lo que no entendía con claridad lo ponía yo gustosamente) cuando era un tierno adolescente interno allá, en el bonito valle del Baztán. Más tarde tuve una edición parisina de Ruedo ibérico que algún bastardo hijo de un hurón y una camella me robó impunemente y que nunca he podido volver a adquirir. Como la historia la llevaban unos adolescentes (y me identificaba con ellos) -ella, Simone- sobre todo- de una manera en extremo perversa, ya podéis imaginar cómo pasaba yo mis ratos libres. Cuando vi en París la película de Nagisa Òsima, L’empire de sens, cuando Toku “pone un huevo” recordé ardientemente la escena en que Simone “ponía” el suyo. Qué tiempos.

Me aficioné a Bataille; leí Bleu du ciel , L’impossible, Ma mère …y de él pasé a Apollinaire, a Les Onze Mille Verges ou les Amours d’un hospodar, “Las once mil vergas” en la edición española, también publicada en forma clandestina en 1906. Estaba lanzado, vaya y gracias a estas novelas tan -digamos- fricativas, fui aprendiendo algo de francés, para que luego digan que el impulso sexual no sirve para gran cosa.

En fin, no voy a enumerar aquí la cantidad enorme de literatura erótica que he devorado desde Apuleyo y Catulo hasta aquí, porque tardaría unos cuarenta años en terminar el articulo, Tampoco diré cómo he aplicado sus enseñanzas: sólo un par de curiosidades que quizá no sean muy conocidas para la mayor parte de vosotras, oh pacientes lectoras y lectores.

Una sería el caso del escritor E.T.A. Hoffman (1776-1822), que quitó el Wilhelm de su nombre y lo sustituyó por Amadeus (Ernst Teodor Amadeus) porque admiraba a Mozart, y que llamaba a su padrastro (un déspota): “Dios mío”. Le conocemos por sus cuentos fantásticos (Offenbach compuso en él inspirado su ópera Los cuentos de Hoffman, su relato inquietante El hombre de arena que también utilizó Leo Delibes en su ballet Copelia, y (me arriesgo a decir) La banda de Thrash Metal Metallica (Enter Sandman), su famoso personaje, el ‘Kapellmeister’ Johannes Kreisler que inspiró a Schumann y a Wagner, Los autómatas, Vampirismo aparte de una copiosa producción musical, pues también fue músico. Y no malo.

Pero lo que ya no es tan notorio es que también escribió una novela erótica o porno, una de monjas, que ponía mucho en la época, Sor Mónica, Schwester Monika (erzäet und erfahrt) en el original (1815), en el que escribió cositas como ésta:

Con sumo cuidado levanté sus pequeños piececitos y observé entre las graciosas nalgas, la más bella mariposa alada (Lithosia rosea) que nunca haya visto mi voluptuosa fantasía.

Una novela muy digna de leer, dicho sea de paso.

Y como muestra de rarezas citaré aquí la curiosísima y excitante (y muy fuera de lo que hoy llamamos lo políticamente correcto) novela Josephine Mutzen-Bacher, Oder Junggendgeschichte einer Wienerischen Dirne, novela publicada en forma anónima en 1902.

Todo el mundo conoce a Félix Salten (1869.1945), el simpático creador de la archifamosa novela Bambi, una vida en el bosque (1923) y El sabueso de Florencia (1923), novelas ambas que inspiraron a la factoría Disney, las películas Bambi (1942) y The Saggy dog (2006).

Bueno, pues fue Salten quien escribió Josephine Mutzen-Baker, cuya protagonista comienza su aventura sexual a la edad de ¡siete años! novela de la cual no pienso extraer nada, no porque me de apuro hacerlo -que ni el más mínimo- sino que, tal y como está el patio, a lo mejor me encuentro con una denuncia por apología de la pederastia o algo así sin que nadie tenga en cuenta de que yo no soy el autor del texto, pero sí os diré que en la novela de Salten se inspiró la fundación del famoso Club Horack, en honor al cervecero Horack, personaje de la novela que tenía “una máquina de gran tamaño y delgadez”, de manera que sólo se admitían miembros que hicieran honor a esta cualidad.

Es -advierto- un libro muy difícil de conseguir, al menos a mí me costó un montón de tiempo encontrarlo en la única edición española que conozco, La de Jesús Díez. Barcelona, 1979 y que es un compendio de la editada en París en 1931.

Dos cositas más para terminar. Primero un relato de Frederic Brown (1906-1972): La flauta mágica, que trata de un matrimonio en segunda luna de miel en Calcuta, él, George (50 años) y ella, Elsa, (40); Elsa está decepcionada porque su marido no parece interesado en el el sexo, no al menos en el de ella y el viaje estaba siendo, por decirlo de una manera expresiva, harto seco…

Entonces llegaron a Calcuta. Llegaron apenas pasado mediodía. Después de refrescarse rápidamente en el hotel, decidieron salir a recorrer la ciudad, a fin de ver lo más que pudieran en las veinticuatro horas que pensaban pasar en ella. Y así llegaron al mercado. Y allí vieron a un fakir que realizaba el encantamiento de la cuerda. No la versión espectacular y complicada , en la que un chico trepa por la cuerda y… ¡Ustedes conocen tan bien como yo en qué consiste el gran truco del encantamiento de la cuerda! La que vieron fue la versión simplificada. El fakir, sentado ante un trozo de cuerda arrollado a sus pies, tocaba en su flauta unos compases sencillos que repetía constantemente y, a medida que tocaba, la cuerda se elevaba , rígida. Y esto sugirió a Elsa una idea maravillosa, de la que nada dijo, sin embargo a George. Volvió con él a hotel y, terminada la comida, esperó a que como todas las noches, subiera a acostarse a las nueve. (…)Gracias al intérprete consiguió comprar la flauta de fakir y aprender el secreto de la melodía que, repetida sin cesar, hacía erguir la cuerda. Volvió entonces al hotel. Subió a la habitación conyugal. George dormía como un lirón, según su costumbre. Sentándose cerca del lecho, Elsa comenzó a ejecutar la breve melodía, que reiniciaba una y otra vez… Y a medida que los compases iban repitiéndose, la sábana que cubría a su marido iba levantándose como empujada desde abajo. Cuando la sábana alcanzó una altura que le pareció suficiente, Elsa dejó la flauta y, con un grito de alegría, descubrió el cuerpo de su marido… Y entonces vio, perfectamente erguido, el cinturón del pijama de George.

¿A que mola?

Bueno, y la segunda cosita…

Todo el mundo sabe cómo acabó la tormentosa pasión entre Rimbaud y Verlaine: Este último le disparó dos tiros en la última discusión, uno le alcanzó a Rimbaud en un brazo y el otro falló, pero no es de los amantes de lo que quiero hablar pues otros lo hacen mejor que yo, sino de un solo soneto que viene aquí al pelo en este pequeño florilegio de sexo y literatura.

El soneto que sigue lo escribieron los dos amantes cuando la cosa era divertida y apasionada, cuando recorrían tabernas portuarias en Londres bebiendo desaforadamente. Es el soneto L’idole. Sonnet du trou du cul:

Obscur et froncé comme un œillet violet
Il respire, humblement tapi parmi la mousse
Humide encor d’amour qui suit la fuite douce
Des Fesses blanches jusqu’au cœur de son ourlet.

Des filaments pareils à des larmes de lait
Ont pleuré, sous le vent cruel qui les repousse,
À travers de petits caillots de marne rousse
Pour s’aller perdre où la pente les appelait.

Mon Rêve s’aboucha souvent à sa ventouse;
Mon âme, du coït matériel jalouse,
En fit son larmier fauve et son nid de sanglots.

C’est l’olive pâmée, et la flûte caline;
C’est le tube où descend la céleste praline:
Chanaan féminin dans les moiteurs enclos!

 

En realidad, este poema, escrito por Rimbaud y Verlaine, es intraducible, dada la cantidad de juegos de palabras, referencias de sentido ambiguo o múltiple, palabras con significado doble (culto-popular) y hasta bromas internas que contiene. ésta es una versión más o menos literal, sólo para hacerse una idea, pero el texto español casi no tiene nada que ver con el francés. Para ejemplo basta decir que “œillet” significa tanto “clavel” como “ojete”, por lo que “œillet violet” podría traducirse como “clavel violeta” o como “ojete amoratado”, entre otras posibilidades.

 

El ídolo (soneto del agujero del culo)

Oscuro y fruncido como un clavel violeta,
respira, abrigado entre el musgo humildemente,
húmedo aun del amor que fluye lentamente
por sus blancas nalgas hasta su borde orlado.

Filamentos como lágrimas de leche
lloraron, bajo el viento cruel que los rechaza,
cruzando pequeños coágulos de lodo rosa
hacia donde la vertiente los llama a perderse.

Mi boca a menudo se ha unido a su ventosa;
mi alma, el coito material anhela:
allí cava su lagrimal y de sus llantos morada.

Es el olivo desmayado, y la flauta mimosa;
es el tubo en que descienden celestes golosinas :
¡Canaán femenina entre humedades cercada!

 

PENSAMIENTOS DIVAGANTES EN TORNO A UN LIBRO

PENSAMIENTOS DIVAGANTES EN TORNO A UN LIBRO

Casi siempre, cada vez que recomiendo un libro o un autor, y alguien, leyéndolo, guste de él y lo comente aquí, en FB o donde sea, casi siempre, digo, me apetece tomar al autor de nuevo y darle un repaso en lectura azarosa, un golpecito en la espalda -el lomo del libro-, como agradeciendo su existencia.
En este caso ha sido Primo Levi, de quien comenté hace poco su Sistema periódico; no he tomado ese libro sino Si questo é un huomo (1947), (Si esto es un hombre (1987), publicada por primera vez (con poco éxito) en 1947, por segunda, en 1958 y, por fin, ya con el reconocimiento internacional, en 1963.
Me hablaron de ella, por primera vez en Italia en el ’66 (lo mismo me pasó con Lorca: lo conocí en Italia antes que en España por razones obvias). A Italia viajé, a Valconasso (Piacenza) entonces, en un programa de ayuda internacional en la reconstrucción de Europa que se llamaba Compagni di costruzione (compañeros constructores), promovida por el Partido comunista italiano. Allí conocí a Silvia Zoratti, que venía de Údine, al Nordeste de Venecia y Noroeste de Trieste, comunista convencida, algo mayor que yo y encantador recuerdo: Fue ella la que me introdujo a Levi, a Pitigrilli (aquel que oportunamente escribió: “La estadística es una ciencia según la cual todas las mentiras se tornan cuadros”), a Pirandello y a… Lorca. Tenía yo quince años aquel precioso verano, al que ella llamó Emilio.
Leo pues alguna frase suelta de Levi en este libro de los horrores de los Lager nazis, pero también esperanzador dentro de ciertos límites, ésta, por ejemplo:
No creo en la más obvia y fácil deducción: que el hombre es fundamentalmente brutal, egoísta y estúpido tal y como se comporta cuando toda superestructura civil es eliminada. y que el “Häftling” no es más que un hombre sin inhibiciones. Pienso más bien que, frente a la necesidad y el malestar físico oprimente, muchas costumbres e instintos sociales son reducidos al silencio.
En sí, estas palabras borran de la memoria la reducción tan conocida Homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre, y mal traducida como ‘El hombre es un lobo para el hombre’), frase que debemos, no a Rousseau, como pretenden los libros de texto habituales, sino a Plauto (254-184 a. E.C.) en su obra Asinaria o Comedia de los asnos, aunque la frase completa es más clara y no dice exactamente lo que parece en la reducción que todo el mundo conoce. Ésta: Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).
Comentaba hace poco mi amigo Octavio Colis (La vida de mi mujer (2013), La Luna sobre el río (2015),El Éxtasis y la Pasión (2017), Micromujer (2010), etc,  y el inminente El vino, en todos los sentidos, escritor, pintor y sabio de prodigiosa memoria, que no comprendía cómo ya no se estudia latín (desde hace ya tantos años) en el bachiller obligatorio, pero así es: no se estudia, y quedan los estudiantes con una enorme laguna en sus conocimientos que más tarde les pesará, y a los más curiosos, como una losa.

Recuerdo el Trieste (en latín, Tergeste) de 1966, de aquel verano adonde fui después de terminar el trabajo en Valconasso con Silvia como encantadora guía, una ciudad abierta y cosmopolita, la ciudad de mi admirado Claudio Magris (1939) autor de maravillas como Danubio (1986; en España, 1988), Microcosmos (1997; Esp., 2006), Ítaca y más allá (1982; Esp., 1989), Alfabetos (2008; Esp.: 2010), Utopía y desencanto (1999; Esp.: 2004), Lejos de dónde (1971; Esp.: 2002), Así que usted comprenderá (2006; Esp.: 2007) y otros más que ahora no recuerdo y que para recordar tendría que levantarme e ir a las estanterías y no me apetece. La vieja ciudad ilírica de la antigüedad, que fue al principio un mercado (‘terg’) y considerada colonia romana por Julio César, puerto franco desde 1719, que resistió a la italinización posterior a la 1ª guerra mundial. Alessandro Lotta, Italo Svevo, Vladimir Bartol y otros músicos y escritores allí nacieron; James Joyce y Rainer Maria Rilke, allí residieron. Sus calles antiguas, su hermoso ayuntamiento, el rosetón de la catedral bajo cuya luz el cabello de Silvia, sus ojos, brillaban iridiscentes, sus calles de agua…

Claudio Magris

Pero sigo con Levi, con el libro que tengo en las manos, del cual quiero extraer otra cita, ya del final en el que fija algunas de las preguntas que le hicieron aquí y allá en las múltiples conferencias que llegó a dar.
La pregunta fue ésta:
En su libro no hay expresiones de odio hacia los alemanes, ni rencor ni deseo de venganza. ¿Los ha perdonado?
Y ésta es la respuesta (a la que siempre me he adherido):
Por naturaleza el odio no me viene fácilmente. Lo considero un sentimiento animal y torpe, y prefiero en cambio que mis acciones y mis pensamientos, dentro de lo posible, nazcan de la razón; por ello nunca cultivé en mí mismo el odio como deseo primitivo de revancha, de sufrimiento infligido a mi enemigo real o presunto, de venganza privada. Debo agregar que, por lo que creo percibir, el odio es personal, se dirige a una persona, un hombre, un rostro: pero nuestros perseguidores de entonces no tenían rostro ni nombre, lo demuestran las páginas de este libro: estaban alejados, eran invisibles, inaccesibles. El sistema nazi, prudentemente, hacía que el contacto directo con esclavos y señores se redujese al mínimo (…)

Primo Levi

Por lo demás, en los meses en que este libro fue escrito, en 1946, el nazismo y el fascismo parecían realmente carecer de rostro: parecían haber vuelto a la nada, desvanecidos como un sueño monstruoso, según justicia y mérito, tal como desaparecen los fantasmas al cantar el gallo. ¿cómo habría podido cultivar el rencor, querer la venganza contra un conjunto de fantasmas?
Pocos años después Europa e Italia se dieron cuenta de que se trataba de una ingenua ilusión: el fascismo estaba muy lejos de haber muerto, sólo estaba escondido, enquistado; estaba mutando de piel, para presentarse con piel nueva, algo menos reconocible, algo más respetable, mejor adaptado al nuevo mundo que había salido de la catástrofe de la 2ª Guerra Mundial que el fascismo mismo había provocado. Debo confesar que ante ciertos rostros no nuevos, ante ciertas viejas mentiras, ante ciertas figuras en busca de respetabilidad, ante ciertas indulgencias, ciertas complicidades,la tentación de odiar nace en mí, y hasta con alguna violencia: pero yo no soy fascista, creo en la razón y en la discusión como supremos instrumentos de progreso, y por ello antepongo la justicia al odio. Por esa misma razón, para escribir este libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje del vengador (…)
No querría empero que abstenerme de juzgar explícitamente se confundiese con perdón indiscriminado. No, no he perdonado a ninguno de los culpables, ni estoy dispuesto ahora ni nunca a perdonar a ninguno, a menos que haya demostrado (en los hechos, no en la palabra, y no demasiado tarde) haber cobrado conciencia de las culpas y los errores del fascismo nuestro y extranjero, y que esté decidido a condenarlos, erradicarlos de su conciencia y la conciencia de los demás. En tal caso, sí, un no cristiano como yo, está dispuesto a seguir el precepto judío y cristiano de perdonar a mi enemigo; pero un enemigo que se rectifica ha dejado de ser mi enemigo.
Palabra por palabra, punto por punto comparto estas palabras y como tal las cito aquí, escritas ahora en el país en que nací y vivo, en este país donde el fascismo ni siquiera ha cambiado de cara ni de brutalidad; sólo ha dejado en el arcón de los desvanes el traje azul, los correajes, y no del todo, no tanto. No seré yo quien perdone ni a los antiguos e impunes criminales ni a los actuales, defendidos ahora por grandes cortinones de riqueza acumulada tras setenta años de expolio, de propaganda demagoga y falaz, de la reescritura de la historia bajo el miserable manto de la mentira sistemática y el discriminado reparto de miedo y estupidez.
Y para terminar, pues incluso en el imperdón hay que ser breve, un aviso para los actuales tiempos, en España y en esta Europa injusta, en la que poco a poco la riqueza se acumula en menos manos, en la que los países del sur nos hemos convertido en feudatarios de los del norte, de Alemania exactamente: en vasallos nos están convirtiendo , no en gente libre: A la deuda que acumulamos, le llaman deuda, pero son tributos. Los fascistas están aquí, en los bancos, en las corporaciones, en la industria farmacéutica (por tercera vez), en el Poder escondido, pero cada vez menos, los nazis están aquí, bien trajeados desuniformados, educados y finamente crueles. Nada de gritos, nada de líderes esperpénticos: Ya no les hace falta.
Hay que desconfiar, pues, de quien trata de convencernos con argumentos distintos a la razón, es decir de los jefes carismáticos: hemos de ser cautos en delegar en otros nuestro juicio y nuestra voluntad. Puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos, es mejor sospechar de todo profeta; es mejor renunciar a la verdad revelada, por mucho que exalte su simplicidad y esplendor, aunque las hallemos cómodas porque se adquieren gratis. Es mejor conformarse con otras verdades más modestas y menos entusiastas, las que se conquistan con mucho trabajo, poco a poco y sin atajos por el estudio, la discusión y el razonamiento, verdades que pueden ser demostradas y verificadas.
Esto escribe Levi al final del libro, y esto digo yo aquí: Si se acepta todo como verdad sin someter nada a nuestro propio juicio y reflexión seremos unos vagos del intelecto y terminaremos (como ya se está haciendo aquí mismo, en España) dando gritos, seguiremos confundiendo la política necesaria con el fútbol ineducado y patriotero.