EL PRECIO DE LA CARNE: FÁBULA MÍNIMA SOBRE LA DEUDA Y EL MERCADO.

Un hombre, agobiado por una pesada deuda, acude a unos comerciantes de carnes y les ofrece carne humana a cambio del dinero ausente; llegan a un acuerdo; paga a sus acreedores…

El hombre, frente al espejo, enjabona su cara, afila en el cuero la navaja y se afeita meticulosamente; se lava y seca su rostro…

Limpia con cuidado la navaja y, una vez lista, se corta limpiamente la garganta.

DIOSES DEL BAZTÁN

DIOSES DEL BAZTÁN

Hace ya muchos, muchos, años, estaba yo con mi compañero de internado y amigo Richi allá, a la orilla del río Baztán en una tarde de calurosa primavera, sentados sin pensar en nada, sin hablar de nada, escuchando el rumor del agua apacible, los destellos de los primeros insectos, el vuelo de las aves, un martín pescador a ras de agua: un rayo irisado…
En la orilla de enfrente, ligeramente escarpada se materializó la figura de una vaca, una rubia, más concretamente, con la cabeza a ras de suelo triscando la fresca yerba de la ribera resbalando casi en la pendiente; le dije a Richi:
-Como siga así, caerá al río.
-Sí -dijo con ensoñadora indiferencia-.
-Se la llevará la corriente: ahí cubre bastante.
-Puede -No estaba Richi muy charlatán aquella tarde-.
-¿Le avisarías si pudieras?
-No sé cómo, no creo.
-Pero se ahogará…
-Una vaca menos, además a ti te da asco la leche, ¿no?
-Sí, pero…
La vaca no cayó al fin, siguió triscando hacia arriba hasta que desapareció; Richi se había tumbado del todo, las manos bajo el cogote: Estaba frito, coño, hasta roncaba débilmente. Yo seguí a mis cosas, es decir a pensar nada en absoluto, a mirar sin analizar lo que veía; creo que mirar ha sido mi razón de ser, pero entonces aún no lo sabía, claro: tenía sólo catorce años, la cabeza llena de libros y ese verano conocería por primera vez el amor pero eso tampoco lo sabía. Miré a Richi dormido, flotando en el sopor de la tarde. Una culebrilla, de esas marrones de río, tan brillantes rondaba alrededor de su codo derecho. ¿Qué hacía yo? ya lo he dicho, ¿no? Miraba, sólo miraba; la culebrilla se acercó por encima del brazo hasta la oreja derecha; estuvo así unos segundos eternos y, sin más, introdujo su cabecita en el oído y lo lamió con una gracia que me sorprendió; rápidamente, fue hasta la oreja derecha e hizo lo mismo: lamió ese oído. Y se fue tranquilamente hacia la maleza. Desapareció.
El río rumoreó más alto; el valle entero sonó como si estuviera sorprendido.
Entonces recordé la clase de griego de primera hora de la mañana; el padre Diego nos hablaba de Melampo el adivino y médico tesalio cuya fama era grande en todo Tirinto y Argos; a Melampo, en su niñez unas serpientes le habían lamido los oídos otorgándole especialmente la capacidad de comprender el lenguaje de los animales; Melampo amaba sobre todo a su hermano Biante que pretendía la mano de Pero, hija de Neleo, pero éste exigía un rebaño de vacas como aportación al matrimonio; las vacas eran de Fílaco y Melampo intenta robarlas pero es hecho prisionero por Fílaco que lo encierra en prisión. Sin embargo, Melampo, gracias a que podía entender el lenguaje de los animales se entera escuchando a unos gusanos que roían las vigas de la prisión y que charlaban mientras tanto entre ellos, de que ya les quedaba poco para terminar de roer la viga: el techo no tardaría en desplomarse.
Melampo se lo hace saber así a su carcelero (sin mencionar cómo lo sabía). Todo se cumple al poco  y Fílaco, admirado, pone en libertad a Melampo y además le regala las vacas que éste intentó robar.
Melampo fue asimismo un precursor de los futuros métodos del doctor Freud, y diré cómo: Fílaco tenía un hijo, Íficlo, gran deportista, corredor de fondo; tanto corría que pasaba por encima de un campo de espigas sin tocar ni una de ellas, pero…, pero padecía sin embargo de una incapacidad genésica, y es que no se puede tener todo. “Por favor, oh sabio Melampo, cura a mi hijo y te daré lo que me pidas”,  debió decir Fílaco, y Melampo, para sanarle sacrifica dos toros y los abandona a la voracidad de las aves, pero él queda cerca, y cuando acuden los pájaros a la cena escucha su conversación; un buitre comenta que para que cure Íficlo ha de beber éste del agua con -en ella disuelta- la herrumbre del cuchillo que en tiempos había visto él se usaba para castrar carneros, lo cual produjo su impotencia. Melampo encuentra el cuchillo, aplica la cura al joven, lo sana, recibe las vacas, las lleva a Neleo y éste autoriza la boda de Pero y Biante.
Y en esto pensaba yo cuando Richi despertó dando por terminada su siesta; entonces le conté lo que había visto y le recordé la historia de Melampo.
-Estaría bien, ¿no? que pudieras entender a los animales -dije con cierta coña-.
-Les oigo -dijo Richi- y les entiendo a todos.
Me miró fijo: estaba serio.
-¡Anda ya!
-Que sí, que te digo que sí -exclamó- Ahora mismo hay en esa poza unas quince truchas charlando sobre si seguir o no río arriba; parece que la mayoría prefiere hacer noche aquí y seguir mañana.
-No te creo pero nada.
-Vale -me dijo-. Tú espera aquí y verás.
Y se fue a toda prisa en dirección al colegio. Esperé: era jueves: teníamos la tarde libre, de hecho esperé casi media hora. Entonces Richi volvió: traía un capazo, de esos que usaba fray Crispín en las cocinas para transportar el pescado.
-¿Qué haces? -Dije.
-Ahora verás:
Puso la boca a ras de agua y borboteó algo sosteniendo algo hundido el capazo; al poco rato lo levantó sacándolo del agua; me miró triunfante:
-¿Lo ves? Les he hablado, les he convencido de estarían mucho mejor descansando en el capazo y aquí las tienes: Fray Crispín me ha dicho que cocinará todo lo que le lleve.
Las truchas boqueaban en la cesta: agonizaban, morían una a una.
-¿Te das cuenta? Puedo hablar con ellos; les entiendo: Seré rico, cazaré y pescaré lo que me de la gana y seré rico -decía entusiasmado-.
Entonces se oyó un tremendo fragor en el río y en el valle, los árboles se inclinaron como con furia, el viento aulló; Richi se llevó las manos a los oídos: Gritaba de dolor.
Al poco todo quedó en calma, las truchas muertas dispersas por la yerba. Richi:
-No oigo, no oigo nada, Emilio. Nada.
Lo llevé al colegio: lloraba. Fray Sebastián le dio algún calmante y lo acostó en la enfermería…
Nada conté de lo pasado pues no me creerían y seguro que salía con algún castigo por mentiroso aparte de ser el hazmerreír de todo el colegio.
La sordera se le pasó en un par de semanas a Richi, aunque jamás recuperó ni toda la audición ni su alegría de antes, pero eso no fue lo peor.
Encima suspendió griego.

AUTORIDADES

 

Desde que recuerdo y de todas partes me han achacado problemas con la autoridad sumiéndome en un estado perplejo del que salí -afortunadamente- una vez consciente de mi propia juventud e individualidad.
Y es que yo siempre he sido muy respetuoso con la autoridad, por ejemplo, si necesito de la filosofía de la música acudiré puntual y devotamente a Eugenio Trías, si de mecánica cuántica, a Murray Gel-Mann; a Richard Dawkins si quiero saber algo de evolucionismo o etología o a Daniel Dennet si necesito alguna precisión sobre filosofía de la ciencia o detalle de la teoría de Darwin; del mismísimo Darwin si pretendo entender el mundo que me rodea o del que fue en su momento mi despertador a la vida, al materialismo y a la conciencia de mi propio ser, Epicuro de Samos. En fin, autoridades hay para cada cosa, como lo es constantemente el señor Pynchon en mi percepción anarquista de la sociedad o Harold Bloom en mis siempre escasos conocimientos literarios.
Entonces ¿a qué autoridad se refieren los que me achacan tal carencia de sentimientos hacia ella? ¿Quizás a la de Michael de Montaigne? No puede ser puesto que soy lector recurrente de sus deliciosos ensayos. ¿Kafka, Proust, Beckett, Shakespeare, Bach, Shostakovich, Newton, Lucrecio, Dante, Mann, Chéjov, Pope, Melville, Galdós, Flauvert,y ese larguísimo etcétera que va llenando mi vida haciendo que sepa dónde estoy, que conozca mi inanidad y no sufra por ello.
Si necesito saber algo que despierta mi curiosidad sé de autoridades que me ayudarán en mi búsqueda, por ejemplo, quiero saber de las aves que pasan en su migración por Estaca de Bares, nada más fácil: Tengo aquí mismo, a mano a Antonio Sandoval, ¿Necesito ampliar mis minúsculos conocimientos musicales? Luis ángel de Benito acudirá raudo a mi servicio. Así para tantas y tantas cosas, ésas que nos hacen realmente libres, en un sentido filosófico que es -siendo decepcionar a alguien- el único en el que se puede ser libre: Ya sabéis, la libertad tal y como se nos pretende presentar es tan sólo un anzuelo burgués, un señuelo, una quimera.
¿Entonces de qué autoridades me hablan, me acosan por todas partes?
¿Se refieren quizá a jueces, obispos, reyes, políticos, toda esa gente autoencumbrada? ¿a sus esbirros? ¿A todos ellos?
¿De qué son autores para proclamarse autoridad?
Porque con ellos, con esta gente, sí que tengo problemas, los he tenido y los seguiré teniendo.
Con el sistema patriarcalista, con las religiones, la obcecación y el fanatismo, con la letra con sangre entra, el miedo constante, la pérdida, la esclavitud, el engaño, los sistemas educativos (o adiestrativos, mejor), los dioses al fin, hechos a semejanza de la estupidez humana que aunque no sea sí parece infinita.

¿Un esbirro, llámalo policía, soldado, general, guardia, munícipe… es una autoridad? Venga ya; ¿lo es acaso un rey cuyo único mérito es vaginal? ¿Un juez que repite como engolado

Epicuro de Samos

Epicuro de Samos

loro lo que está escrito o lo que le ordenan repetir?

Estos, que nos acosan desde siempre con semejante concepto equívoco, sean presidentes, jefes militares, capitalistas ahítos de riquezas, papas, ulemas, y toda esa plaga enferma y paranoica que vampirizan el mundo no son autoridades de ninguna clase.
Son El Poder, y cuando te están diciendo que debes respetar a la autoridad te están diciendo que respetes el Poder, su poder, un poder basado únicamente en la violencia y el terror (leed a Hesíodo), el poder de las armas, de las leyes que en ellas se sustentan, el poder de la mentira, del asesinato, de las cárceles y torturas, el Poder que acalla y vence sobre las conciencias, el Poder que hace de las sociedades ganado y de las fronteras establos.
Ese poder yo no respeto, ni reconozco, ni acato sino por la fuerza de sus armas; con ese poder sí que he tenido problemas toda mi vida, y los tendré hasta que muera para ser nada, para ya no ser objetivo del Poder.
Si basáramos nuestros juicios, nuestras actitudes en una equilibrada mixtura de nuestra curiosidad, nuestro instinto social y de supervivencia y las autoridades que nos han precedido o que aún están entre nosotros no viviríamos subyugados, enajenados, ausentes.
¿Queréis que acabe este pequeño artículo con un par de soluciones? Pues no tengo, sólo sé que si uno no hace nada por sí mismo tampoco debe esperar que alguien lo haga por él o piense por él, y no me refiero a esa compulsión por adquirir juguetes, objetos, pequeñas miserias, sino sabiduría, ¿y cómo se adquiere esta sabiduría? Desde luego no acatando sistemas sin crítica, no suponiendo a otro saberes ni facultades que no tiene, no entregando a payasos mediáticos la propia individualidad y juicio porque “es más cómodo”.
Pensar, reflexionar todos los días un poco para empezar ya sería un gran paso.
Pero no se dará.

LECCIÓN BREVE DE ZOOLOGÍA: LOS PATRIOTAS

imagesHoy, queridas amigas y amigos vamos a pensar en los patriotas. ¿Raro? Pues no sé por que: estamos rodeados de ellos, nos hablan, o gritan, o insultan desde todos los medios de comunicación, nos cuentan de las bondades, alegrías y verdades de la Patria, pero también nos amenazan con los peores males y castigos si nos notan tibios, flojos inconvencidos, torvos, traidores y pecadores contra esta diosa amable vista por aquí y cruel si miras por allá.

¿Quiénes son? ¿De dónde salen? ¿Qué les preocupa o les duele? ¿Qué cosa producen sus ilustres cerebros?

Del qué son nada diremos porque ya está dicho: Patriotas.

Así, a vuelatecla, yo distingo dos clases generales de patriotas, claro que hay algunos grises en la foto pero ni me da la cabeza ni tengo paciencia  para todos ellos. El primer grupo lo constituyen los fanáticos, los extremosos, los que ya viven en la violencia o los que tienen la violencia soterrada, siempre a punto de aparecer, son peligrosos si te das de bruces con ellos y, por alguna razón arcana no les gustas nada, pero nada, entonces, sin más que tú o vosotros estás bien jodido; además, cuando te los encuentras por ahí, en plan agresivo siempre son más y, aparte de que Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos, en este caso no deseable se ha de tener en cuenta una cosa clarísima: Dios siempre está con ellos, ¡coño! si no ¿para qué lo quieren?

Esta gente fanática tienen a la patria siempre presente, a todas horas, de día y de noche; están solemnemente orgullosos de su patria que, a partir de aquí llamaremos España, para entendernos: “Yo estoy muy orgulloso de ser español”, dicen siempre que pueden, que pueden siempre, nada grave, lo malo es que pocas cosas tienen para estar orgullosos: Son, normalmente de clase baja, o esa que llamamos media pero que no llega ni al cuarto: baja con pretensiones (ahí estamos casi todos, no en vano vivimos en un país empobrecido), incluso lumpen. ¿Qué le queda al fanático aparte de la patria y la religión aquí en España: Premios Nobel hay pocos en esta tierra árida para la ciencia, cultura y demás; bueno está el fútbol y demás espectáculos de masas en los que el fanático patriota está como pez en el agua. Le dices a uno de ellos, pongamos por caso, que es mucho poner: ” Y a ti qué te parece Richard Dawkins”, y seguramente te contestará que una puta mierda porque para centrocampista, Casemiro, y los demás pueden ir a tomarporculo.

Aquí debo confesar mi ignorancia por si me he confundido: Nada sé del tal Casemiro ni de ningún otro. He copiado del Google: el fútbol me es tan arcano como las virguerías del Paráclito con sus mozas virginales, aunque he de reconocer que este último resulta más divertido.

En fin, a lo que iba: Un patriota fanático aquí en en las españas es alguien con unos ingresos no altos (máximo, funcionario clase A), o más bajos, o aún más bajos, o sin salario ni nada, que los hay, y no pocos, que sigue religiosamente el fútbol vislumbra los titulares de la prensa deportiva, papeles sagrados donde los haya y anatemiza a todo aquel que difiera de su línea de defensa, que sin problemas se convierte en línea de ataque si se dan las condiciones suficientes; su mundo ecológico es el bar, el salón-comedor-donde-ve-los-partidos-y-las-tertulias, la Puerta del Sol en noche vieja, la Plaza de Oriente cuando cae en la nostalgia, lo mismo que el Valle de los Caídos; también hay otros lugares según autonomía o nacionalidad más o menos histórica cuyo repaso haría excesivamente prolija esta reflexión: Las españas es un país (o varios) de recursos, no cabe duda, pero por encima de todos ellos está el bar, bar con tele, claro, para ver los partidos, las carreras, las olimpíadas (las llaman así, qué le voy a hacer), las tertulias y demás mensajerías culturales. Allá, en esos benditos lugares, entre cañas, vinos, calamares refritos, mejillones en vinagreta y demás delicias locales se dirimen los Grandes Problemas Del País, se grita, se insulta al oponente, se comenta como si nada lo del “orgullo de ser español” antedicho, o catalán, o vasco o lo que sea, con un vocabulario ingénito que suele rondar entre los cincuenta y los ciento veinte términos de la lengua utilizada, normalmente el castellano.

En general, digo, ellos son los defensores de la Patria y la Religión, incluso del mismo Dios que, al parecer no es tan todopoderoso como pretenden puesto que necesita ayuda. Y mucha.

En fin, abandono aquí a mis admirados fanáticos, a mis patriotas sentidísimos, a los verdaderos soldados, gleba, carne de cañón de las patrias y los dioses verdaderos que darán sin duda hasta la última sangre suya y ajena por cualquiera de las causas justas que Patria y Religión ofrecen.

Luego están los Patriotas Verdaderos, así con mayúscula, los que realmente sí tienen una enorme (o varias) razones para amar  la Patria, ahora sí, hispana: Los ricos.

¿A que sí? en realidad son los únicos que tienen una poderosísima razón para amar a la Patria: Sus dineros. “¡Coño! Y por qué” se preguntará más de uno anhelante. Pues porque España es el paraíso de los ricos, es El Paraíso, sin más: todos los españoles restantes, incluidos los patriotas de que hablaba antes está a su servicio; somos todas las profesiones y oficios que ellos necesitan para su apacible vivir, pero de todas, las que más aman es la de camarero, que se sepa, por eso hay tantos camareros aquí; todos trabajamos o no trabajamos, según nos toque, para ellos, para que ellos no tengan que pasar por ese mal trago que supone el trabajo durante cuarenta y tantos años, que digámoslo claramente: es un asco, pero ese asco que es para nosotros es gloria bendita para ellos, que lo disfrutan bien gusto desde sus despachos, parlamentos, senados, alcaldías, diputaciones, viendo martirizar toros en la barrera, patear balones desde sus salones privados en el estadio mientras se meten varios lingotazos de Chivas Regal, porque eso sí: los ricos españoles son, en general unos horteras y beben Chivas, ya ves, aburriéndose apaciblemente en los palcos no escuchando la ópera de turno, pero sobre todo, por encima de todas las cosas para redundar a gusto, gastando a manos llenas dinero público y guardando el que van privatizando día a día. ¡Claro!

Los ricos aman a la Patria hispana porque ésta les permite ocultar sus tesoros en otra parte, así que cuando cualquiera de ellos dice: “Yo amo a España por encima de todas las cosas” ya sabéis qué está diciendo.

En este crucial momento he de distinguir las diversas especies de rico de que gozamos en la españas: La primera de ellas es la oculta desde hace casi doscientos años, la que se encumbró con aquel borbón malévolo, astuto y cruel que fue el tal Fernando, alias Séptimo, la que creció a la sombra del otro borbón, Alfonso, alias Trece, rey de traiciones, crímenes, pero sobre todo rapiña, un tipo al que hubo que echar de España no por rey sino por ladrón y la que pelechó a la crudelísima sombra de Franco, alias Caudillo. A partir de aquí son todos visibles porque aún no les ha dado tiempo a ocultarse o -como en el caso del borbón llamado Juan Carlos, alias Primero y más rapacero quizá que su abuelete- no hayan necesitado hacerlo en modo alguno; aquí encontramos todos los nombres de nuevos ricos, ricos en subida, ya sea por el saqueo directo a las arcas del Estado, comisiones, fraudes enormes, explotación de niños, usura galopante, mentira sobre mentira y demás especialidades del robo a gran escala que no puedo contener en mi escasa memoria; excepto algunos privilegiados que ya casi están arriba del todo y a punto de desaparecer de todas partes quizá en la siguiente generación, los demás están en ello: Sus armas son varias pero no muchas ni muy imaginativas como el peloteo con los poderosos y la crueldad con los humildes, la mentira en contra de toda evidencia, la soberbia, el chantaje, la prevaricación y no nombro el abuso de poder porque todo poder es siempre un abuso, y todas esas cosas que le hacen a uno rico sin producir, sin dejar nada, sin rendir cuentas a nadie, Estado incluido, bueno, sobre todo, Estado.

Sin embargo, cuando digo que España es el Paraíso para esta gente, lo digo porque el mismo Estado contempla alborozado que todos esos dineros no cuesten nada al ladrón ya que si siembras permisividad recoges riqueza y, con ella, honorabilidad. Y ahí está el asunto, cualquiera de esta gente deviene en poco tiempo en honorable, algunos, incluso llevan ese título con salero. entonces, ¿cómo no ser patriota, cómo no amar tiernamente la patria que te permite gozar de tu riqueza sin exigirte nada a cambio? Así pues toda esta caterva: artistas, gente del espectáculo, aristócratas de risa, banqueros, comisionistas, políticos, deportistas famosos, obispos, cardenales, familiares de éste o aquél, horteras, ordinarios y engominados en general, son todos ellos grandes patriotas, y es que además de saber que nadie les tocará saben que la plebe patriota antes mentada les ama, les envidia, aplaude, admiran, pagan gustosos los salarios de esbirros que les defienden, magistrados que les escudan, y, llegado el momento irán a cualquier guerra por ellos -por la Patria- mientras ellos miran todo desde lejos, otro país por ejemplo hasta que pase el vendaval.

Así llevamos -ya digo- casi doscientos años. Y lo que nos queda, según parece.

Y por cierto, ¿qué hay en medio de estas dos clases generales de patriotas? La verdad: Bueyes, mansos bueyes, tristes bueyes contemplativos sin futuro ni esperanza.

A muy poca gente se le ocurre que en vez de ser un cretino fanático de patrias y religiones o un patriota de guante blanco se puede -y se debe- ser simplemente un ciudadano solidario con los demás que sabe pagar su parte de la ronda porque así debe ser, un ciudadano consciente de sus derechos y deberes, que no necesita patrias ni bobadas por el estilo para vivir con los otros, ni estados que las sustenten, ni avarientos disfrazados de payasos que les digan qué deben creer, cómo comportarse mientras ellos arramblan con la bolsa común que desde su punto de vista no es sino su derecho, hacen y deshacen a voluntad en las tierras y mares que dan en llamar Patria con la boca enorme cuando la consideran finca para sus desmanes…

Y no digo más por no abundar, que cualquier persona con dos dedos de frente, con sentido de su propio valor dentro de las sociedades y de su honor como ciudadano libre sabe perfectamente.

Yo, por mi parte, cada vez que oigo hablar de patrias tiemblo, unas veces de ira y otras de pavor.

RIPIOS

                                                                            Dedicado al señor Mazoski

Vaya por delante que me encantan los ripios, unos más que otros, claro; disfruto como una vaca aquí en el norte cuando leo cualquier colección de poemas, cualquier obra de teatro en verso y, de repente, me encuentro con un  ripio clamoroso que me hace temblar de placer, estremecerme de ansiedad mientras lo trago y memorizo. ¿Que no lo habéis probado nunca? Hoy es un buen día para introducirse en este mundo fascinante, por ejemplo y para abrir boca hay un tema que sorprendentemente se repite mucho: el sol. Bartolomé Mitre tiene uno estupendo:

Detente, oh sol, y mira este caído:

Fue un guerrero de nombre esclarecido

que en holocausto tuyo se ofreció…

O esta maravilla de Ángel Saavedra que como fue duque podía permitirse esto y más:

Infeliz Badajoz:… Oh sol, detente.

Niega hoy tu luz al turbio Guadiana.

Y en nubes de oro y grana

Quédate reclinado en el Oriente.

Y cuando digo más, lo digo en serio, y si no detente y lee, oh lector:

Y arden en ira y en atroz venganza,

Y vestidos los bélicos arneses

De los portugaleses

Cébanse sin piedad en la matanza…

Otro del sol y abandono el sistema solar, éste de Espronceda, y es que los románticos, tan dados a elevados arrebatos adoran estas cosas:

Para y óyeme ¡oh Sol! yo te saludo

y estático ante ti me atrevo a hablarte…

De todas formas, el duque de antes, Saavedra es generoso en estas cosas:

A los ojos de Muza codiciosos

patente haciendo en perspectiva extraña,

¡oh gran portento! cuanto encierra y cría

la goda miseranda monarquía.

Pero en realidad no es de estos ripios de lo que quiero hablar ahora sino de los ripios que nosotros mismos vamos haciendo a lo largo de la vida, bien por no atrevernos a hacer las cosas que queremos, bien por hacerlas mal y tarde; lo primero nos hace vivir en un ensueño de vaguedades y mentiras asumidas que nos impide mostrarnos como realmente seríamos si no fuéramos tan cobardes. Esos son los ripios con que intentamos ocultarnos de los demás pero que chirrían de tal forma que nadie nos cree o que causan risa. ¿Ejemplos?

“Una cosa es ser solidario y otra es serlo a cambio de nada” 

Que farfulló ese tipo, Rajoy, allá, en pleno verano, claro que si me meto en este campo ya no salgo nunca y no doy fin a lo que tengo entre teclas, así que vamos a dejarlo, que están las hemerotecas a rebosar para el estudioso lector. ¿Qué les pasa a estos tipos, mentirosos compulsivos, para ser tan capullos? Pues que son aburridos.

Son aburridos, setas, ostras, adobes: Lo más arriesgado que han hecho fue comprar porno entre ocho o nueve revistas de opinión.

Otros en cambio, los que pertenecerían a la segunda opción, los que llegan tarde a todas partes componen sus ripios en la vejez, siendo estos a veces miserables y tenebrosos, por ejemplo, los  después de no haberse permitido una aventura, un amor siquiera fugaz, algunas calaveradas ni meteduras de pata asumidas; los que jamás han matado un pollo ni han roto un jarrón pretenden hacer todo eso cuando sus días los son ya para el recuerdo de otros días y el reposo de lo hecho. Pero como ni tienen recuerdos ni han hecho nada excepto fastidiar a los demás en caso de haber podido, hacen el ridículo a última hora con toda clase de memeces que se les ocurre. Y eso, a los que tarde se les ocurre algo, porque hay otros -muchos- que ni eso: apagan sus días en el más triste aburrimiento, sin nada que contar a sus jóvenes. Ven la tele, mejor: rumian pacientemente la tele mientras van acabando sus días.

No digo esto para faltarle a nadie ni nada de eso, ¡qué coño! Lo digo porque a veces me da hasta vergüenza haberlo pasado tan bien -y tan mal-, haber ligado con salero, tenido amigos y amigas, viajado sin dinero, conocido tipos extraños, y a veces, muy extraños; haberme cabreado a fondo, peleado en peleas algunas ganadas y muchas perdidas, pero peleas. Vivido lo más posible, y eso sin necesidad de grandes cantidades de dinero.

La verdad: Lo he pasado -y lo paso- de putamadre.

Esto me trae al recuerdo el único ripio (poético) inteligente que he escuchado en mi vida; nos lo decía allá por nuestra juventud Daniel Sojo, padre del dedicatario de esta bagatela. Decía el Cojo (que lo era y siempre con una gran sonrisa que le iluminaba la cara):

“Divertíos, hijos, pasadlo bien, no vayáis a ser como Juanito La Rumba, que del coño de su madre se fue a la tumba”.


			

ESPÍAS

Este pasatiempo se lo dedico a mi hermano Carlos, que es el que me dio el librito.

Pues andaba yo hace nada haciendo la consabida limpieza doméstica bien armado de armas y bagajes propios de tal lucha cotidiana cuando justo en el momento en que los muchachos de Il Giardino Armónico atacaban el recurrente ritornerlo del allegro del Concierto en Re mayor, RV 93 que, como todo el mundo sabe se escribió para laúd, dos violines y bajo continuo, y se compuso hacia 1730, cuando insólitamente me topé con un librito que -aunque conspicuo- había escapado a otras limpiezas: “Historia ilustrada de la URSS” editado por la Agencia de Prensa Nóvosti en 1982 y que lleva una dedicatoria a pluma: “A mi queridísima prima Nela con muchísimo cariño”. Luis. He de decir ante todo que Nela era mi madre y que, como yo, era sospechosa de muchas cosas excepto de estalinista; de su primo Luis he de decir lo mismo a no ser que fuera un topo en el edificio diplomático de Franco como si de un Toby Esterhase carreniano y local se tratara, de manera que he quedado sorprendidísimo, remedando las esdrújulas del primo de mi madre y poco menos que atónito.
En el ’82 rondaba yo los 32 añitos y no puedo imaginar a mi mamá leyendo propaganda soviética de la Nóvosti ni nada parecido, hay que tener en cuenta que ella pasaba por una señora de la derecha moderada que jamás pudo votar a Fraga porque “era un ordinario que se tocaba sus partes en público” ni a Felipe González porque, en contra de la opinión de mi padre era “un pequeño aprendiz de canalla que no sonreía de frente”, una visionaria mi madre: en fin, ¿quizá leía este librito impelida por algún amor adolescente que suele darse entre primos?

¿O es que había otra cosa?

Mi madre nació en Tampico (México: ¡Viva México, cabrones!) no por nada, sino porque mi abuelo era un emigrante al que no le fue mal y que se dedicaba con su gemelo al lucrativo negocio de las gasolineras y cosas así; trabajaban -cómo no- para los gringos y durante las guerras cristeras (1926 – 1929) sucedidas en México tras la ley de 1926 del presidente Plutarco Elías calles que restringía -o mejor, anulaba- la influencia religiosa en el Estado aplicando el espíritu estricto de la Constitución de 1917; la Iglesia, como siempre que les tocan un grano se puso como se puso, creó guerrillas que atacaban al grito de ¡Viva Cristo Rey! (¿le suena al paciente lector?) y promovió entre otras cosas no utilizar vehículos ni comprar gasolina, y ahí, ahí sí que les rascaron los huevos a mis abuelos, de manera que uno, el padre de mi madre apoyó a los cristeros y el gemelo al gobierno constitucional, así, ganara quien ganara, ganarían ellos: ¡La empresa, coño!

Quién sabe si en aquellos momentos no hubo contactos beneficiosos para ambos con los servicios secretos de los gringos, de los mexicanos o de ambos que es como suele suceder, el caso es que salieron airosos y el abuelo, sin mácula gubernativa a pesar de haber actuado contra el gobierno. Y lo mismo hicieron (¿por qué no si ya salió bien una vez?) con la guerra que sucedió tras el golpe de estado de los fascistas españoles en el ’36 con el mismo éxito: El gemelo también salió airoso tras la victoria fascista de Franco y Alemania y ambos defendieron bien sus dineros en los dos países sin dar lugar a charlas de salón y -mucho menos- de chekas, comisarías, nacht und nebel, y cosas por el estilo que es de lo que se trataba. ¿Qué importan naciones y memeces por el estilo mediando pasta? Y si no id y preguntádselo a todo aquel que esté forrado y se llene la boca de patrias, y de todas formas, he de decir que, en efecto, patrias y naciones no son más que predios donde robar y huchas donde depositar dinero, o morirse de hambre si mal cuadra: a lo que se ve he heredado semejante despego por estas cosas, y eso que soy pobre.

En fin, a lo que iba, los dos hermanos intentaron copar seguridad haciendo hijos para la Empresa y para la Diplomacia, actividades éstas complementarias, pero ¿y las hijas, que las había? ¿Qué se hizo de las hijas para bien de los negocios?

Y entre ellas, la lectora de la Historia ilustrada de la URSS, porque la leía, qué duda cabe, vaya, si está hasta subrayada y a veces anotada con la letra de mi madre, con esa épsilon para la ‘e’ mayúscula que yo he imitado filialmente; y las hay curiosas o, más bien inquietantes: 21182LFoccidental, arte y triple audacia21N90, y cosas así, en unas una palabra viene precedida por una cifra (3fundamental), en otras la cierran (tranquilidad6), pero siempre incomprensibles por más que uno se esfuerce.

Ya no sé cuántas veces he leído el librito (175 páginas, fotos incluidas), y hace una par de lecturas voy llegando a la conclusión (que no a la certeza) de que hay que ver los subrayados y notas en un conjunto, lo que no sé es en qué de tipo de conjunto debo pensar, o si son varios los conjuntos incluidos en uno más grande, el caso es que creo haber descifrado algo, por ejemplo, OP.17MAD:65/98;112/41; 24/212; 145/89;VARgas, es decir, claves bastante fáciles si se sabe lo que se busca y el libro en que hay que buscar, así que supongo que OP es obra, o libro (en este caso, 17º, lo que quiere decir que ya llevaban un montón de libros utilizados), la primera cifra, página; la segunda número de palabra, en este caso: MAdrid callado enlace gran vía, o sea, Madrid, metro de Callao enlace con Gran Vía. Es ciertamente un lugar de cita, y no un rendez-vous romántico como se podía suponer en primera instancia, porque mi madre apenas salía de casa y mucho menos viajaba a Madrid alegremente, así que suponiendo que el destinatario de la clave fuera el primo Luis, ésta era una cita en un lugar de Madrid con un tal Vargas, que sería, por razones de seguridad, un nom de guerre como quiere toda la literatura especializada.

Y así o parecidas son todas, sin embargo, las anotaciones no he podido descifrarlas con seguridad, seguramente me falta paciencia y método, cosa que mi madre había de tener con esa afición suya por crucigramas, charadas y jeroglíficos que la tenían abstraída durante horas. Y yo pensando que se aburría todo el día en aquel sofá suyo que era terrenus vetitus para el resto del mundo. Que ya me hubiera gustado llevar una vida así, tan apasionante como la de mi madre, no ésta, que como puede ver el amable lector si se va al relato anterior a este mismo, no sale de pasar el polvo, mopa y fregona en estos tranquilos pero aburridos días de esforzado amo de casa.

http://www.youtube.com/watch?v=u9m3ghjN0REmd5448738244

VECINOS

Pues estaba yo haciendo la limpieza, fase: aspiradora (después de dar una vuelta en la bici y encontrarme con mi amigo Antón Fda G​ en la carretera de Tui) cuando veo ese bulto de la primera foto en el suelo; me agacho y veo a este simpático bichillo: “coño, otro bicho que viene a morir a mi suelo”; lo toco, y de muerto, nada: se menea un poco, como incomodado; lo toco un poco más y sale pitando dando vueltas con la cosa negra de debajo bien aferrada; miro mejor ¡y es una mosca!: Le he pilado comiendo, no me extraña que se incomode, a mí me sienta fatal que me molesten comiendo, incluso que me llamen por teléfono. Bueno, a lo que iba, que subo a toda leche y bajo con la cámara: ¿Para qué las prisas? Ahí sigue tan pancha, al papeo; nada, le hago las fotos, la rodeo con la aspiradora (el ruido no parece molestarle) y sigo a lo mío hasta dejar la casa como para comer yo también en el suelo, no en el sitio de mi pequeño huésped, por supuesto, que sigue a lo suyo mientras yo devoro una ensalada de garbanzos de Padornelo y lechuga de mi huerto aliñada con salmorejo rebajado en aceite del Alentejo y sal marina que está de putamadre. “Ya tarda en comer el gusarapo este” me digo mientras leo una novela imposible (“Los Inconsolables”, de Kazuo Ishiguro) de la cual ya os contaré si salgo con vida de ella.
Bueno, el caso es que como ya he terminado mi almuerzo, mi cabezadita con Ishiguro colocado en la barriga y la escolopendra (que eso es lo que es) sigue devorando tranquilamente a la mosca, me informo en una de mis guías de artrópodos y he aquí lo que encuentro:
Mi escolopendra y vecina resulta ser una Scutigera coleoptrata, ni más ni menos, que medirá como unos cuarenta milímetros de largo y a la cual no le he contado los pies por no jorobarle el festín, pero me dice la guía que puede tener hasta quince pares de ellos anclados en un cuerpo rígido, lo cual les permite moverse tan rápido como sabemos que se mueven (ya decía yo: “¿Cómo coño se moverán tan rápido las cabronas?” y mira tú: el jodido cuerpo rígido).
Como quizá veáis (mis fotos no son como las de Alejandro Rancaño ​, qué le vamos a hacer) tiene un cuerpo amarillo pajizo con tres rayas oscuras en el dorso y, según parece, también las tiene en cada uno de sus pies. Ponen entre 60 y 150 huevos en primavera, así que he de tener la casa estupenda, aunque no creo que vivan todos (o quizás emigren como nuestros licenciados), y no vayáis a pensar que nacen con todas las patas, no, qué coño, nacen con cuatro pares que van aumentando a razón de dos pares en cada una de sus cinco mudas (y nosotros todas la vida con cuatro y nos creemos la hostia, ya ves).
En fin, se ven por ahí macho y hembra; se tocan con las antenas y si notan que la cosa marcha dan un par de vueltas en círculo como un ‘pas de deux’ pero más eficiente por mor de tener más pies y se enamoran. Así como lo leéis, se enamoran pero no gustan del sexo de contacto: aman la masturbación, De manera que el macho deja su esperma tirado por el suelo y la hembra hábilmente lo utiliza para fecundar sus huevos. ¿Qué cosas, eh?
Pero no para ahí la cosa, no, resulta que Scutigera coleoptrata dispensa cuidados parentales a sus scutigeratitas, a las que acuna a un costado y los provee de fungicidas como mínimo, en cambio nuestras madres todo el día tirando de pediatra, lo que son las cosas.
Como ya sabéis de que se alimentan (aparte de larvas, chinches, cucarachas, termitas…) habéis de coincidir conmigo en que son la mar de simpáticos, casi como mis amigas las arañas (de las que creo que ya os he contado algo), así que ojito con cargároslas ni faltarlas al respeto, además, son noctívagas así que ni molestan (a no ser que la limpieza no sea vuestra pasión y tengáis la cama llena de chinches, claro).
Bueno, ¿qué decir? si es que son apasionantes… Resulta que tienen un receptor sensorial en las antenas que les sirve de tacto y olfato, y ojos desarrollados; usan boca y patas para sujetar a sus presas de manera que pueden con varias a la vez más o menos como Bruce Lee y sin darse tanta importancia, discierne entre sus posibles presas y sabe evitar a los insectos peligrosos o atacarlos con tácticas de combate muy especilizadas, como atacar (por ejemplo a una avispa) con su veneno y retirarse rápidamente mientras éste surte efecto, incluso puede desprenderse de algún par de patas si lo considera necesario.
Qué sorprendente animalito, no sólo es sensible a la luz diurna sino que es muy sensible a la luz ultravioleta. ¿Cómo verán el mundo? Intentaré intimar con esta tragaldbas u otra que se avenga a una conversación entre habitantes de un mismo espacio y me diga algo: Ya os contaré.

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