ENMIMISMAMIENTOS

 

 

El enmimismamiento es la cualidad por la cual uno entra dentro de sí mismo de manera que resulta ser incapaz de encontrar luego la salida, una salida.

 

 

Cuando el enmimismamiento sucede por la incapacidad física de entrar en el otro, de imbuirse o agregarse a él, entonces ese enmimismamiento es como una herida abierta a la que se mantiene cotidianamente en alguna especie de salmuera, de manera que jamás tiende a la cicatrización, que suele ser una salida o, simplemente, olvido.

 

 

 

 

 

A esta herida abierta y levemente salada

como las lágrimas, damos en llamar pena o, muchas veces, noche sostenida.

Persistente.

 

Cuadros de Edward Hopper (Hotel room), Luis Bejarano (Avistamientos). De la talleronline que encabeza estas leves líneas, desconozco el autor.

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ADVERSO FLUMINE

Cuando la oscuridad es una presencia

todo mi cuerpo se desmorona, me vence el sueño; salgo a la noche,

al nocturno cielo de las estrellas: observo las constelaciones, nuestra galaxia,

el camino del Norte: la Polar.

Todo está bien, y yo estoy vivo, por eso miro intensamente,

por eso me sumerjo en los millones de mundos y en sus fuegos.

En los infinitos evos de luz, porque quizá en la mañana que ha de seguir yo ya no esté: Todas las noches

me despido de la vida;

suspiro profundamente porque sé que ha sido una vida colmada:

No tengo queja aún a pesar de los desequilibrios: me han amado

más de lo que yo amé hasta hoy, hasta esa noche, digo,

porque mi egoísmo parece ser más grande

que mi ignorancia: es mi gota de infelicidad, por eso

despierto cada poco bañado en sudor, preso de terrores: los ogros

de mi pasado que vuelven de noche y hacia las Dos, hora de Greenwich, salgo de nuevo al nocturno cielo, veo:

Orión puebla mi ventana: Betelguese, Rigel, su rival al sur, Bellatrix y Sahiph

en la otra diagonal. Alnitak, Alniman y Mintaka, y abajo,

la Espada de Orión, El Cazador, el que quiso exterminar todos los animales de la tierra, el Asesino,

el ogro terrible de mis pesadillas, el violador

de Mérope, hija de Enopión que lo dejó ciego, y cuya vista

le fue devuelta por Helios, que todo alumbra, que todo ve

menos la iniquidad. Gea lo mató,

Gea ordenó al escorpión gigante cazar a Orión y éste lo mató,

al asesino, al violador, al que arrasaba la tierra…

La venganza de Gea me calma, el sueño de muerte se va y yo

recupero el mío: quizás algún amor quiera venir a poblarlo, a besar

mis párpados contra toda la corriente de miedos y maldad que pueblan mi mundo.

WIR ARME LEUT

Los asesinatos de mujeres, los ataques a mujeres, las violaciones a mujeres, sea por parte de sus propias parejas, ex parejas, conocidos, parientes en mayor o menor grado, desconocidos, individualmente o en grupo están empezando a poblar de pesadillas mis noches. sueño con tiempos pasados que pugnan por volver, que nunca se fueron del todo, en el asesinato de Marie, muerta por el acero de Wozzeck, su pareja ya loca, pero no lo suficiente como para no intentar escapar, para no querer limpiar la sangre de sus manos; en el asesinato de Desdémona, estrangulada por Otelo; Ifigenia, sacrificada para la gloria de Agamenón, las mujeres incastas de Deuteronomio 22: 13-21; Las incontables evas perseguidas por una culpa que no les pertenece y que transmiten a causa de un síndrome mucho más antiguo que el de Estocolmo, las carnes de las mujeres asesinadas mediante el fuego, cortadas sus lenguas para que no pudieran gritar, la trata de mujeres para no el efímero placer sino para el perdurable placer del hombre investido por Dios como dueño de todo ser viviente sobre la tierra, las mujeres asesinadas de  Ciudad Juárez, cuyo conocimiento llegó a mí en  la página 443 del libro de Bolaño “2666”, y cuyas trescientas cuarenta y nueve páginas siguientes arrasaron mi corazón y lo siguen arrasando.

No puedo vivir en paz, queridas, y no puedo porque -como todos- formo parte de esta matanza, de este tráfico de esclavas, de esta anulación.

De esta vergüenza.

No puedo vivir en paz porque es el silencio de los hombres lo que autoriza tanto crimen, tantos golpes, tantas vejaciones, tantas muertes; el silencio de los que miran a otra parte aún no compartiendo la barbarie, el silencio cómplice de los puteros, de los que miran a las mujeres como se mira un objeto venal, de los que ocultan su ofensiva crueldad con el aspecto externo de las mujeres que insultan o atacan, de los que ponderan el buen comportamiento de sus mujeres (no compañeras) y de sus hijas en vez de ser como ellas, padecer con ellas, sentir con ellas, vivir con ellas.

Con vosotras, queridas.

No puedo soportar esta vergüenza, esta congoja constante.

Ni las risas de los culpables directos, que indirectos lo somos todos nosotros, no vosotras, ni sus miradas, ni sus coches aparcados en los clubes de carretera protegidas sus matrículas por una valla protectora, ni la pornografía infamante, ni los comentarios groseros, ni la prepotencia machista, la injusticia constante, la diferencia de salarios, la posesión, las religiones todas que amparan y teorizan tanto crimen y las leyes hechas por hombres para proteger sus iniquidades, ni los asesinos impunes todos, celebrados en gran parte de nuestra miserable sociedad todos, siempre disculpados, siempre consentidos los asesinos, los tratantes, los puteros, los padres que matan a sus hijas, que las violan, que matan a sus mujeres. Que matan.

No sé, no puedo saber cómo os sentís vosotras, queridas, pero sí cómo me siento yo todos los días, cada vez que me asomo al mundo, cada vez que veo un cartel publicitario; tampoco sé cómo expresar todo lo que siento porque me parece que me va reventar el corazón.

Y escribo esto, no para disculparme, no para apartarme de los asesinos ni de los demás hombres, pues soy uno de ellos, un hombre; supongo que escribo para vaciar mi pena enorme, mi congoja acumulada de tantos años. Mi propia culpa.

Ahora que veo, para mi mal y mis pesadillas, que no sólo nada ha cambiado sino que otra vez la violencia contra vosotras aparece con mucha más fuerza, protegida de  nuevo (como si nunca lo hubiera sido) por una sociedad que vuelve a ser feudal con otras formas pero con el mismo fondo.

No espero paz, ni creo en un mundo menos peor; vivo en la desesperanza; paliar el daño que haya podido hacer, evitar más daño: escribir, eso es lo único que puedo hacer.

Nada.

EL PRECIO DE LA CARNE: FÁBULA MÍNIMA SOBRE LA DEUDA Y EL MERCADO.

Un hombre, agobiado por una pesada deuda, acude a unos comerciantes de carnes y les ofrece carne humana a cambio del dinero ausente; llegan a un acuerdo; paga a sus acreedores…

El hombre, frente al espejo, enjabona su cara, afila en el cuero la navaja y se afeita meticulosamente; se lava y seca su rostro…

Limpia con cuidado la navaja y, una vez lista, se corta limpiamente la garganta.

DIOSES DEL BAZTÁN

DIOSES DEL BAZTÁN

Hace ya muchos, muchos, años, estaba yo con mi compañero de internado y amigo Richi allá, a la orilla del río Baztán en una tarde de calurosa primavera, sentados sin pensar en nada, sin hablar de nada, escuchando el rumor del agua apacible, los destellos de los primeros insectos, el vuelo de las aves, un martín pescador a ras de agua: un rayo irisado…
En la orilla de enfrente, ligeramente escarpada se materializó la figura de una vaca, una rubia, más concretamente, con la cabeza a ras de suelo triscando la fresca yerba de la ribera resbalando casi en la pendiente; le dije a Richi:
-Como siga así, caerá al río.
-Sí -dijo con ensoñadora indiferencia-.
-Se la llevará la corriente: ahí cubre bastante.
-Puede -No estaba Richi muy charlatán aquella tarde-.
-¿Le avisarías si pudieras?
-No sé cómo, no creo.
-Pero se ahogará…
-Una vaca menos, además a ti te da asco la leche, ¿no?
-Sí, pero…
La vaca no cayó al fin, siguió triscando hacia arriba hasta que desapareció; Richi se había tumbado del todo, las manos bajo el cogote: Estaba frito, coño, hasta roncaba débilmente. Yo seguí a mis cosas, es decir a pensar nada en absoluto, a mirar sin analizar lo que veía; creo que mirar ha sido mi razón de ser, pero entonces aún no lo sabía, claro: tenía sólo catorce años, la cabeza llena de libros y ese verano conocería por primera vez el amor pero eso tampoco lo sabía. Miré a Richi dormido, flotando en el sopor de la tarde. Una culebrilla, de esas marrones de río, tan brillantes rondaba alrededor de su codo derecho. ¿Qué hacía yo? ya lo he dicho, ¿no? Miraba, sólo miraba; la culebrilla se acercó por encima del brazo hasta la oreja derecha; estuvo así unos segundos eternos y, sin más, introdujo su cabecita en el oído y lo lamió con una gracia que me sorprendió; rápidamente, fue hasta la oreja derecha e hizo lo mismo: lamió ese oído. Y se fue tranquilamente hacia la maleza. Desapareció.
El río rumoreó más alto; el valle entero sonó como si estuviera sorprendido.
Entonces recordé la clase de griego de primera hora de la mañana; el padre Diego nos hablaba de Melampo el adivino y médico tesalio cuya fama era grande en todo Tirinto y Argos; a Melampo, en su niñez unas serpientes le habían lamido los oídos otorgándole especialmente la capacidad de comprender el lenguaje de los animales; Melampo amaba sobre todo a su hermano Biante que pretendía la mano de Pero, hija de Neleo, pero éste exigía un rebaño de vacas como aportación al matrimonio; las vacas eran de Fílaco y Melampo intenta robarlas pero es hecho prisionero por Fílaco que lo encierra en prisión. Sin embargo, Melampo, gracias a que podía entender el lenguaje de los animales se entera escuchando a unos gusanos que roían las vigas de la prisión y que charlaban mientras tanto entre ellos, de que ya les quedaba poco para terminar de roer la viga: el techo no tardaría en desplomarse.
Melampo se lo hace saber así a su carcelero (sin mencionar cómo lo sabía). Todo se cumple al poco  y Fílaco, admirado, pone en libertad a Melampo y además le regala las vacas que éste intentó robar.
Melampo fue asimismo un precursor de los futuros métodos del doctor Freud, y diré cómo: Fílaco tenía un hijo, Íficlo, gran deportista, corredor de fondo; tanto corría que pasaba por encima de un campo de espigas sin tocar ni una de ellas, pero…, pero padecía sin embargo de una incapacidad genésica, y es que no se puede tener todo. “Por favor, oh sabio Melampo, cura a mi hijo y te daré lo que me pidas”,  debió decir Fílaco, y Melampo, para sanarle sacrifica dos toros y los abandona a la voracidad de las aves, pero él queda cerca, y cuando acuden los pájaros a la cena escucha su conversación; un buitre comenta que para que cure Íficlo ha de beber éste del agua con -en ella disuelta- la herrumbre del cuchillo que en tiempos había visto él se usaba para castrar carneros, lo cual produjo su impotencia. Melampo encuentra el cuchillo, aplica la cura al joven, lo sana, recibe las vacas, las lleva a Neleo y éste autoriza la boda de Pero y Biante.
Y en esto pensaba yo cuando Richi despertó dando por terminada su siesta; entonces le conté lo que había visto y le recordé la historia de Melampo.
-Estaría bien, ¿no? que pudieras entender a los animales -dije con cierta coña-.
-Les oigo -dijo Richi- y les entiendo a todos.
Me miró fijo: estaba serio.
-¡Anda ya!
-Que sí, que te digo que sí -exclamó- Ahora mismo hay en esa poza unas quince truchas charlando sobre si seguir o no río arriba; parece que la mayoría prefiere hacer noche aquí y seguir mañana.
-No te creo pero nada.
-Vale -me dijo-. Tú espera aquí y verás.
Y se fue a toda prisa en dirección al colegio. Esperé: era jueves: teníamos la tarde libre, de hecho esperé casi media hora. Entonces Richi volvió: traía un capazo, de esos que usaba fray Crispín en las cocinas para transportar el pescado.
-¿Qué haces? -Dije.
-Ahora verás:
Puso la boca a ras de agua y borboteó algo sosteniendo algo hundido el capazo; al poco rato lo levantó sacándolo del agua; me miró triunfante:
-¿Lo ves? Les he hablado, les he convencido de estarían mucho mejor descansando en el capazo y aquí las tienes: Fray Crispín me ha dicho que cocinará todo lo que le lleve.
Las truchas boqueaban en la cesta: agonizaban, morían una a una.
-¿Te das cuenta? Puedo hablar con ellos; les entiendo: Seré rico, cazaré y pescaré lo que me de la gana y seré rico -decía entusiasmado-.
Entonces se oyó un tremendo fragor en el río y en el valle, los árboles se inclinaron como con furia, el viento aulló; Richi se llevó las manos a los oídos: Gritaba de dolor.
Al poco todo quedó en calma, las truchas muertas dispersas por la yerba. Richi:
-No oigo, no oigo nada, Emilio. Nada.
Lo llevé al colegio: lloraba. Fray Sebastián le dio algún calmante y lo acostó en la enfermería…
Nada conté de lo pasado pues no me creerían y seguro que salía con algún castigo por mentiroso aparte de ser el hazmerreír de todo el colegio.
La sordera se le pasó en un par de semanas a Richi, aunque jamás recuperó ni toda la audición ni su alegría de antes, pero eso no fue lo peor.
Encima suspendió griego.

AUTORIDADES

 

Desde que recuerdo y de todas partes me han achacado problemas con la autoridad sumiéndome en un estado perplejo del que salí -afortunadamente- una vez consciente de mi propia juventud e individualidad.
Y es que yo siempre he sido muy respetuoso con la autoridad, por ejemplo, si necesito de la filosofía de la música acudiré puntual y devotamente a Eugenio Trías, si de mecánica cuántica, a Murray Gel-Mann; a Richard Dawkins si quiero saber algo de evolucionismo o etología o a Daniel Dennet si necesito alguna precisión sobre filosofía de la ciencia o detalle de la teoría de Darwin; del mismísimo Darwin si pretendo entender el mundo que me rodea o del que fue en su momento mi despertador a la vida, al materialismo y a la conciencia de mi propio ser, Epicuro de Samos. En fin, autoridades hay para cada cosa, como lo es constantemente el señor Pynchon en mi percepción anarquista de la sociedad o Harold Bloom en mis siempre escasos conocimientos literarios.
Entonces ¿a qué autoridad se refieren los que me achacan tal carencia de sentimientos hacia ella? ¿Quizás a la de Michael de Montaigne? No puede ser puesto que soy lector recurrente de sus deliciosos ensayos. ¿Kafka, Proust, Beckett, Shakespeare, Bach, Shostakovich, Newton, Lucrecio, Dante, Mann, Chéjov, Pope, Melville, Galdós, Flauvert,y ese larguísimo etcétera que va llenando mi vida haciendo que sepa dónde estoy, que conozca mi inanidad y no sufra por ello.
Si necesito saber algo que despierta mi curiosidad sé de autoridades que me ayudarán en mi búsqueda, por ejemplo, quiero saber de las aves que pasan en su migración por Estaca de Bares, nada más fácil: Tengo aquí mismo, a mano a Antonio Sandoval, ¿Necesito ampliar mis minúsculos conocimientos musicales? Luis ángel de Benito acudirá raudo a mi servicio. Así para tantas y tantas cosas, ésas que nos hacen realmente libres, en un sentido filosófico que es -siendo decepcionar a alguien- el único en el que se puede ser libre: Ya sabéis, la libertad tal y como se nos pretende presentar es tan sólo un anzuelo burgués, un señuelo, una quimera.
¿Entonces de qué autoridades me hablan, me acosan por todas partes?
¿Se refieren quizá a jueces, obispos, reyes, políticos, toda esa gente autoencumbrada? ¿a sus esbirros? ¿A todos ellos?
¿De qué son autores para proclamarse autoridad?
Porque con ellos, con esta gente, sí que tengo problemas, los he tenido y los seguiré teniendo.
Con el sistema patriarcalista, con las religiones, la obcecación y el fanatismo, con la letra con sangre entra, el miedo constante, la pérdida, la esclavitud, el engaño, los sistemas educativos (o adiestrativos, mejor), los dioses al fin, hechos a semejanza de la estupidez humana que aunque no sea sí parece infinita.

¿Un esbirro, llámalo policía, soldado, general, guardia, munícipe… es una autoridad? Venga ya; ¿lo es acaso un rey cuyo único mérito es vaginal? ¿Un juez que repite como engolado

Epicuro de Samos

Epicuro de Samos

loro lo que está escrito o lo que le ordenan repetir?

Estos, que nos acosan desde siempre con semejante concepto equívoco, sean presidentes, jefes militares, capitalistas ahítos de riquezas, papas, ulemas, y toda esa plaga enferma y paranoica que vampirizan el mundo no son autoridades de ninguna clase.
Son El Poder, y cuando te están diciendo que debes respetar a la autoridad te están diciendo que respetes el Poder, su poder, un poder basado únicamente en la violencia y el terror (leed a Hesíodo), el poder de las armas, de las leyes que en ellas se sustentan, el poder de la mentira, del asesinato, de las cárceles y torturas, el Poder que acalla y vence sobre las conciencias, el Poder que hace de las sociedades ganado y de las fronteras establos.
Ese poder yo no respeto, ni reconozco, ni acato sino por la fuerza de sus armas; con ese poder sí que he tenido problemas toda mi vida, y los tendré hasta que muera para ser nada, para ya no ser objetivo del Poder.
Si basáramos nuestros juicios, nuestras actitudes en una equilibrada mixtura de nuestra curiosidad, nuestro instinto social y de supervivencia y las autoridades que nos han precedido o que aún están entre nosotros no viviríamos subyugados, enajenados, ausentes.
¿Queréis que acabe este pequeño artículo con un par de soluciones? Pues no tengo, sólo sé que si uno no hace nada por sí mismo tampoco debe esperar que alguien lo haga por él o piense por él, y no me refiero a esa compulsión por adquirir juguetes, objetos, pequeñas miserias, sino sabiduría, ¿y cómo se adquiere esta sabiduría? Desde luego no acatando sistemas sin crítica, no suponiendo a otro saberes ni facultades que no tiene, no entregando a payasos mediáticos la propia individualidad y juicio porque “es más cómodo”.
Pensar, reflexionar todos los días un poco para empezar ya sería un gran paso.
Pero no se dará.

LECCIÓN BREVE DE ZOOLOGÍA: LOS PATRIOTAS

imagesHoy, queridas amigas y amigos vamos a pensar en los patriotas. ¿Raro? Pues no sé por que: estamos rodeados de ellos, nos hablan, o gritan, o insultan desde todos los medios de comunicación, nos cuentan de las bondades, alegrías y verdades de la Patria, pero también nos amenazan con los peores males y castigos si nos notan tibios, flojos inconvencidos, torvos, traidores y pecadores contra esta diosa amable vista por aquí y cruel si miras por allá.

¿Quiénes son? ¿De dónde salen? ¿Qué les preocupa o les duele? ¿Qué cosa producen sus ilustres cerebros?

Del qué son nada diremos porque ya está dicho: Patriotas.

Así, a vuelatecla, yo distingo dos clases generales de patriotas, claro que hay algunos grises en la foto pero ni me da la cabeza ni tengo paciencia  para todos ellos. El primer grupo lo constituyen los fanáticos, los extremosos, los que ya viven en la violencia o los que tienen la violencia soterrada, siempre a punto de aparecer, son peligrosos si te das de bruces con ellos y, por alguna razón arcana no les gustas nada, pero nada, entonces, sin más que tú o vosotros estás bien jodido; además, cuando te los encuentras por ahí, en plan agresivo siempre son más y, aparte de que Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos, en este caso no deseable se ha de tener en cuenta una cosa clarísima: Dios siempre está con ellos, ¡coño! si no ¿para qué lo quieren?

Esta gente fanática tienen a la patria siempre presente, a todas horas, de día y de noche; están solemnemente orgullosos de su patria que, a partir de aquí llamaremos España, para entendernos: “Yo estoy muy orgulloso de ser español”, dicen siempre que pueden, que pueden siempre, nada grave, lo malo es que pocas cosas tienen para estar orgullosos: Son, normalmente de clase baja, o esa que llamamos media pero que no llega ni al cuarto: baja con pretensiones (ahí estamos casi todos, no en vano vivimos en un país empobrecido), incluso lumpen. ¿Qué le queda al fanático aparte de la patria y la religión aquí en España: Premios Nobel hay pocos en esta tierra árida para la ciencia, cultura y demás; bueno está el fútbol y demás espectáculos de masas en los que el fanático patriota está como pez en el agua. Le dices a uno de ellos, pongamos por caso, que es mucho poner: ” Y a ti qué te parece Richard Dawkins”, y seguramente te contestará que una puta mierda porque para centrocampista, Casemiro, y los demás pueden ir a tomarporculo.

Aquí debo confesar mi ignorancia por si me he confundido: Nada sé del tal Casemiro ni de ningún otro. He copiado del Google: el fútbol me es tan arcano como las virguerías del Paráclito con sus mozas virginales, aunque he de reconocer que este último resulta más divertido.

En fin, a lo que iba: Un patriota fanático aquí en en las españas es alguien con unos ingresos no altos (máximo, funcionario clase A), o más bajos, o aún más bajos, o sin salario ni nada, que los hay, y no pocos, que sigue religiosamente el fútbol vislumbra los titulares de la prensa deportiva, papeles sagrados donde los haya y anatemiza a todo aquel que difiera de su línea de defensa, que sin problemas se convierte en línea de ataque si se dan las condiciones suficientes; su mundo ecológico es el bar, el salón-comedor-donde-ve-los-partidos-y-las-tertulias, la Puerta del Sol en noche vieja, la Plaza de Oriente cuando cae en la nostalgia, lo mismo que el Valle de los Caídos; también hay otros lugares según autonomía o nacionalidad más o menos histórica cuyo repaso haría excesivamente prolija esta reflexión: Las españas es un país (o varios) de recursos, no cabe duda, pero por encima de todos ellos está el bar, bar con tele, claro, para ver los partidos, las carreras, las olimpíadas (las llaman así, qué le voy a hacer), las tertulias y demás mensajerías culturales. Allá, en esos benditos lugares, entre cañas, vinos, calamares refritos, mejillones en vinagreta y demás delicias locales se dirimen los Grandes Problemas Del País, se grita, se insulta al oponente, se comenta como si nada lo del “orgullo de ser español” antedicho, o catalán, o vasco o lo que sea, con un vocabulario ingénito que suele rondar entre los cincuenta y los ciento veinte términos de la lengua utilizada, normalmente el castellano.

En general, digo, ellos son los defensores de la Patria y la Religión, incluso del mismo Dios que, al parecer no es tan todopoderoso como pretenden puesto que necesita ayuda. Y mucha.

En fin, abandono aquí a mis admirados fanáticos, a mis patriotas sentidísimos, a los verdaderos soldados, gleba, carne de cañón de las patrias y los dioses verdaderos que darán sin duda hasta la última sangre suya y ajena por cualquiera de las causas justas que Patria y Religión ofrecen.

Luego están los Patriotas Verdaderos, así con mayúscula, los que realmente sí tienen una enorme (o varias) razones para amar  la Patria, ahora sí, hispana: Los ricos.

¿A que sí? en realidad son los únicos que tienen una poderosísima razón para amar a la Patria: Sus dineros. “¡Coño! Y por qué” se preguntará más de uno anhelante. Pues porque España es el paraíso de los ricos, es El Paraíso, sin más: todos los españoles restantes, incluidos los patriotas de que hablaba antes está a su servicio; somos todas las profesiones y oficios que ellos necesitan para su apacible vivir, pero de todas, las que más aman es la de camarero, que se sepa, por eso hay tantos camareros aquí; todos trabajamos o no trabajamos, según nos toque, para ellos, para que ellos no tengan que pasar por ese mal trago que supone el trabajo durante cuarenta y tantos años, que digámoslo claramente: es un asco, pero ese asco que es para nosotros es gloria bendita para ellos, que lo disfrutan bien gusto desde sus despachos, parlamentos, senados, alcaldías, diputaciones, viendo martirizar toros en la barrera, patear balones desde sus salones privados en el estadio mientras se meten varios lingotazos de Chivas Regal, porque eso sí: los ricos españoles son, en general unos horteras y beben Chivas, ya ves, aburriéndose apaciblemente en los palcos no escuchando la ópera de turno, pero sobre todo, por encima de todas las cosas para redundar a gusto, gastando a manos llenas dinero público y guardando el que van privatizando día a día. ¡Claro!

Los ricos aman a la Patria hispana porque ésta les permite ocultar sus tesoros en otra parte, así que cuando cualquiera de ellos dice: “Yo amo a España por encima de todas las cosas” ya sabéis qué está diciendo.

En este crucial momento he de distinguir las diversas especies de rico de que gozamos en la españas: La primera de ellas es la oculta desde hace casi doscientos años, la que se encumbró con aquel borbón malévolo, astuto y cruel que fue el tal Fernando, alias Séptimo, la que creció a la sombra del otro borbón, Alfonso, alias Trece, rey de traiciones, crímenes, pero sobre todo rapiña, un tipo al que hubo que echar de España no por rey sino por ladrón y la que pelechó a la crudelísima sombra de Franco, alias Caudillo. A partir de aquí son todos visibles porque aún no les ha dado tiempo a ocultarse o -como en el caso del borbón llamado Juan Carlos, alias Primero y más rapacero quizá que su abuelete- no hayan necesitado hacerlo en modo alguno; aquí encontramos todos los nombres de nuevos ricos, ricos en subida, ya sea por el saqueo directo a las arcas del Estado, comisiones, fraudes enormes, explotación de niños, usura galopante, mentira sobre mentira y demás especialidades del robo a gran escala que no puedo contener en mi escasa memoria; excepto algunos privilegiados que ya casi están arriba del todo y a punto de desaparecer de todas partes quizá en la siguiente generación, los demás están en ello: Sus armas son varias pero no muchas ni muy imaginativas como el peloteo con los poderosos y la crueldad con los humildes, la mentira en contra de toda evidencia, la soberbia, el chantaje, la prevaricación y no nombro el abuso de poder porque todo poder es siempre un abuso, y todas esas cosas que le hacen a uno rico sin producir, sin dejar nada, sin rendir cuentas a nadie, Estado incluido, bueno, sobre todo, Estado.

Sin embargo, cuando digo que España es el Paraíso para esta gente, lo digo porque el mismo Estado contempla alborozado que todos esos dineros no cuesten nada al ladrón ya que si siembras permisividad recoges riqueza y, con ella, honorabilidad. Y ahí está el asunto, cualquiera de esta gente deviene en poco tiempo en honorable, algunos, incluso llevan ese título con salero. entonces, ¿cómo no ser patriota, cómo no amar tiernamente la patria que te permite gozar de tu riqueza sin exigirte nada a cambio? Así pues toda esta caterva: artistas, gente del espectáculo, aristócratas de risa, banqueros, comisionistas, políticos, deportistas famosos, obispos, cardenales, familiares de éste o aquél, horteras, ordinarios y engominados en general, son todos ellos grandes patriotas, y es que además de saber que nadie les tocará saben que la plebe patriota antes mentada les ama, les envidia, aplaude, admiran, pagan gustosos los salarios de esbirros que les defienden, magistrados que les escudan, y, llegado el momento irán a cualquier guerra por ellos -por la Patria- mientras ellos miran todo desde lejos, otro país por ejemplo hasta que pase el vendaval.

Así llevamos -ya digo- casi doscientos años. Y lo que nos queda, según parece.

Y por cierto, ¿qué hay en medio de estas dos clases generales de patriotas? La verdad: Bueyes, mansos bueyes, tristes bueyes contemplativos sin futuro ni esperanza.

A muy poca gente se le ocurre que en vez de ser un cretino fanático de patrias y religiones o un patriota de guante blanco se puede -y se debe- ser simplemente un ciudadano solidario con los demás que sabe pagar su parte de la ronda porque así debe ser, un ciudadano consciente de sus derechos y deberes, que no necesita patrias ni bobadas por el estilo para vivir con los otros, ni estados que las sustenten, ni avarientos disfrazados de payasos que les digan qué deben creer, cómo comportarse mientras ellos arramblan con la bolsa común que desde su punto de vista no es sino su derecho, hacen y deshacen a voluntad en las tierras y mares que dan en llamar Patria con la boca enorme cuando la consideran finca para sus desmanes…

Y no digo más por no abundar, que cualquier persona con dos dedos de frente, con sentido de su propio valor dentro de las sociedades y de su honor como ciudadano libre sabe perfectamente.

Yo, por mi parte, cada vez que oigo hablar de patrias tiemblo, unas veces de ira y otras de pavor.