VIDAS DE SANTOS

Pocos lo sabréis oh ignaros en las cosas de Dios y de la Santa Iglesia, pero resulta que un buen día, 17 de junio de 1603 nació en un lugar llamado Lecce, en la Apulia italiana un niño destinado a las más altas cotas de la santidad: José de Cupertino (o Copertino). Aunque he de insertar que Lecce, según mi más que sospechosa capacidad etimológica también tuvo el nombre Licium, es decir, urdimbre, nada hay en esta historia urdido sino que todo es verdad evidente autorizada por nuestra Santa Madre Iglesia.
En fin, el niño, estudiante, José era más bien poco entregado a los estudios, que le costaba aprobar el recreo, vaya (de ahí su patronazgo por los débiles mentales y los examinandos sin demasiada aplicación:”reza, hijoputa, reza ahora porque lo que es estudiar, ni hostias”, dice el famoso adagio, como mucho habréis escuchado alguna vez).
Eso sí, en clase soñaba, soñaba y soñaba, pero no en cualquier cosa, no en redondeces femeninas (ni masculinas, creo), no en la gloria militar, no en la acumulación de vanas riquezas temporales, simplemente soñaba, es decir, ni atendía en clase ni pensaba en algún futuro trabajo con el que ganarse el papeo; todo lo suspendía (atended bien a este verbo, oh amables lectores: suspender).
Habréis de convenir conmigo la genuina preocupación de papá y mamá con aquel niño, tan bueniño por otra parte, así que dada la aplicación que puso mamá en su cristiana educación lo presentaron en la Orden de frailes menores conventuales, algo chupado, sí, pero no lo admitieron. Por tarugo; lo intentó en otros hermanos menores, esta vez reformados: Ni del torno pasó, angelito. Los capuchinos, que ya era otro nivel casi hunden el convento de las risas ante la solicitud de semejante adoquín (tened en cuenta que entonces no había parlamentos donde acoger a esta gente), sin embargo lo aceptaron a prueba como lego: antes de un año ya estaba en la puta calle por inútil, y es que el trabajo…
Pero aunque -como dije- aún no había parlamentos sí existían ya los nepotismos varios (no vayáis al diccionario, amados lectores: enchufes), así que, teniendo un tío materno, Donato Caputo, ya metido en harina, pues era conventual, logró entrar como terciario y recadista en un convento franciscano de Grotella que, aparte de ser una blanca mariposa (ojo: sin alusiones) también era un lugar a las afueras de Copertino. Y ahí sí, ahí plantó bien lo suyo contra el suelo santo.
Muchas historias escucharéis de este santísimo varón: todas falsas, hacedme caso. El muchacho seguía sin amar el trabajo, el de recadista, menos aún así que siguió intentando evitarlo, y lo consiguió, vaya que sí; primero, por votación popular conventual (o sea que ya había votaciones: todo tiene un comienzo, no desesperéis los más jóvenes) le aclamaron como religioso franciscano en 1625, y es que como expliqué era bueniño, no daba la murga, no preguntaba insensateces ni pregunta alguna: Soñaba como se debe de soñar, con la mirada perdida en lo alto, los labios entreabiertos, como oferentes (pero sin mácula), la postura recatada y recogida, así que todo el mundo pensaba los mismo: “Hay que ver, José, lo que reza el tío: siempre rezando, ¡coño, un santo! eso es lo que es” Para que luego digan que los frailes no tienen el don profético: vaya si lo tienen, descreídos lectores, pero ya veréis, ya.
Después de su clamorosa entrada en religión y dado el futuro que entreveían sus colegas lo pusieron a estudiar para las órdenes mayores, para sacerdote, coño, que mira lo poco que sabéis de las cosas santas, pero nada ¿qué queréis que os diga, una mentira? Imposible aprobar, ¿qué dices aprobar si aún no sabía ni leer? Pero no desesperaba, ni él ni sus superiores convencidos de que el dedo (no todo, pero sí parte) de Dios le había marcado la frente, los ojos soñadores. Y es que José sólo sabía una cosa, pero eso sí, la sabía a fondo, deputamadre, y era: Bentitoelfrutodetuvientrejesús. ¿Una chorrada, verdad? Puede, pero ¿puede decir lo mismo todo el mundo? Bentitoelfrutodetuvientrejesús. No creo: de hecho a mí ya me parece un milagro, porque el caso es que eso es lo que le preguntaron, lo del vientre, y como nunca había pensado en ese vientre en el que todos (los varones heterosexuales y las simpáticas lesbianas pensamos), pues lo dijo: Bentitoelfrutodetuvientrejesús. 
¡Y aprobó! ¿Qué os decía? Un milagro.
Así que pasó a la siguiente fase, la definitiva, queridas y queridos, la que le encumbraría a las más altas cotas de vagancia justificada: ¡El sacerdocio! Y comenzando el examen (cosa nada baladí, en qué coño estáis pensando) y aprobando brillantemente cada uno de los examinandos (que sí habían estudiado a base de bien), uno, y otro, y otro, y así hasta el décimo más o menos, dijo el santo Presidente del Tribunal con la sabiduría que caracteriza a estas dignidades: “¿A qué seguir examinando a estas lumbreras, futuros faros de la Cristiandad, habiendo comprobado como hemos hecho con gran placer con los alumnos ya examinados? ¿Acaso no es prueba suficiente de la dedicación generosa a los estudios de todo este ilustre colegio?
Y dicho y hecho: Aprobado general. José era -hubiera sido- el próximo examinando: ¡Otro milagro! ¿O no?
De ahí en adelante, ya podéis imaginar, todo fue para arriba, pero literalmente.
Arriba, arriba.
Y es que así, de repente, a José, siempre a lo suyo, siempre soñando le dio por levitar. Sí, a levitar. ¿Acaso no es lo que hacen los sueños con los soñadores?
¿Y creéis que algo le inmutaba en sus sueños? Pues no, nada; quedaba en el éxtasis más absoluto, tanto que nada sentía, ni dolor siquiera, que le pinchaban y todo para comprobar si había tongo, y él, nada: lo de antes, los ojos perdidos, los labios oferentes, etcétera. Y le curraban, le quemaban con la llama de los santos cirios, le azotaban… De todo, vaya, pero él sólo bajaba de su viaje a la voz del superior del convento, cuando le decía al fin. “José, baja, que ya está bien y se está enfriando la puta sopa”. Y entonces abría del todo los ojos, los fijaba con santa mansedumbre en sus compañeros y se excusaba humildemente: “Perdonad, hermanos queridos, sin saber cómo me he debido de quedar traspuesto”
Y le perdonaban, claro.
Otra cosa fue cuando comenzó a despegar verticalmente, levitar, que es -para los que no estéis puestos en estas cosas santísimas- lo mismo que hace un Harrier de combate, pero sin ruido ni hostias y en plan buen rollito, sin bombas ni esas cosas. Entonces sí que hubo críticas algo más durillas: puta envidia, lo de siempre, pero la Iglesia todo lo comprueba, apunta y archiva, así que constataron al menos sesenta casos de levitación, y en cualquier  momento, cuando menos lo esperaban sus santos hermanos en Dios Nuestro Señor, tanto que le tuvieron que liberar del cargo de hebdomadario (ahora sí que vais a tener que ir al diccionario, que no todo van a ser facilidades), que era el único que ostentaba, con lo cual alcanzó al fin el sueño que soñaba cuando soñaba: No trabajar. Pero nada de nada, ni de hebdomadario del coro, que era un currillo de mierda: Pues ni eso: Sólo soñar y levitar, que parece una memez, pero probad a hacerlo pipiolos, ya me contaréis, que no vayáis a pensar que despegaba unos centímetros por encima de la falda (perdón, el hábito) o que un cíngulo (ésta la sabréis ¿no?) invisible lo elevaba con magia torticera, no, qué coño, volaba, despegaba como he dicho, como un Harrier y después volaba por sobre las santas cabezas de sus amadísimos cofrades: Ahí queda eso. Hasta el mismísimo Urbano VIII, algo capullo pero papa al fin, le vio. Y ya, para que comprobéis cómo los designios del Señor son insondables, un buen día el duque de Brunswinck-Lünenburg, que era un maldito protestante le vio levitar y acto seguido se convirtió a la Fe Verdadera. No faltaba más: Otro milagro.
Tantos fueron los milagros que me daría el alba (el alba de verdad, no la otra) relatándolos, y a gusto lo haría pero ya ha despejado la niebla; hace un sol estupendo así que voy a subir a mi bici a hacer unos kilómetros, que con esto del lumbago me he tirado una semana haciendo el vago (sin levitar, lamentablemente); sólo añadiré que, el 16 de julio de 1767, el Santo Padre Clemente XIII, le hizo, con gran razón santo de la Iglesia.
Así que, aparte de los memos y malos estudiantes, San José de Copertino es también patrón de los aeronautas (un abrazo, chicos) de los que , cagados de miedo, viajan en avión, más aún de los que lo hacen en estos vuelos de diez eurillos, que hay que  ver, y, en general, de los que distraídos caen por un acantilado, barranco o precipicio sin importar sexo ni condición.
Muchos de vosotros, oh escasos lectores, no podréis decir lo mismo. Y es que comenzando suspendiendo los exámenes acabó suspendido en el aire cual cernícalo divino.descarga
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LAS COSILLAS DE LA IGLESIA CATÓLICA

   Ya que en mi otra cita latina  nadie ha corregido mi pequeña traducción, me animo a más y siguiendo con los cantos goliardos  (Carmina Burana) traigo esta divertida digresión (Seix Barral, 1978. pp.110, 112) osando traducir muy libérrimamente una vez más: Sed pues benevolentes.

INITIUM SANCTI EVANGELII SECUNDUM MARCAS ARGENTI

 

In illo tempore dixit papa Romanis: “Cum veneri lius hominis ad sedem maiestatis nostre, primun dicite: “Amice, ad quid venisti?”     At ille is perseveravit pulsans, nil dans vovis, eicite eum in tenebras exteriores!”

Factum est autem, ut quidam pauper clericus veniret ad curiam domini pape, et exclamavit dicens: “Miseremini mei salten vos, hostiarii pape, quia manus paupertatis tetigit me. Ego vero egenus et pauper sum, ideo peto, ut subveniatis calamitati et miserie mee”.

Illi autem audientes indignati sunt valde et dixerunt: “Amice, pauperas tua tecum sit in perditione. Vade retro, satanas, quia non sapis ea, que sapiunt nummi. Amen, amen, dico tibi: non intravis in gaudium domini tui, donec dederis novissimum quedrantem”. 

Pauper vero abii et vendidit pallium et tunicam et universa, que habuit, et dedit cardinalibus et hostiariis et camerariis. At illi dixerunt: “Et hoc quid est inter tantos?” Et eiecerunt eum ante fores, et egressus foras flevit amare et non habet consolationem.

Postea venit ad curiam quidam clericus dives, incrassatus, impinguatus, dilatatus, qui propter seditionem fecerat homicidium. Hic primo dedit hostiario, secundo camerario, tertio cardinalibus. At illi arbitrati sunt inter eos, quod essent plus accepturi.

Audiens autem dominus papa cardinales et ministros plurima dona a clerico accepisse, infirmatus est usque ad mortem. Dives vero misit sibi electuarium aureum et argenteum, et statim sanatus est.las

Tunc dominus papa ad se vocavit cardinales et ministros et dixit eies: “Fratres, videte, ne aliquis vos seducat inanibus verbis. Exemplum enim do vobis, ut, quemadmodum ego capio, ita vos capiatis”.

 

(las cursivas pertenecen a textos entresacados de textos míticos cristianos, biblia, evangelios y demás leyendas; lo demás textos intercalados por el o los escritores goliardos para dar el nuevo sentido al texto resultante. en mi traducción obviaré los distintos tipos: Resultará uno solo, homogéneo)

Traducción

 

PRINCIPIO DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCO DE PLATA

Dijo entonces el Papa a los romanos: “Cuando llegue el hijo del hombre a nuestra Sede primero decidle: “A qué has venido, amigo?” Y si él insiste llamando pero sin daros nada arrojadlo a las tinieblas exteriores.

Aconteció que cierto clérigo pobre llegó a la corte Papa y gritó diciendo: “Tened piedad de mí al menos vosotros, porteros del Papa, pues me ha herido la garra de la pobreza. Ciertamente soy pobre y necesitado, os pido por ello que aliviéis mi necesidad y miseria.”

Mas ellos, al oír esto se cabrearon pero mucho y le dijeron: “Váyase contigo tu pobreza a la perdición, amigo; atrás Satanás, pues no sabes lo que puede el dinero. en verdad, en verdad te digo que no gozarás de tu señor mientras no dieres hasta el último céntimo.”

De esta forma el pobre se marchó; vendió el manto, la túnica y todo lo que poseía y se lo dio a los cardenales, porteros y camarlengos, pero ellos dijeron: “Y qué es esto para tantos?” Y le echaron fuera, y fuera lloró amargamente sin hallar en nadie consuelo.

Más tarde llegó a la curia cierto clérigo rico, gordo, cebado y lustroso que en una revuelta había cometido homicidio. Éste dio en primer lugar al portero, en segundo al camarlengo y después a los cardenales, y ellos supieron que habían de recibir aún más.

Oyendo el Papa que los cardenales y criados habían recibido muchos regalos del tal clérigo enfermó a punto de muerte, pero el rico le envió un electuario de oro y plata, y al instante sanó. Entonces el Papa llamó ante sí a cardenales y criados y del dijo de esta forma: “Hermanos, velad porque nadie os seduzca con palabras vanas, pues mi ejemplo os doy para que, como yo recibo, también vosotros recibáis.”

 

Bueno, estas divinas palabras me han recordado inmediatamente aquel díptico de Ramón Irigoyen que tituló

Caridad cristiana:

Me diste una manzana

y las dos podridas.

 

 

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UN POQUITO DE FERNANDO VALLEJO

descarga (2)Como casi siempre que cito un texto, me vuelve a comer la curiosidad; voy al libro; a veces lo encuentro en este caos de libros que es mi casa y lo hojeo: casi siempre pico y lo releo en su totalidad, unas veces a toda pastilla -lectura diagonal- y otras como en éste y el caso anterior, “Neuromante” con detenimiento.
Me gusta mucho Fernando Vallejo, su absoluta falta de corrección política y zarandajas por el estilo y encima concuerdo con casi todas sus opiniones, cuanto más bestias, mejor, que parece hay que hablar mucho más claro para anular el ruido de fondo (ver Don DeLillo: Ruido de Fondo” (Seix Barral, 2006)) de nuestra lánguida y aquiescente sociedad, fija su ávida mirada en el último nuevo juguete electrónico o memez televisiva que le sirva para consolarse de su falta de autonomía política, del morbo depresivo que ello conlleva.
De Fernando Vallejo podemos leer La Puta de Babilonia (Seix Barral, 2006) libro que recomiendo siempre muy encarecidamente a cristianos que ya no lo son o que lo están dejando; a todo el mundo en general al que le coma la rabia de ver a la Iglesia de los católicos arrasando durante siglos a base de sangre, mentira y codicia, o también La virgen de los sicarios (Alfaguara, 2004) de la que en 1999 se hizo una película dirigida por Barbet Schroeder y que podéis ver graciosamente en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=66MS4yZsIZQ), o esta de la que escribo, El desbarrancadero (Alfaguara, 2008) que, como todas las novelas de Vallejo está escrita en primera persona ya que, como afirma él mismo, él no es Flauvert o Zola, y no tiene ni idea de lo que piensan sus personajes. Ni falta que le hace: Sus personajes van por libre y hablan por sí mismos en ese mundo terrible y violento del Medellín vallejiano y absolutamente real en que la sangre y  la corrupción hacen un fango insalvable, y todo ello visto desde una óptica de homosexualidad militante de la que Vallejo hace bandera, arma y trinchera.
Como no pretendo dar la chapa (y digo “chapa” como murga , que ya estoy mayor para ciertas cosas) nadie sino sólo agitar quizá la curiosidad lectora de mis amigos, citaré literalmente aquí un par de párrafos de ese desbarrancadero que es despeñadero en Colombia y se refiere también al lugar donde encuentran su sustento de carroña los gallinazos llamados también zopilotes en México y que es el buitre negro americano (Coragyps atratus), pero que por extensión es el mismo Medellín que Vallejo describe con minuciosidad de cirujano:
-Aníbal y Nora -les explico a ambos-, el amor de dos repartido entre tantos (perros) se vuelve muy poca cosa: a cada perro del albergue le toca muy poquito y ese poquito no le basta. La vida de un perro sin amo no tiene sentido.
-¿Y la del hombre qué? -me rebate Aníbal.
-Ah hermano -le respondo yo-, eso sí ya es otra cosa. Nosotros estamos aquí abajo para cumplir el plan creador de Dios, o en su defecto el quinquenal del Partido Comunista.
Mi tesis es que a los quinientos perros del albergue y los doscientos gatos (porque han de saber que para colmo de angustias y de males también recogen gatos), por caridad, para librarlos de su soledad y del dolor hay que matarlos. Ahora bien, si como siempre estoy en lo correcto, ¿quién los mata? ¿Aníbal? ¿Nora? ¿Yo? ¡Ni lo sueñen! Yo con gusto empalo por el culo al Papa, ¿pero tocar a un animalito de Dios? Ni a un perro malo. vaya, que también los hay, como también hay gente buena, por excepción. Para mí los perros son la luz de la vida, y a los que pregustan de capciosos a mi hermano y a Norita que por qué mejor no recogen niños abandonados yo les respondo así, con estas textuales y delicadas palabras:
-¿Cuántos han recogido ustedes, cristianos bondadosos, almitas caritativas, hijos de la gran puta? ¡Si ustedes son los que los engendran y los paren y los tiran después a la calle?
Y consecuente conmigo y mi rigor dialéctico, reparto entre los susodichos condones envenenados, y entre sus hijitos abandonados chocolatinas igual, no vayan a crecer estos hijueputicas y después nos maten. En todo niño hay en potencia un hombre, un ser malvado. El Hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Por amor a la naturaleza, por equilibrio ecológico, para salvar a los vastos mares hay que acabar con esta plaga.
Como veis, a Vallejo le sirve cualquier tema (perros aquí, monjas allá, cualquier tema) para acabar denostando de nuestra humana sociedad que suele ser suciedad.
Transcribo un parrafito más, el de las ratas, y lo dejo, que no quiero abusar. Además se acerca la hora de comer, después de pedalear por la carretera un buen rato me está pinchando la jambre (¿permitirá jambre nuestra consentidora, puta de cama vulgar y populachera academia?):
… Me iba tranquilizado al respecto al sótano, a ver en qué andaba Sam y a darles comidita a mis hermanas las ratas.
-¡Muchachitas, niñas, ya llegué! -anunciaba entrando con un platón de arroz que sostenía con ambas manos-. ¡Vengan, vengan!
De los oscuros rincones del recinto, acudiendo a mi llamado iban surgiendo. Venían de sus moradas de desdicha, las humildes alcantarillas del subsuelo adonde llega la mierda humana pero no la misericordia de Dios. ¿A qué venían? A verme,a saludarme, a quererme. Religiosamente, equitativamente, sin permitir que me armaran tumultos, guardando el orden, arrodillado en el suelo, les iba repartiendo el arroz granito por granito, que les iba dando en las bocas (y oigan que dije “bocas” y no “hocicos”), de las que iban saliendo lenguas: las lengüitas húmedas de mis comulgantes a recibir la Divina Forma. Y cierta noche en que estaba en esto, una que se distinguía por cariñosa, Maruquita, que se sube, para quedar a mi altura, a la base de hormigón armado sobre la que descansaba Sam, y se pone a lamerme la mejilla.
¡Ay Maruquita, qué loca sos! ¿No te da miedo que te infecten los humanos?
Mandé la imparcialidad al carajo y le di el doble. No pidan equidad al amor que el amor es ciego.
-Muchachitas, me voy, hasta más tarde. A las diez viene una belleza del Central Park a visitarnos. ¡Y dejen la pichadera que ya no caben y se acabó el arroz!
No sé a vosotros, a mí me parece purita mordacidaz kafkiana.