OTRA DE PERROS (PERDÓN: PERROS Y PERRAS)

¿A que habéis en alguna ocasión oído como los perros vecinos se quedan colgados ladrando en la noche?
¿A que no sabéis por qué, almas de cántaro?
Un perro, de repente y sin que nadie sepa por qué dice en medio de la noche:
-Guau, guau, guau.
Y a la de poco, otro contesta desde ve a saber dónde:
-Guau, guau, guau.
Entonces el primero repite:
-Guau, guau, guau,
Y el otro:
-Guau, guau, guau.
Y así un montón de tiempo sin variación alguna ni de melodía ni compás ni tonalidad ni motivo argumental. Sin embargo, parece que puede haber variaciones, a veces a lo largo de varias noches y muy raramente en la misma noche.
Os pondré un ejemplo más cercano, con mis perras, que son más de confianza: inopinadamente el perro del vecino va y dice (siempre cuando estás cogiendo el sueño):
Perro del Vecino: -Guau.
Mi perra Martes: -Guau.
PV. –Guau.
M. –Guau.
PV. – Guau.
M. –Guau.
Y así sucesivamente…
O bien:
PV. –Guau, guau, guau.
M. – Guau, guau, guau.
Y mientras tú te vas desvelando ellos se van quedando colgados de la frase, siempre la misma.
¿Y de qué coño hablan? os preguntaréis lo que habéis llegado hasta aquí. Pues mira, os lo voy a decir, que para eso llevo años estudiando lenguaje, semiología, semiótica y semántica canina, con el corazón en la mano os lo digo, que menudas ojeras me ha dejado esta ardua investigación. Bueno, al avío, y traduzco:
PV. –Guau, guau, guau (soy Chusqui, soy Chusqui, soy Chusqui).
M. – Guau, guau, guau (soy Chusqui, soy Chusqui, soy Chusqui).
Lo mismo: así tres horas. ¿Y por qué Martes dice “soy Chusqui”? Pues ni idea, pero a lo mejor es que hablan en plazos largos, porque al día siguiente o dos días después comienza Martes:
M. –Guau, guau (soy Martes, soy Martes).
PV. –Guau, guau (soy Martes, soy Martes).
Así que supongo que al cabo de un mes ya saben cómo se llaman las dos, y a la de varios meses, dónde viven, qué comen, qué tal es el señorito y demás intereses caninos.
Además, hay variaciones, por intrusión de terceros; ahora, por ejemplo tenemos dos perras, Martes, la vieja, y la joven Flaca que hasta ahora mantenía la boca cerrada, pero este año ya interviene. Muy suelta ella ahora que ya hay confianza con el perro del vecino:
PV. –Guauguau, guauguau?
M. –Guauguau, guauguauguau.
F. –Guauguauu.
Etc.
Como veis, esto ya es más complicado, pero al final he podido traducirlo para vosotros y para la ciencia en general. Así:
PV. –Guauguau, guauguau? (¿de dónde vienes, de dónde vienes?).
M. –Guauguau, guauguauguau (manzanas traigo, manzanas traigo)
F. – Guauguauu (traemos).
PV. –Guauguau, guauguau? (¿de dónde vienes, de dónde vienes?).
M. –Guauguau, guauguauguau (manzanas traigo, manzanas traigo)
F. – Guauguauu (traemos).
Y así siguen durante largo rato sin poder llegar a ninguna parte: colgadas.
Antes no sabía qué hacer, excepto cabrearme y perder el sueño, claro, pero ahora mis largas horas de estudio ha dado su fruto, así que nada más fácil: Me asomo a la ventana, y digo (no demasiado alto para que no me oiga el perro del vecino):
-¡Chuchas, a la cama!
Entonces oigo como dos suspiros aliviados mientras las dos se meten en su casita.
A la de nada, están fritas.

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