MUJERES

 

Voy a llevarme la contraria, pasar por encima de mi experiencia y carácter y me voy a permitir ser moderadamente optimista de la misma forma en que Aviva Dolars pretendía ser moderadamente multimillonario, y no por casualidad, no. Mirad: vas al hospital y todos son médicas, enfermeras, auxiliares; a la facultad de derecho y todo son chicas; a matemáticas, y lo mismo. La universidad es femenina; los juzgados son femeninos; la medicina es femenina: las chicas estudian, luchan denodadamente por su sitio; mi hija es historiadora del arte…
Sí, claro, los rectores son señores, los jefes son señores, los generales son señores, los dueños “de todo esto” son señores, pero sólo se defienden como gato panza arriba. El poder es masculino, pero las profesionales son mujeres, y quieren más.
Seguramente de ahí esta especie de auge de la violencia masculina, el cabreo masculino, los insultos y bromas amargas masculinas, este “quita de ahí: donde esté un hombre…”
A mí, que soy mayor y a mis amigos (los que escojo y me escogen) nos da la risa esta muerte anunciada, este colear del dragón moribundo, este fuego, esta ira. Y nos la da porque sabemos que en la igualdad está la libertad y sabemos que para que haya igualdad tiene que haber ventaja para ellas. Luego, ya se verá.
Siempre me he sentido más cómodo hablando con mujeres que con hombres pero hasta hace unos veinte o veinticinco años no sabía por qué. Ahora sí, claro: si las mujeres acceden a cualquier poder, ni yo ( ni los demás hombres inteligentes) tendremos que hacer al capullo y podremos vivir, más o menos como yo (y esos amigos de los que hablo) vivimos ahora: Bien. Paz para todo el mundo, si es que existe la paz.
Bueno, pues ya está, ya me he subido un rato al tren del optimismo, porque si ha de haber optimismo está en ellas: nosotros ya hemos roto bastante.
 
No tiene que ver (o sí) pero para cerrar estos pensamientos míos de esta noche os diré que hay una pianista (también las artes, las letras, la música las conquistan ellas con grandes esfuerzos y entusiasmo) que me encanta: la japonesa Hiromi Uehara (1979), compositora, música de jazz y otros estilos, como la clásica o el rock, un portento de mujer, de gran inteligencia y capacidad musical, una pianista de enorme claridad y limpieza que, desde los catorce años (intérprete con la Filarmónica checa) hasta hoy, ya admirada y aplaudida en todo el mundo ha seguido una carrera ascendente y genial.
Leo estos días la mierda que esos hombres perdiendo pie intentan echar sobre Greta Thunberg​ a quien que tan bien defiende mi amigo Octavio Colis: diecisiete años y la llaman niña cuando a Mozart con muchos menos le dicen genio. Ni caso: que ladren, que pateen, que escupan, rujan, insulten que hagan lo que les salga de esta inteligencia genital de que presumen. Ellas están aquí.
Y no piensan irse.
 

JUANA INÉS DE LA CRUZ: POEMAS DE AMOR

He comprado hace unos días un ejemplar de “Un amar ardiente”, de Sor Juana Inés de la Cruz, del cual no obtengo sino placer constante, de manera que hablaré sucintamente de él aún con la certeza de que a pocos puede importar lo que se diga de un libro de poemas.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, inteligencia precoz y gran curiosidad intelectual elegió profesar religión por librarse de marido y amo y por amor a las letras, y lo hizo en la orden de san Jerónimo. Como no tengo intención de hablar de su vida ni de su obra remito al lector curioso a cualquier enciclopedia o al mismo google que, salvo las inexactitudes habituales dará noticia de ambas.
Esta colección de poemas que en la primera edición de Francisco De las Heras aparecen salteados aquí y allá con el fin de no escandalizar al lector no pudiendo leerse sino intercalados con otros poemas de muy distinta índole, sin embargo, De las Heras advierte:
 
“O el agradecimiento de favorecida y celebrada, o el conocimiento que tenía de las relevantes prendas que a la señora virreina dio el cielo (…) causó e la poetisa un amar a su excelencia con ardor tan puro, como en el contexto del libro ira viendo el lector.”
 
Debiendo entender quizá como “puro” en un mundo de amor casto, pero lo cierto es que Juana Inés se enamoró de Maria Luisa, condesa de Paredes y virreina consorte de México, y su amor fue -casto o no- correspondido.
 
Y es que, como consignó su primer biógrafo, el padre Calleja, sor Juana Inés era guapa, y así le pareció extraño que tomara ella los hábitos por “lo singular de su erudición junto con su no pequeña hermosura”.
 
No me extenderé sino para decir que en estos cincuenta poemas hay de todo, desde los primeros intentos de seducción hasta la separación sucedida por ser llamados los virreyes a Madrid con los interregnos de amor declarado, enfados por los celos (la virreina era autoritaria y celosa) y amorosas reconciliaciones como sucede en cualquier relación amorosa.
 
Los (o las, que será lo más probable) que os decidáis a adquirir este libro veréis cómo a veces Juana Inés disfraza el nombre de la condesa con heterónimos, alias o apodos a la moda como Lisys, Filis, Lísida, etc, e incluso con nombres masculinos como Fabio, adjetivos como señor mío, etc.
 
Sus versos están escritos en su mayoría en un lenguaje claro, aunque hay alguno de un culteranismo bellísimo (49), por ejemplo, estos que cierran el poema (11 de esta edición):
 
“Y a vos, beso el zapato
la más inmediata suela;
que con ese punto en boca
sólo, callaré contenta.”
 
del principio de la relación lo mismo que estos, maravillosos, del poema 7:
 
“…y no yo, pobre de mí,
que ha tanto que no te veo,
que tengo, de tu carencia,
cuaresmados los deseos,
la voluntad traspasada,
ayuno elentendimiento,
mano sobre mano el gusto
y los ojos sin objeto.”
 
O estos, defendiéndose de los celos:
 
“Reina de las flores eres,
pues el verano mendiga
los claveles de tus labios,
las rosas de tus mejillas…”
 
“Baste ya de rigores,
hermoso dueño, baste;
que tan indigno blanco
a tus sagrados tiros es desaire.”
 
O éste (50) en la distancia, ya ida la virreina a Madrid:
 
“Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más causa justa negros…”
 
Pero he querido recoger entero el que más me impresiona de todos siendo todos los que me impresionan, el soneto (39) que, como dice el epiǵrafe de De las Heras, “En que satisface un recelo con la retórica del llanto”:
 
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía
que el corazón me vieses deseaba;
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste;
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.”
 
 
Y si alguien ha llegado hasta aquí ha de ser porque le interesa la siguiente noticia:
 
“Un amar ardiente”. Poemas a la virreina
Sor Juana Inés de la Cruz
“Un amar ardiente”. Poemas a la virreina
Compilación de Sergio Téllez-Pon
Flores Raras. Madrid, 2017.
 
En el retrato, Juana Inés a los quince años.