MADRES Y CUENTOS PARA NIÑOS

MADRES Y CUENTOS PARA NIÑOS

No era mi madre muy dada a contarnos cuentos, es cierto, pero yo -que llegué el primero- sí que recuerdo uno, mejor dicho, acabo de recordarlo mientras escuchaba el podcast de Música y significado, programa en Radio clásica debido a Luis Ángel de Benito, porque la verdad es que éste era un recuerdo enterrado en el fondo de mi (precaria) memoria. Ha salido así, como salen estos recuerdos enterrados, lenta, tímidamente hasta que de repente estaba claro como un amanecer soleado de invierno.

No sé si conocéis el argumento de Turandot, que es en sí un cuento y, como en casi todos los cuentos infantiles, la crueldad tiene una gran importancia, ¿el porqué? Seguro que alguien habrá publicado montones de páginas sobre esto, así que quien se interese que lo busque. Bueno, la princesa Turandot, allá en China ha impuesto a su padre, el emperador, una condición de obligado cumplimiento: A cualquier príncipe pretendiente que desee casar con ella se le harán tres preguntas; si no contesta a las tres, el verdugo Pu-tin-Pao le cortará la cabeza, de hecho, cuando está por cortársela a un príncipe de Persia, Calaf (que es el protagonista masculino, es decir, un príncipe), se encuentra entre el público, y entre ese mismo público está su padre, ciego, al que ayuda la esclava Liu, pues él perdió el reino en una guerra y mendiga, es decir, mendiga por él Liu, le guía y acompaña porque (dice ella al preguntarle Calaf) un día en Palacio, usted me sonrió, y es que ella le ama.

El caso es que a pesar de las súplicas del pueblo al persa le cortan la cabeza por orden directa de Turandot, que aparece un momento, ordena y desaparece, y tan sólo por esa visión de la princesa, de su singular belleza, Calaf se enamora perdidamente de ella (O divina bellezza! O meraviglia!) y solicita las preguntas como pretendiente. Liu le dice que desista, los tres ministros del emperador, le piden que desista, todos quieren que desista, pero él está ciego de amor y reclama las preguntas (lo curioso en este momento es que mi madre se las sabía de memoria y me las dijo)

Turandot: En la oscura noche vuela un fantasma iridiscente. Se eleva y despliega las alas sobre la negra e infinita humanidad. Todo el mundo lo invoca y todo el mundo lo implora, pero el fantasma desaparece con la aurora para renacer en el corazón.           

Calaf (pensativo): La esperanza.

Ha acertado la primera pregunta.

Turandot: Surge como una llama, y no es llama. Es a veces delirio. Es fiebre de ímpetu y ardor. La inercia lo torna en languidez. Si se pierde o mueres, se enfría. Si anhelas la conquista, se inflama. Tiene una voz, que escuchas palpitante, y del ocaso, el vivo resplandor.

Calaf (seguro): La sangre.

Ha acertado la segunda pregunta.

Turandot (nerviosa y descompuesta): Hielo que te inflama y con tu fuego aún más se hiela. Cándida y oscura. Si libre te quiere, te hace más esclavo. Si por esclavo te acepta, te hace rey”

Calaf (dubitativo, pero mira a los ojos de Turandot; queda así, mirando, absorbiendo la belleza de esos ojos mientras ella sonríe, ríe saboreando el cruel destino del pretendiente. Él no duda más): ¡Turandot!

¡Ha acertado! el pueblo se alegra por el vencedor; la princesa se niega y pide a su padre que no se cumpla la orden, que no la entregue a él, pero el emperador le dice que eso es imposible. Ella se niega. Entonces Calaf le propone otro acertijo: si ella averigua su nombre (que no se ha dicho, pues le llaman el ignoto), el la liberará de la promesa y se irá (Dimmi il mio nome e all’alba morirò). Morirá de amor, naturalmente.

Turandot es una princesa cruel (y tiene sus razones: buscadlas si os interesa) y decreta la muerte para todo aquel que, sabiendo el nombre del extranjero, no lo confesase, de manera que, encontrando a Liu los guardias intentan que confiese por orden de la princesa. Si no, morirá. Ella, aún torturada, no confiesa; Turandot se pregunta el porqué de tanta fortaleza; ella le confiesa su amor sin confesarlo del todo; Liu responde: Principessa, l’amore!, acto seguido se apodera de la espada de un guardia y se da la muerte. Calaf le recrimina tanta crueldad (Principessa di morte, Principessa di gelo!), discuten, conversan y, al final, él la besa y, acto seguido él mismo le confiesa su nombre (Io son Kalaf, figlio di Timur), con lo cual pone su vida en sus manos, pero ella, en vez de condenarle, cae rendida de amor.

¿Bonito, verdad?

El caso es que nunca le dije nada a mi madre después de haber visto la ópera, no una ya, sino varias veces (en realidad, a mi madre le gustaba mucho más Donizzeti, sobre todo su Lucia di Lammermoor, más romántica, pero yo siempre preferí Turandot, tan moderna y con ese cuento tan bonito), hasta muchos años después, un día en que fui a verle para decirle que iba a tener una nueva nieta, mi hija y que, dado que yo había desechado el apellido de mi padre y cambiado por el suyo, ella y mi hija llevarían el mismo apellido. Entonces, le recordé el cuento de la princesa Turandot y las tres preguntas, y le pregunté por qué me contaba una ópera como si fuese un cuento, cuando era un cuento que era una ópera.

Mi madre, a veces sonreía de una manera extraña, como para sí misma. así que sólo me dijo con su sonrisa:

Hijo, a veces pareces tonto.

Y nada más: cambió de tema.

Poco después murió: nunca conoció a mi hija.

Por eso a veces pienso que los cuentos infantiles son tan crueles porque simplemente reflejan episodios de nuestra propia vida.

…El tema que aparece en Dimmi il mio nome e all’alba morirò cobra toda su fuerza en el famosísimo Nessun dorma (nadie duerma) cuyo enlace dejo aquí, interpretado en directo por Plácido Domingo (y subtitulada en castellano); iba a dejar la interpretación de Franco Corelli, para mí, la mejor de todas la que he escuchado, pero no se oye muy bien. Por supuesto, la de Pavarotti la he desechado sin duda: No soporto esa voz.

Y ya, puestos, dejo también el enlace de Música y significado, del cual soy devoto oyente: http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-y-significado/

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