INFIERNOS

 

Creo que el primero fue Gilgamesh o Bilgamés, un sumerio que solía llevar un león apresado con un brazo (la presa del león, para los que sepan combatir), que era (ya entonces) hijo de cura, Lillah, se llamaba, y de Ninsun, que además de señora era una diosa. Gilgamesh era  -como todos los reyes sin tener en cuenta su carácter- un cabrón, cruel, déspota y codicioso, pero no sólo de riquezas: también de mujeres recién casadas (que no desposadas), a las que aplicaba sin contemplaciones el ius primae noctis. En fin, el infierno de Gilgamesh estaba en el fondo del mar (como Il bar sotto il mare, de Stefano Benni: lo siento, me molan las digresiones) adonde fue en busca la Planta de la Juventud por consejo de Utnapishtin, un vejete que resultó ser el único hombre que sobrevivió al Diluvio (no el de la Biblia que sólo es una copia, sino el genuino: Cómo sobrevivió la Humanidad a partir de un solo hombre sigue siendo un misterio, que ni el de la Trinidad). Más digresiones. Y otra: El héroe, en un exceso de pulcritud, una vez la planta en su poder (y viniendo del mar) le dio por darse un baño, dejó la planta a su lado, pasó por allí una serpiente y se la robó: por eso las serpientes  crecen pero no cambian de forma, sino de piel. ¿Otra digresión? Bueno: Que dice Giovanni Pettinato que Gilgamesh llegó a Uruk y se suicidó ritualmente mediante enterramiento en vida  llevándose con él a ochenta miembros de la corte (esta vez la digresión la podéis hacer vosotras mismas, jeje).

Perséfone también viajó a los infiernos, pero reclamada por Hades y más bien, como turista estacional pues sale y vuelve cada seis meses (paso de Perséfone: me aburre).

Bueno, lo de Orfeo es la repera. Anda que la pelmada que dio al pobre Hades que tan tranquilo estaba pues Perséfone estaba arriba, de vacaciones. Pelmada de órdago. Y cantando en el infierno (¿de qué me suena eso?)… Total para conseguir llevarse a Eurídice con la que acababa de casarse sin tocar pelo; Eurídice era algo lela, así que aún sabiendo que no podría mirar atrás (que es lo que deberíamos hacer todos en vez de añorar un pasado embellecido y falso), fue y miró. Y en el infierno se quedó. Por eso, por lela. Orfeo salió a superficie e inventó las baladas de amor inconstante. Y hasta hoy.

Odiseo (Ulises) también bajó, pero porque era un cotilla, a charlar con Tiresias y gozarse de los muertos dado que él seguía vivo. Volvió con un montón de chismorreos que a él no le sirvieron para nada pero que Homero utilizó para escribir el canto XI de la Odisea.

Y -¿cómo no?- Heracles también hizo su excursión al infierno, pero (es natural) para hacer el bestia: Bajó, se cargó a Cerbero (un tipo asqueroso de tres cabezas) y volvió tan ricamente a romper más cosas hasta que se enamoró de Deyanira y la cagó pero bien.

Teseo y Piritoo también se dieron una vuelta, en plan ligue por Helena y Perséfone (ay, ay) y también la cagaron, bueno, Piritoo más que el otro al que terminó salvando el de arriba, Heracles, que lo mismo valiá para un roto que para un descosido.

Ahí tenéis a  Dante que también se hizo un tripi, lo que pasa que acompañado por Virgilio (el muy pedante) como guía, y también en plan cotilla, más que todo cómo les fue a sus enemigos (mal, claro). Cuando llegó al cielo (Dante no se cortaba un pelo) le acompañaba Beatriz, puesto que como pagano, Virgilio, por más que escribiera un latín estupendo, de cielo, nada: El dios de los cristianos tiene sus cosillas.

Y hablando de cristianos, su jefe, Cristo, también estuvo en los infiernos, pero sólo tres días y sin pena ni gloria pues volvió y en eso estamos. Aunque ahora que lo pienso, ¿cómo iba a estar Cristo que era dios en triunvirato irreversible en el infierno? Ni en el Purgatorio. Y el Limbo lo declararon inexistente hace poco. Vale: lo dejo, que me da la risa y esto va en serio.

Muchos más han estado en los infiernos: Don Quijote, ¿qué pasa? La entrada del infierno en las españas está -lo sabe todo el mundo pero en fin…- en Montesinos, en la cueva de Montesinos cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubre, claro, y allá estuvo el sin par caballero manchego a pesar de los ruegos de Sancho que sensatamente le avisaba: —Mire vuestra merced, señor mío, lo que hace: no se quiera sepultar en vida, ni se ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algún pozo. Sí, que a vuestra merced no le toca ni atañe ser el escudriñador desta que debe de ser peor que mazmorra.

Don quijote, al contrario que sus antecesores, en vez de ir a buscar hembra, se encomienda a ella: —¡Oh señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto le he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el abismo que aquí se me representa, solo porque conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe.

Sancho, que era bien sensato pero no escatimaba admiración por su caballero, al ver que no había más remedio, le animó con hidalguía manchega: —¡Dios te guíe y la Peña de Francia, junto con la Trinidad de Gaeta, flor, nata y espuma de los caballeros andantes! ¡Allá vas, valentón del mundo, corazón de acero, brazos de bronce! ¡Dios te guíe, otra vez, y te vuelva libre, sano y sin cautela a la luz desta vida que dejas por enterrarte en esta escuridad que buscas! Y después de soltar las cien brazas de cabo (soga, dice el libro) y cobrarlo, sin peso hasta las ochenta brazas, emergió a un Don Quijote atónito y mudo hasta que al fin abriendo su digna boca dijo: —Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo. ¡Oh desdichado Montesinos! ¡Oh malferido Durandarte! ¡Oh sin ventura Belerma! ¡Oh lloroso Guadiana, y vosotras sin dicha hijas de Ruidera, que mostráis en vuestras aguas las que lloraron vuestros hermosos ojos.

Y continuó: —¿Infierno le llamáis? —dijo don Quijote—. Pues no le llaméis ansí, porque no lo merece, como luego veréis.

Pero si queréis saber qué vio Don Quijote en el infierno, tendréis que leer, al menos el siguiente capítulo, pillastres, que todos lo nombráis y de leerlo, nada (y pillastras, perdón).

…Como digo muchos más bajaron a los infiernos, unos por esto y otros por aquello. Yo mismo he estado allí, y no quiero contaros (al menos hoy) las cosas que allí vi ni las gentes con las que hablé ni las cosas que aprendí (una sí os apuntaré: ¿no me veis más joven a pesar de los años que tengo?) ni el alivio que tuve al salir y verme vivo y entero, pero sí os diré, queridas mías, que no consta el que a una sola mujer le haya dado por viajar a los infiernos: Está claro que ellas tienen más sentido y no andan por ahí haciendo el capullo ni inventando historias tontas para llegar tarde a casa.

¡Coño, lo olvidaba: aún me queda un viajero más! y eso que es el más reciente, y también (me parece) el más bajito.

Los demás, por las causas que sean, se dan el paseo para buscar mujeres, lograr recompensas, tener visiones del pasado o del futuro, matar o robar o ambas cosas, pero nunca, nunca a tirar la basura, como un marido vulgar de clase media tirando a nada.

De todos los personajes que han bajado a los infiernos y han vuelto para contarlo el más, el más moña, tristón y soso es Frodo Bolsón: joder, qué sufrimiento de tipo, si parece que nació ya mayor (que no alto), y que se fue a los infiernos a tirar un anillo de nada, una bagatela, un ápice, y todo el camino la pasa gimiendo y suspirando porque si pesa mucho, que vaya carga, que no sé si podré, que si esto que si lo otro: Una murga ¿no? Y con esa cara de amargado o de estreñido…

En fin, siento tener que acabar el cuento así; tenía que haberlo nombrado al principio y acabar con don Quijote, de manera que a estas alturas ya habríais olvidado a este tipo tan lamentable.

Hala, sed buenas.

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